EL FUTURO LLEGÓ HACE RATO (I)
Por Igal Kejsefman
La globalización ha muerto

Si bien no es posible anticipar plenamente cómo será el mundo después del Covid-19, sí es relevante recapitular las tendencias de la economía mundial que operaban hasta ahora y cristaliza la pandemia. Primera parte de un artículo que afirma que el neoliberalismo no está viviendo su ocaso… porque ya descanza en paz al menos desde 2008, cuando se inició una nueva etapa del capitalismo global.

En una famosa frase, un poco críptica, Marx dice que “la anatomía del hombre es la clave de comprensión de la anatomía del mono”. Con esta metáfora sintetiza su posición en varios debates epistemológicos y nos señala, además, que el presente nos da las claves de comprensión de las tendencias que durante un largo tiempo se desenvolvieron a nuestro alrededor sin que lo percibamos. En el presente artículo, partiendo de una clave de comprensión de las etapas previas de la economía mundial, buscaremos reflexionar sobre las tendencias que hoy, en el contexto de la pandemia, emergen a la superficie y plantean nuevos desafíos al movimiento popular.

Etapas de la economía mundial, una clave de lectura

Como es sabido, la economía capitalista no permanece idéntica a lo largo del tiempo sino que, permaneciendo algunos rasgos esenciales que le dan unidad histórica, podemos establecer diferentes etapas que, a su vez, se componen por fases de ascenso, estabilización, crisis y transformación. En la dialéctica entre cambio y continuidad se asientan los debates académicos y políticos sobre las características destacadas de cada época o, como se pregunta Robinson en Latin America and global capitalism, “¿en qué punto y bajo qué circunstancias las estructuras sufren modificaciones cualitativas y emerge una estructura completamente nueva?”.

Aquí, para periodizar la economía mundial, entendemos que una etapa expresa una unidad en el modo de acumular capital durante la cual se articulan coherentemente las siguientes dimensiones: norma de producción, división social del trabajo, relación salarial, norma de consumo, internacionalización del capital (norma de producción a nivel internacional) y la articulación centro-países dependientes. En base a estos conceptos proponemos delimitar una etapa de la economía mundial por modos específicos de articular los distintos niveles de la organización de la producción, desde la empresa individual hasta la división internacional del trabajo. Esto implica contemplar también las jerarquías nacionales y el modo en que el centro articula al conjunto de los países dependientes. En este análisis abordamos la dimensión estrictamente económica de la configuración del sistema mundial, por lo que definimos al centro como el espacio de valor más productivo (haciendo abstracción de las relaciones de poder). La falta de coherencia entre estas dimensiones señala las tendencias a la crisis que, en su agudización, conducen a una transformación y reestructuración delimitando una nueva etapa del sistema capitalista.

Antes de poner en debate las características salientes de la etapa contemporánea expongamos muy sintéticamente el modo en que estas dimensiones se articularon en el pasado.

La crisis de 1929 signó el fin de una etapa de la economía mundial y expuso el anacronismo de la norma de producción previa y su organización social en el plano internacional estructurada en torno a Inglaterra. La línea de montaje -implementada inicialmente por Ford en su fábrica de automóviles- fue el corazón de la transformación productiva que permitió la superación de aquella crisis, y por eso signó una etapa histórica que suele denominarse fordismo. Veamos cómo se articularon las dimensiones que presentamos previamente durante la misma.

En primer lugar señalemos que se produjo un salto cualitativo en la norma de producción en base al fraccionamiento del trabajo en operaciones más simples y la eliminación de tiempos muertos, gracias a una línea de montaje de tiempos y operaciones fijas que conectaba las tareas de los/as obreros/as coadyuvando un incremento de la productividad. Así se multiplicaron los productos seriados e indiferenciados. La norma de producción fordista se articuló con una relación salarial de regulación extraeconómica, en la cual se establecía un “salario social” negociado colectivamente por sindicatos, dando lugar a un salario inflexible a la baja (favoreciendo el bienestar obrero), al tiempo que garantizaba la demanda de aquella producción en masa.

En segundo lugar, consideremos la articulación entre la norma de producción y la relación salarial fordista con la norma de consumo, en la que también se produjo una transformación fundamental. La creciente intensidad laboral requirió separar la fábrica del hogar -es decir, disociar el gasto de energía de la recuperación y reproducción de la fuerza de trabajo-, lo cual requería la elevación de los salarios. Así la casa y el automóvil se transformaron en los consumos insignia de aquella etapa: un espacio diferenciado para el ocio y la movilidad hasta el puesto de trabajo, respectivamente. El consumo masivo de productos seriados e indiferenciados articula la norma de producción fordista.

¿Cómo se extendieron estas relaciones de producción al ámbito internacional? En la medida en que Estados Unidos se convirtió en el nuevo centro, su alta capacidad de autoabastecimiento desarmó la forma de articulación centro-países dependientes encabezada por Inglaterra, forzando al conjunto de los países a trastocar el eje gravitacional de la acumulación de capital, orientándola hacia el mercado interno. Pero en la medida en que la productividad crecía rebasando la capacidad de la demanda nacional de absorber la producción, el capital de los países más productivos (suprapromediales) debía sortear las barreras proteccionistas para colocar las mercancías en el exterior. Esto dio pie a una nueva etapa de internacionalización del capital, instalando la fábrica in situ en los diferentes espacios nacionales, dando lugar a una industrialización periférica y conformando un sistema internacional inter-estatal fundado en cambios fijos (patrón oro). Ilustremos con un ejemplo: Ford, un capital estadounidense, invertía internacionalmente montando una fábrica en Argentina cuya producción estaba destinada al mercado local (no exportaba), y luego remitía la ganancia a la casa matriz (completando el ciclo del capital, ampliándolo).

Desde mediados de los ‘60 la etapa fordista entró en una fase de decadencia. Lo que en un principio pareció una fortaleza que permitiría en toda circunstancia eludir las crisis comenzó a tornarse en una de sus causantes. Las rigideces en el tiempo de producción, en los determinantes del salario, en el mercado de trabajo, en la seguridad social y en el intercambio internacional (patrón oro) motivaron una evolución más rápida del salario real que de la productividad, coadyuvando una compresión de la ganancia. La crisis mundial de los ‘70 finalmente manifestó el agotamiento de la etapa fordista.

Para relanzar la acumulación de capital tras la crisis, dos fundamentos debieron alterarse: la línea de montaje de tiempo fijo y la calificación obrera mínima requerida para manipular la máquina. Veamos ahora cómo se articularon las dimensiones de nuestro análisis dando lugar a una nueva etapa de la economía mundial: el patrón de acumulación flexible -según Harvey-, que también podemos denominar postfordista -como lo hizo Coriat-, o neoliberal.

Abordemos, en primer lugar, el nuevo salto cualitativo que se produjo en la norma de producción. El nuevo modo de organizar la producción, conocido como just in time, corrió el eje de la realización de mercancías en base a altos salarios (fordismo) y se centró en la reducción de los costos en base a la deslocalización productiva y la subcontratación. Al interior de la fábrica, en esta etapa, una misma máquina realizaba tareas diversas para productos diferentes gracias a los procesos de automatización y estandarización. Esta transformación productiva intervino adicionalmente en la calificación obrera mínima requerida, dado que los/as trabajadores/as ya no debían saber realizar la pieza sino manejar la máquina que realizaba las piezas. La incorporación de la informática tanto en el taller como en la administración favoreció el control de stocks, la asignación de tareas y la evaluación de la productividad a escalas desconocidas hasta el momento. La norma de producción flexible se articuló con una relación salarial de regulación competitiva, en la cual se relajaron los derechos laborales y el salario se estableció en el mercado (a la baja).

Veamos ahora la articulación entre estas dimensiones con la norma de consumo durante el neoliberalismo, la cual sufrió transformaciones en al menos tres aspectos: a) los bajos salarios motivaron un reemplazo de los bienes durables de ciclos de vida largos (el automóvil) por otros de ciclos de vida cortos, con mayores grados de diferenciación y de renovación permanente (televisor, videocasetera, etc.); b) la incorporación de la educación, salud, seguro de desempleo y jubilaciones a la canasta de consumo individual; c) un creciente consumo de productos finales importados.

El crecimiento del salario a una velocidad mayor que la productividad comenzó a atentar contra la competitividad estadounidense. En 1971 Estados Unidos rompió la paridad con el oro; la nueva flexibilidad permitió trasladar al plano internacional la subcontratación mediante la producción deslocalizada (offshoring). Las empresas multinacionales -favorecidas por la renovada flexibilidad- mutaron a empresas transnacionales y comenzaron a desplazar la producción hacia nuevas regiones con débiles o inexistentes derechos laborales -como en el caso del Sudeste asiático- para desde allí exportar.

La apertura de China al mundo capitalista formó parte de este proceso de reestructuración productiva neoliberal a nivel mundial. En este contexto China experimentó una acelerada industrialización impulsada por la apertura al capitalismo y su funcionamiento internacionalizado (y no en base al proteccionismo), extendiendo la acumulación flexible. De todos modos resulta relevante señalar que China no destruyó sus instituciones comunistas ni los sindicatos, sino que estos constituyeron una pieza clave para guiar el proceso gradual de apertura, hecho que contradijo las prescripciones del Consenso de Washington. En 1995 se instaló en China la cadena de supermercados Walmart aplicando los principios del just in time de modo transnacionalizado y creando un modelo de negocios cuya organización de la producción y de las relaciones laborales señaló una marca de época análoga a la de Ford, como remarcó Robinson.

Sin que se produjese un cambio de eje gravitacional del sistema mundial, las políticas de liberalización comercial y deslocalización productiva configuraron una nueva relación entre el centro y los países dependientes. Durante esta etapa, Estados Unidos permaneció en la cúspide de la jerarquía mundial dirigiendo el proceso de acumulación de capital, aunque asumió un renovado rol articulador respecto del que protagonizó en la etapa anterior. El neoliberalismo reinstauró la acumulación de capital hacia afuera, pero bajo una manera novedosa -de allí el prefijo “neo”-: la exportación de manufacturas desde países dependientes. Los casos de China, India, Bangladesh, Corea, y Brasil permiten ejemplificar con facilidad.

¿En camino hacia una nueva etapa?

El neoliberalismo cumplió su cometido logrando transformar la forma en la que el capital se acumulaba y reproducía en la economía mundial. Luego de que se anunciara su predominio indefinido (el “Fin de la Historia” de Fukuyama), el neoliberalismo desencadenó una serie de procesos que terminaron en crisis en diversos países periféricos: crisis del Tequila en 1995, en el Sudeste asiático en 1997, en Brasil en 1999. Durante los años ´90 Estados Unidos enfrentó crecientes dificultades para conducir la dinámica del capitalismo mundial, mientras las crisis iban transformando -una vez más- las relaciones sociales de producción. En el año 2000 se desplomó el NASDAQ (índice bursátil de las 100 empresas tecnológicas más importantes de Estados Unidos) -crisis .com- y en el año 2001 la economía estadounidense entró en recesión, profundizando en Argentina la crisis del neoliberalismo.

¿De qué modo se articulan en la actualidad las dimensiones expuestas dando lugar a la dinámica contemporánea de la economía mundial con sus continuidades y novedades? A partir del recorrido que realizamos podemos vislumbrar que la crisis del neoliberalismo albergó una crisis de los fundamentos de la organización de la producción y que la salida a dicha crisis requiere su transformación, junto con todas sus dimensiones concatenadas.

Para dar cuenta de dicha metamorfosis debemos traer a escena otro proceso que estaba transcurriendo simultáneamente: el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio en 2001. La centralidad de su incorporación plena a los intercambios internacionales radica en dos aspectos. Por un lado, viabilizó una nueva extensión de la subcontratación y la deslocalización. Por el otro, colocó inmediatamente en el mercado mundial una masa de mercancías producidas a una productividad suprapromedial (a las condiciones de producción en China se agregan además sus bajos salarios relativos). Esta presión competitiva motivó en el conjunto de los capitales en todo el mundo una nueva búsqueda por intensificar el trabajo, eliminar tiempos muertos y automatizar procesos.

Esta búsqueda tuvo un primer hito fundacional cuando en el año 2007 Apple lanzó el iPhone. Producido íntegramente en China, el primer teléfono inteligente (smartphone) emulaba las tareas de una computadora de escritorio, incluyendo la conexión a internet. En 2008 la crisis subprime en Estados Unidos rápidamente cobró el alcance de una crisis internacional, dando impulso definitivo a una nueva transformación productiva que, al menos hasta el momento, parecería estar sintetizada en la organización del trabajo mediante plataformas.

Las plataformas, como forma de organizar el trabajo, existían previamente de modo larvado ya durante el neoliberalismo, pero estaban reservadas a los grandes capitales. Hoy, trece años después del lanzamiento del soporte físico (el smartphone), no cabe duda que estas plataformas ocupan el lugar que otrora ocupó la línea de montaje fordista que conectaba los puestos de trabajo, que permitió la extensión de la automatización hasta límites insospechados (gracias al big data, machine learning, inteligencia artificial y otras técnicas) y que expropió a la fuerza de trabajo la capacidad de regulación del tiempo de trabajo (y de ocio) convirtiéndonos aún más en apéndice de la máquina. No era éste un resultado teleológicamente impuesto. En el análisis nos valemos de las características destacadas del presente para buscar en el pasado las tendencias que durante un tiempo largo se desarrollaron sin que lo percibamos.

¿Estamos asistiendo entonces a la estabilización de una nueva etapa capitalista? ¿Qué profundidad tienen estas transformaciones productivas? Si encontramos en el smartphone el soporte físico de una nueva norma de producción, ¿cómo se articula con una nueva relación salarial y una nueva norma de consumo? Enfocados en la dimensión estrictamente económica de la configuración del sistema mundial, ¿encontramos fundamentos para sostener que China articula crecientemente la economía mundial? ¿Cómo lo hace? ¿Qué lugar ocupan los países dependientes en esta nueva configuración? Si asistimos al despliegue de una nueva etapa de la economía mundial, ¿cómo podríamos denominarla?

Seguí leyendo la parte II de este artículo.