¿A dónde vamos con el virus global?
Por Lucas Villasenin
La globalización ha muerto

Con la crisis abierta por el Covid-19 asistimos al velatorio de la globalización neoliberal. Las tensiones aceleran los tiempos y se abre la posibilidad de un reordenamiento histórico de la correlación de fuerzas en el mundo. ¿Se viene una globalización china?

Crisis: una palabra que ya conocemos

La pandemia del Covid-19 tiene consecuencias impredecibles. Ya nadie niega que el mundo va a ser el mismo de hace unos meses. Pero esta crisis no se da en el vacío.

El concepto de crisis expresa que un mecanismo ya no puede continuar reproduciéndose como lo venía haciendo. En algunos casos puede ser el final de ese mecanismo o el relanzamiento del proceso de reproducción bajo nuevas coordenadas.

Carlos Marx lejos de entender que el capitalismo culminaría por algún tipo de “crisis final” comprendió que las crisis del capital aceleraban sus tendencias históricas. Podrían conducir a su disolución en una nueva formación social o podrían conducir a un nuevo proceso de reproducción de las contradicciones del capital en mayores escalas. Siguiendo esta concepción de las crisis resulta fundamental comprender en qué contexto histórico estamos parados.

En 2008 los esquemas neoliberales predominantes desde la caída del muro de Berlín entraron en crisis. Como ya se dijo repetidamente, se trató del principal colapso de la economía mundial luego del crack del 1930. También es conocido que los apologistas del liberalismo económico se transformaron en grandes revolucionarios al servicio de la banca privada con las estatizaciones y salvatajes de grupos financieros responsables del desastre. Se dejó seguir conduciendo al conductor ebrio luego de dar positivo el control de alcoholemia.

No es una novedad que la crisis económica se llevó consigo a gobiernos en los países centrales. En los años posteriores surgieron fuerzas contestarias como Syriza en Grecia y Podemos en España o más tardíamente figuras como Corbyn en Reino Unido, Mélenchon en Francia o Sanders en Estados Unidos. En ningún caso sus éxitos llegaron a ser suficientes para revertir la correlación de fuerzas global. Quienes sí lograron revertir la correlación de fuerzas vigente en 2008 fueron las fuerzas reaccionarias.

En 2016 el triunfo de Trump en Estados Unidos y la aprobación del Brexit en un referendum lograron lo que las fuerzas progresistas no lograron. Los mismos países cuyos votantes daban comienzo a la revolución neoliberal de Reagan y Thatcher en los 80´ la clausuraban (también en las urnas). Fue por esos días cuando Álvaro García Linera anunció que la globalización con su proyecto político-ideológico había muerto.

¿Una gripe China o una gripe global? 

Una idea que circula hace tiempo y es hija de la globalización neoliberal es que el mundo se enfrenta a una serie de problemáticas que no tienen resolución bajo las fronteras de los estados nacionales. Pero también durante los últimos años se instaló en el sentido común que el conjunto de instituciones y acuerdos globales (ONU, OMC, OMS, FMI, BM, Acuerdo de París, Pacto mundial sobre migración, Tratado de no proliferación nuclear, etc.) no sirven para enfrentar los desafíos actuales en cada uno de los respectivos asuntos.

Luego del fracaso liberal para superar la crisis de 2008 y el cuestionamiento a la hegemonía estadounidense, Trump se posicionó como el principal opositor a estas instituciones y acuerdos para lograr restablecer el poder norteamericano en el mundo. Por eso rompió más de un acuerdo y sistemáticamente atacó a estas instituciones. La fuerza de su propuesta logró réplicas en personajes como Bolsonaro en Brasil y Johnson en Reino Unido, así también se logró apoyar en la ultra-derecha europea.

Que el odio es el motor ideológico de estas propuestas no es una novedad. La islamofobia, la xenofobia, el racismo y el machismo se transformaron en moneda corriente de sus discursos. Lo que sí es una novedad relativa en estos días es la sinofobia.

Luego de tres meses de expansión de la pandemia, justo cuando está siendo controlada en China y se está desplegando descontroladamente en Europa y Estados Unidos, Trump se encarga de seguir hablando de “virus chino”.

Al día de hoy solo en España e Italia ya hay más muertos por Coronavirus que en toda China. Así también en Washington las muertes quintuplican a las de Shanghái y Beijing (juntas). Es evidente que el impacto del virus es global y Trump hace referencia al “origen” del virus. Así también de evidente es que su sinofobia ha transformado a la guerra comercial con China (iniciada por su gobierno en marzo de 2018) en una batalla civilizatoria.

El relato trumpista tiene una pequeña cuota de racionalidad. Ante un virus global que ha generado una nueva crisis (o ha recrudecido la crisis preexistente) no hay una solución desde las instituciones globales. Se basa en un diagnostico relativamente realista. El problema fundamental es la solución que plantea: la sinofobia.

Pero la sinofobia que emerge con la expansión del Covid-19 no es exclusiva de nacionalistas reaccionarios. Es también patrimonio de los relatos liberales eurocéntricos. Se comenzó a hacer notar cuando se acusó al gobierno chino de autoritario por imponer un duro control sobre la población hace más de un mes. Los intentos de vincular la expansión y la mortalidad del Covid-19 con el autoritarismo conducen a relatos que tienen tan poca racionalidad como el de Trump cuando señalan al “virus chino”.

“Donde hay menos libertad hay más muertos” es el mensaje liberal destilando odio que reproducen personajes como Alfredo Leuco. Habría que recordarle que en Italia o España no hay dictaduras comunistas y que en los “infiernos terrenales” de Corea del Norte, Cuba, Rusia o Venezuela aún no hay victimas fatales. No hay certeza sobre si el gobierno de China oculta números sobre el Covid-19 pero seguro quien reproduce este tipo de dogmas ignora los datos más básicos.

Para nacionalistas reaccionarios y liberales el virus es “made in China”. Se puede decir  que “made in China” fue la seda que llegó a Europa hace siglos y también lo son hoy la mayor parte de los productos tecnológicos importados en el mundo. La superioridad productiva, tecnológica y financiera con la que China afronta la crisis impulsada por la gripe global es enfrentada por la sinofobia de quienes ven cuestionado sus lugares de privilegio.

¿Una globalización china?

En China la tasa de mortalidad del Covid-19 ya es menor al promedio mundial y la cantidad de infectados cada millón de habitantes se multiplica por 6 veces más en España o 9 en Italia. La pandemia no deja de ser la prioridad del gobierno chino pero Xi Jinping visitó la zona cero en Wuhan, los médicos empezaron a regresar del lugar más afectado y el Ministerio de Educación ya anunció que se creó la cura contra el Covid-19.

Las fábricas hace un par de semanas regresaron al trabajo cotidiano para revertir la caída interanual del 13,5% de los primeros meses del año (la más alta desde 1990). El Índice Empresarial Nacional de la firma Trivium marcó que hasta el 16 de marzo la economía china ya estaba operando al 69,5% de la producción normal. Con un conjunto de medidas para revertir la caída del comercio global China aún mantiene la expectativa de continuar creciendo al 6% anual. Para el gigante asiático no son todas malas noticias en esta coyuntura. El derrumbe del precio del petróleo que destruye economías enteras (y hace inviable la explotación de shale oil) lo favorecen en su condición de principal importador del mundo.

Para enfrentar a la sinofobia China se presenta en esta crisis como el único actor de peso global que está teniendo una política internacional activa. Mientras cada país busca cómo combatir al Covid-19 entre sus propias fronteras China ya ha comenzado a desplegar solidaridad enviando médicos a Italia y también kits con material sanitario a Corea del Sur, Irán, Sri Lanka, Irak y Japón.

Una buena noticia para Argentina fue el primer encuentro que tuvo el presidente Alberto Fernández -desde que asumió- con autoridades chinas el martes 17 de marzo. En la Quinta de Olivos se reunió con el embajador chino Zou Xiaoli que se comprometió a continuar con las inversiones programadas previas a la crisis y a enviar kits sanitarios para enfrentar la pandemia. También lo invitó a visitar China próximamente.

Los hegemones precedentes como Estados Unidos o Reino Unido lo fueron por ser los garantes en última instancia de la seguridad y la economía mundial. En este momento es evidente que ningún estado está en condiciones de garantizar ninguna de las dos cosas. China hace años abandonó el papel de invitado en el escenario global para transformarse en la potencia más sustentable de todas.

Actualmente asistimos al velatorio de la globalización que daba por muerta García Linera en 2016. Macron que llegó a la presidencia de Francia para relanzar el proyecto neoliberal con ajustes tiene un ataque de keynesianismo. La Reserva Federal norteamericana bajó la tasa de interés a 0 y anunció la inyección de 700.000 millones de dólares mientras que el Banco Central Europeo, bajo la dirección de Christine Lagarde, anuncia la compra de deuda por 750.000 millones euros (que se suman a los 360.000 millones anunciados en la semanas previas). Una concepción del mundo que no puede explicar ni aplicar soluciones ante la crisis es sinónimo de decadencia y eso es lo que está sucediendo con todos los preceptos neoliberales.

La globalización tiene efectos (positivos y negativos) que difícilmente sean reversibles. Retomando a Marx, la lógica del capital es global y ha revolucionado tanto a la humanidad que pensar un futuro sin ese nivel interconexión mundial resulta prácticamente imposible. A diferencia de la época en que escribió Marx, hoy es más difícil pensar el fin de la globalización que el fin de la humanidad. Por esa razón si no queremos convertirnos en catastrofistas crónicos habrá que pensar el futuro de la globalización.

Tal vez un testimonio histórico haya sido el de Aleksandar Vučić este martes. El presidente de Serbia se mostró desesperado ante las cámaras por los 83 casos que había en el país. Declaró que la solidaridad internacional “es un cuento de hadas” y solicitó ayuda a quienes serían los únicos que podrían colaborar con Serbia: “los dirigentes de China”. Luego de tramitar durante más de 10 años su ingreso a la Unión Europea Serbia expresa el fracaso continental y de la globalización realmente existente. La solidaridad internacional en este contexto también es “made in China”.

Una “globalización china” es una hipótesis superadora del hegemón norteamericano en decadencia. Seguramente la misma no comenzará en unos pocos días o semanas. Pero la crisis acelera los tiempos y cada día de pandemia global esta hipótesis pareciera estar más cerca.