Juventud y políticaLes Pibis
Por Lucas Grimson y Cindy Fraenkel
Ensayo

Una piba y un pibe debaten mientras toman una birra por videollamada. Terminan teniendo una de esas charlas que te dejan maquinando toda la semana. La flashean con algunas ideas piolas y también con cosas delirantes. ¿Qué es lo primero que hacen cuando cortan? A los codazos a escribir en el teclado, que salga lo que salga. Después, parar la pelota un toque. ¿Para qué? Para volver a escribir y patearla mucho más lejos.

Lo posible está cambiando. Son muchas las discusiones que se dieron en el contexto de la pandemia que nadie se había imaginado: desde flashes existenciales, hasta posibles políticas -como un salario universal o un impuesto a la riqueza-. Y esas discusiones nos atraviesan a las juventudes, a les pibis. Bancá, ¿por qué pibis? ¿por qué nombrarnos así? Muchas veces reflexionamos sobre lo que implica nombrarnos, pero esto es lo primero en lo que somos cuestionades: la identidad de cada une y nuestra identidad colectiva.

Igual, aparece en nuestras cabezas la escena típica: la conversación en la sobremesa familiar donde uno dice “pibis, pibos, pibus”, creyendo que el humor no se reinventa, y saltan con “¿LES PIBIS?”, “YA SE PASAN DE LA RAYA”, “LES PIBIS: UN EXCESO”. Sí. Les pibis. Y se equivocan si pretenden que no discutamos el límite de lo posible.

Foto: Catalina Distéfano.

Queremos un futuro de todes y para eso creemos que necesitamos transformar el presente. Si estás de acuerdo, necesitamos dar discusiones profundas, desarmar lo predeterminado e ir más allá de lo ya construido. ¿Atravesamos un contexto imprevisto e impredecible? ¿Son necesarias las medidas urgentes? Seguro. Pero para transformar realmente la sociedad en la que vivimos también son necesarias las discusiones profundas y las planificaciones, así como la integralidad y la participación activa. Para transformaciones reales, necesitamos propuestas y debates que pongan en el centro del debate la pregunta de “¿qué futuro queremos?”.

¿Discusiones profundas? Hubo muchas durante la pandemia que no imaginábamos tener ahora y son sumamente necesarias para salir de este charco. ¿Planificaciones? ¿Integralidad? No queremos crecer tapando problemas con parches chiquitos a corto plazo. Muchas problemáticas se atraviesan entre sí y no se solucionan de un día para el otro. ¿Participación activa? La batalla cultural contra el neoliberalismo, la derecha y el odio -aunque sea un concepto re contra quemado- sigue más viva que nunca, depende de cada une de nosotres y de nuestra acción colectiva. Las juventudes somos una parte central de esa disputa.

En este contexto, esa batalla cultural presenta un cambio fuerte en sus escenarios: no necesariamente son menos los espacios, pero la calle la extrañamos mucho y el aislamiento y el distanciamiento nos llevan a un resguardo en nuestros nichos. Sin embargo, eso no quiere decir que no sigamos juntes: lo personal es político y lo colectivo ni te cuento. En ese sentido, hay un espacio de encuentro constante: los medios de comunicación y las redes sociales. Ahí, hoy, la batalla está más viva y más agitada que nunca. No solo nos encontramos con un sector del periodismo que cada vez más se dedica a operaciones políticas irresponsables y a disputar el sentido común (o generalmente ni discutir el ya instalado) desde el odio, sino que también la actividad de trolls y la circulación de fake news se intensifican construyendo desde la hostilidad. ES UN MONTÓN. Debemos entender que estas “lluvias de tweets” que solo reproducen mensajes violentos tienen un mensaje político de fondo; y nuestro rol, como militantes del día a día, es marcar desde dónde esta juventud quiere construir para desarmar la política del “yo” y del “digo y no me importa nada”. Como diría el comandante: “basta chicos”.

Al mismo tiempo, redescubrimos día a día el poder de las redes, que implica lo que ya mencionamos pero también asumir el desafío de crear estrategias propias con acciones concretas  para  esos ámbitos. Partiendo de la base de que hoy en día, en el contexto de pandemia y virtualidad, casi todo pasa por las redes sociales, es clave desarrollar un rol político activo en las redes por parte de les pibis y de cada uno de los sectores que representamos. 

¿Podemos pensar una política que dialogue con el mundo de las redes? BANCÁ, no sé si es política y redes por separado. ¿Y si pensamos una política de las redes? No queremos que las redes sean el foco de la antipolítica sino pensar a las redes con su potencia política. ¿Y una que integre las redes con la calle y el territorio? ¿Y el aula y la plaza? Cuando reflexionamos sobre lo comunicacional de la política lo hacemos porque queremos pensar nuevas formas de hacer política, y cuando pensamos esto, es entendiéndonos como una nueva generación que quiere transformarlo todo. Hoy podemos ver a esa generación en compañeres que ocupan espacios de representación y visibilidad, como Ofe Fernández, que llegó a ser legisladora con 19 años, siendo la más joven de la historia de Latinoamérica, así como también en cada una de nuestras grandes discusiones, con las pibas y les pibis de los colegios construyendo la cuarta ola feminista, con la construcción del ambientalismo popular desde espacios como Jóvenes por el Clima o con la organización comunitaria en cada barrio y en cada territorio.

Foto: Iván Piroso Soler.

Tenemos muy en claro qué juventud somos, y de qué juventudes nos diferenciamos: somos la juventud que construye desde lo popular y no desde el asistencialismo. Somos quienes nos estamos mordiendo el labio por salir a las calles pero priorizamos la salud de nuestro pueblo. Somos la juventud que se cuida y cuida a les otres. Quienes bancamos las ollas y los merenderos de les compañeres de la economía popular. Quienes proponemos desde lo constructivo y no desde lo destructivo. No mi ciela, estamos muy lejos de ser la juventud anticuarentena a la que nada le importa, la que cree que ser una juventud rebelde es ir contra el sentido común hegemónico. Eso que creen que ya no es “políticamente correcto” en realidad sigue siendo el status quo. Aparecen estas nuevas figuras de libertarios que creen que ser machista puede llegar a ser una “nueva moda” *BASSSSURASSSSS*. Seguro que elevamos muchos pisos de discusión,  producto de años de lucha. Debemos ir aún más allá de lo que ya logramos conquistar, y no flasheemos que lo que planteamos acá ya es hegemónico, se tenía que decir y se dijo.

No debemos caer en etiquetas que no suman a nuestra construcción: seguramente, desde la norma, se crea que les pibis tenemos un techo; sin embargo, somos nosotres quienes tenemos que lograr que ese techo cada vez sea más alto o incluso que no exista. Esto implicaría, por ejemplo, aumentar el número de jóvenes que participamos en diversos espacios ya sean políticos y/o estatales e incluso aumentar en cantidad de empleos formalizados, que se alejen de la precarización (nota mental: no con una expo joven pedorra como las que hacía Miauri en la Rural). Porque somos les pibis quienes nos vemos golpeades por la informalidad laboral y el desempleo: 6 de cada 10 jóvenes tienen un empleo informal. La pandemia profundizó esta problemática y desveló las condiciones en las que accedemos al sistema de trabajo. Tenemos que ponernos como desafío tratar de responder preguntas como ¿qué empleos queremos? ¿en qué condiciones?

Es interesante el laburo de recopilar experiencias para plantear propuestas concretas y posibles. Existen, en la historia de las conquistas de derechos populares en nuestro país, diversas políticas vinculadas a la inserción laboral, la participación política, la redistribución económica, para trabajar en una fuerte reducción de las desigualdades sociales, como la AUH, la paridad de género en las listas, el cupo laboral travesti trans, entre otros. Entonces, ¿cómo podemos pensar políticas e iniciativas que avancen en materia de derechos para las juventudes? ¿Cómo queremos que el Estado garantice nuestro primer empleo digno? ¿Cómo queremos ampliar el derecho a la educación? ¿Qué herramientas construimos para generar nuevas posibilidades para les pibis de los barrios populares? ¿Cómo vamos a fomentar la participación política de les jóvenes? ¿De qué manera amplificamos nuestro marco de posibilidades? En fin, ¿cómo vamos a romper ese techo estigmatizante que tanto pretenden instalar sobre las juventudes? 

Incluso, tratar de alejar ese techo que no nos representa también implica instalar la idea de que no solamente pensamos -y hacemos- política para las juventudes. Nuestras experiencias en las aulas y en el territorio nos hacen capaces de aportar en los diversos debates sociales. Así como las pibas de la cuarta ola feminista no sólo debatimos sobre cuestiones de género, les pibis tampoco pensamos únicamente en nosotres sino que discutimos de manera conjunta sobre diversos temas, que pueden ir más allá de las juventudes.

Foto: Catalina Distéfano.

Hoy nos encontramos con un Estado que necesita reconstruirse. Entendemos que, a la hora de activar políticamente, es fundamental que eso tenga un correlato en el Estado y, en ese sentido, resulta importante fortalecer las estrategias que apuntan a una integración de las juventudes desde las políticas públicas, así como con otros sectores de la sociedad con una participación efectiva. Sin embargo, también consideramos que el Estado tiene sus limitaciones, o por lo menos que nuestra militancia no pasa solo por esa disputa. Algunas veces son excesivos los obstáculos burocráticos para efectivizar ciertas políticas y otras también nos encontramos con demasiadas dificultades a la hora de dar pasos importantes. Y da la casualidad que eso suele pasar cuando están por perder los que más tienen. Ahí es cuando la derecha se encarga de defender su bolsillo. Se nota mucho chiques.

Les pibis venimos a formar parte de grandes discusiones y transformaciones, para decir y para hacer desde nuestros espacios, desde el Estado, desde el gobierno, para, cada une desde nuestro lugar, construir otra sociedad con otra política. Una sociedad a la que podamos imprimirle nuestra perspectiva de juventudes, en donde el acceso a nuestros derechos esté garantizado, y en la cual tengamos un lugar reconocido

Creemos que este es el camino para la construcción de una nueva política, una política con espíritu y perspectiva joven que se reinventa constantemente. Pero dale loke, para todo esto tenemos que meterle todes, aunque es lógico que a veces ni dé ganas. ¿cómo vamos a integrarnos y encontrarnos si vivimos en un marco político que no nos incentiva a formar parte e incluso nos deja afuera? ¿Cómo llegamos a pensar política por y para jóvenes? *ruido de mate*. Sí, existe cierto temor a la política que tenemos que cuestionar. Pero sepamos que los debates que damos en nuestros ámbitos cotidianos (en las redes, en las aulas, en nuestras casas, centros de estudiantes, etc) son política. Y aunque pretendan exigirnos una referencia única, para nosotres la salida es colectiva, pensándonos desde una nueva pedagogía. Desde la pedagogía de la participación, la pedagogía del regreso, decía una compañera docente. Es momento de que construyamos la primavera de las juventudes para que cada vez más pibis estemos remando este bote (se picó todoh bebé).