Coronavirus y estado de excepción
La sociedad globalizada como una sociedad en cuarentena. La irrupción del coronavirus abre una oportunidad para reflexionar sobre las dinámicas individuales y el posible (re)encuentro contemporáneo con lo colectivo.
La sociedad globalizada como una sociedad en cuarentena. La irrupción del coronavirus abre una oportunidad para reflexionar sobre las dinámicas individuales y el posible (re)encuentro contemporáneo con lo colectivo.
Los conflictos que se vienen desatando en todo el mundo tienen como común denominador la lucha por la búsqueda de un futuro que se torna cada vez más oscuro e impredecible. ¿Cómo se responde ante la desesperación por la pérdida de un futuro añorado? ¿De qué manera se relaciona esta desolación política con la emergencia de las extremas derechas? ¿A qué se está dispuesto a consentir con tal de la vuelta de cierta “normalidad” en las vidas?
El 2020 ya ha iniciado con una crisis de implicancias globales. Al matar a un oficial de alto rango iraní, EEUU ha dado un salto de calidad en la manera como proyecta poder para dirimir sus disputas.
En su nuevo rol de vicepresidenta, libre de las presiones de la administración cotidiana del Estado, Cristina se dedica a la construcción del mito, a generar un cauce trascendente que permita el emerger de nuevos Acontecimientos de lo igualitario.
Un entramado de significaciones rodea al concepto democracia, que se ha convertido en un escenario de disputa semántica fundamental. Reseñaremos dos aspectos: el primero, relacionado con el par antagónico izquierda-derecha, nos remite a lo esencial de cada uno de estos posicionamientos dentro de la geografía política; el segundo, más propiamente histórico, nos acerca el concepto de democracia y sus orígenes.
Este domingo no sólo se definió una elección, se rechazó en las urnas un modelo de país. El proyecto neoliberal que había vuelto a gobernar el 10 de diciembre de 2015 tropezó con sus propias limitaciones y con una fuerza política que supo canalizar esas broncas en un gran frente electoral. Sin embargo, la disputa por la hegemonía sigue latente. ¿Qué expresa la contienda electoral? ¿Podemos hablar de una derrota total del neoliberalismo o la batalla política sigue?