El feminismo y sus claves para reconstruir el futuro
Por Mariela Di Francesco
Cuarta ola

¿Por dónde empezar a hacer nuestros balances de lo recorrido hasta hoy? ¿Qué tenemos para decir desde el feminismo al campo popular en su conjunto? ¿Cuáles son los elementos relevantes que debemos retomar y profundizar para enfrentar al neoliberalismo?

El 8 de agosto el senado votó para que nada cambie. Nosotras, desde la furia y la bronca por la bajeza de los argumentos a favor de que las personas gestantes sigamos muriendo a causa de la clandestinidad, estamos dando comienzo a una nueva etapa de esta lucha. Fuimos y somos enormes: por nuestra capacidad de rebalsar las calles y defender nuestra integridad y nuestras vidas, por nuestra madurez y entereza (esa que los funcionarios y los antiderechos prefieren obviar acusándonos de irresponsables, de jóvenes que “no entendemos nada”) para asumir que el camino que nos condujo expectantes hasta ese momento continúa.

Hoy sabemos que para romper con esta sociedad machista también hay que enfrentar al neoliberalismo que a través de su proyecto político-económico no puede garantizarnos más que ajustes, pérdida de soberanía y recortes de nuestros derechos. Sabemos también que para ello hace falta organizarnos en pos de un proyecto que sea capaz de aglutinar nuestras múltiples identidades, demandas, realidades y esperanzas. Logramos poner en evidencia los discursos más retrógrados, los nombres de quienes en la Cámara de Diputadxs y en el Senado optaron por darle la espalda a un reclamo masivo y la elección de algunos de defender aquéllo que en nuestra sociedad ya es inaceptable.

Todo eso demostró que lo que venimos haciendo durante los últimos años es pura potencia de cambiarlo todo, que estamos dando una batalla cultural que remueve viejos cimientos y construye futuro. Demostramos la urgencia de que este sistema político comience a darnos respuestas y que para eso debemos dar la disputa desde el feminismo como posibilidad de transformación. La tarea será encauzar esa potencia en una alternativa que convenza y mueva a una mayoría.

Del primer #NiUnaMenos al #SeráLey: una historia de ruptura y construcción de nuevos sentidos

Lo que estamos vivenciando estos últimos años no nació de un repollo. Hace más de 13 años se creó la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y en octubre estaremos cumpliendo 33 años consecutivos de Encuentros Nacionales de Mujeres. Nos venimos encontrando (mujeres e identidades disidentes) y cada vez somos más quienes vivimos el feminismo como territorio múltiple que trasciende diferencias de clase, de organizaciones y partidos políticos, de edades, de espacios geográficos, de ideologías. Trasciende esas diferencias porque tiene la capacidad de reunirlas (y reunirnos) y de generar desde allí cambios colectivos.

Foto: Prensa Mala Junta/PG

Sí podemos decir que toda esta historia acumulada encontró una expresión a partir del primer Ni Una Menos en 2015. Por primera vez, para una porción enorme de nuestra sociedad, la violencia de género dejaba de ser un problema que ocurre en el “ámbito privado” o de modo “aislado”, y empezaban a cuestionarse las ideas que hablaban de “crímenes pasionales”, de “monstruos” o “enfermos”.

Hoy podemos asegurar que logramos muchísimo. Pero no fue fácil sortear las resistencias, las amenazas, las mentiras, las humillaciones, la falta de respeto a las que ya no están y todas las malas jugadas del poder político-económico y mediático. Con mucha perseverancia y capacidad de canalizar la bronca pusimos en evidencia las causas de lo que nos ocurre. Dejamos al descubierto, en primer lugar, que las situaciones de violencia de género no son lo mismo que los hechos comúnmente llamados “de inseguridad” y que los femicidios son la peor consecuencia de la opresión que sufrimos a lo largo de nuestras vidas. En segundo lugar, tampoco nos identificamos con los discursos punitivistas que piden pena de muerte o castración química, como si eso solucionara algo de todo lo que ocurre, más allá del delito al que hagamos referencia. Y a esta trampa en la que nos quisieron hacer caer, también logramos ganarle.

En tercer lugar, pudimos dejar en claro que la violencia a la que nos someten por ser mujeres, lesbianas, trans y travestis, es una responsabilidad del Estado y que para erradicarla el camino principal es la aplicación efectiva de políticas públicas que ya existen y de otras que debemos crear. Bajo estas certezas le hicimos el primer paro a Macri y comenzamos a construir los 8 de marzo y los 3 de junio como fechas que cada cada año expresan nuestra oposición al modelo neoliberal.

Interviniendo, acompañándonos unas a otras y multiplicándonos, llegamos a las denuncias públicas de abusadores famosos, a las entrevistas a referentas del feminismo en programas importantes de televisión, y a lo menos pensado, instalar el debate sobre la legalización del aborto. Nuevamente fuimos persistentes e inclaudicables al plantear (y convencer a muchísimos sectores políticos y de la sociedad en general) que no se trata de debatir la existencia o no de los abortos, sino de enfrentar nuestra realidad y de decidir si ubicarnos o no del lado de la clandestinidad.

Llevamos el debate al Congreso convenciendo a millones, dando vuelta este sistema político y poniendo en evidencia su peor parte, esa que hoy tantxs jóvenes conocen y no olvidarán nunca más. También aquí sufrimos resistencias, incluso desde un progresismo que, ajeno a la dinámica de nuestro movimiento, nos llamaba a “dar la verdadera lucha”. Pero el feminismo ya había superado con creces ese planteo.

En el andar fuimos generando(nos) una conciencia que ya no nos permite dar un paso atrás. Porque a menos de una semana del rechazo de la Ley de IVE en el Senado, la clandestinidad se llevó la vida de más mujeres y esto es lo que va a seguir ocurriendo. Por eso sabemos que el 8A no fue el final de esta lucha ni existe momento para desmoralizarse. Tenemos demasiada bronca, demasiada fuerza, demasiados motivos y una realidad concreta que se manifiesta en cada una de las miles y miles de pibas, protagonistas de esta Revolución de las Hijas.

La principal oposición al neoliberalismo

El año 2015 también fue el año de Cambiemos. En la puerta de entrada al gobierno estaba esta nueva derecha que, además de buscar su propio enriquecimiento aquí y ahora, vino a reconfigurar estructuralmente y a largo plazo los planos económico, social y cultural. Sus discursos y formas de hacer política fueron efectivos para convencer, instalando otra mirada sobre la política, el rol del Estado y la militancia. Además de cargar las culpas constantemente a “la pesada herencia”, generó un ideario que, aunque no es totalmente novedoso para gran parte de la población, se extendió y multiplicó con la gran ayuda de los medios masivos de comunicación. Principalmente porque pudo expresar una salida efectiva, “desideologizada” e individualista, al desgaste de la cultura de la entrega y conquista de derechos.

El bloque Cambiemos se ubicó del lado de la “antipolítica”, de los empresarios que nunca tuvieron ni tienen que ver con la política tradicional (ocultando la propia historia de la familia Macri). Calificaron de “ñoquis” a quienes trabajaron en el Estado que ellos achicaron, quitándole su “grasa militante”. Cargaron de un sentido negativo a la militancia por su “fanatismo” y ceguera frente a los liderazgos “populistas” que “crearon jóvenes vagos e irresponsables”. Aunque una gran mayoría transversal a diferentes sectores sociales le dio sus votos, sólo profundizaron la grieta que supuestamente querían “unir”. Es la grieta entre el gobierno de ricos y nosotrxs, que hoy llevamos una calidad de vida más que deteriorada.

Con medidas tan desfavorables para la población general, la imagen de distintos funcionarios y la credibilidad hacia el gobierno han ido variando. En ese sentido, el pasado 8 de agosto los sectores de poder tuvieron la oportunidad de capitalizar toda esta movilización generada y sin embargo optaron por desoír lo que pasaba en las calles. El Senado, el gobierno nacional y también los sectores que pretenden posicionarse como “oposición dialoguista” con proyectos tan neoliberales como el de Cambiemos, hoy están puestos en cuestión.

Ese es nuestro saldo positivo en medio de la batalla que perdimos. Y poder hablar de ello tiene que ver con que el movimiento de mujeres supo romper con eficacia los imaginarios que generan las clases dominantes. Lejos de seguir espontáneamente una moda, llevamos los pañuelos verdes disputando ideas, prácticas, lenguajes, política. Y eso tuvo sus efectos.

Foto: Prensa Mala Junta/PG

De diferentes modos, estamos renovando el compromiso militante y reivindicando el fanatismo en el mejor de sus sentidos, contra la meritocracia y el individualismo, desde el trabajo colectivo y la sororidad plena. Además y principalmente, hoy existe una gran parte de nuestra juventud que construye colectivamente su porvenir y comprende que para ello necesitamos transversalizar y desbordar este sistema político.

Hicimos posible que el 13 y 14 de junio diputados y diputadas de bloques y partidos políticos completamente opuestos, votaran a favor de la Ley. También dejamos en claro que nuestra sociedad está hoy muy por delante de lo que sucedió en el Senado y ya no tolera escuchar los argumentos que tan livianamente plantearon quienes votaron a favor de la violencia machista y de la muerte.

Todas las estructuras, las instituciones de máxima representación han sido permeadas por los debates, los nuevos símbolos, los cambios de visión del mundo y las ideas que pudimos generar. Está claro que no sólo queremos debatir y ser escuchadas: queremos cambiarlo todo para todas y debemos estar decididas a disputar y ocupar los espacios que nos permitan hacerlo. Debemos asumir que el vuelco de esta lucha cultural se da en el terreno político.

No es casual que esta etapa neoliberal coincida con la Cuarta Ola del feminismo. Tampoco lo es el hecho de que tantas compañeras de tantos lugares del mundo nos están apoyando y (lo más conmovedor y enorgullecedor) estén replicando y resignificando en sus diversos contextos esta lucha.

Definitivamente nuestra capacidad de incidencia es enorme. Nuestro movimiento no es un sector más de nuestra sociedad: esta pelea es integral y transversal. Está claro que sin feminismo no hay mayoría social capaz de torcer el curso de la historia a favor de nuestro pueblo.

¿Por dónde seguir? Algunas sugerencias

Con lo transitado a lo largo de este año cargado de marea verde, estamos convencidas de que la legalización del aborto en Argentina será un hecho. Pero también estamos convencidas de que el campo popular en su conjunto debe revisarse y transformarse a sí mismo a partir de estos cambios profundos que nos trajo el feminismo en medio de importantes retrocesos.

No todo para el campo popular es alentador. La mayor parte de nuestros encuentros y movilizaciones en unidad han sido para defendernos y paliar un poco los efectos y las consecuencias tan tristes de lo que sucede todos los días. Sin embargo el movimiento feminista pudo sortear sus diferencias y aportar a la unidad de diversos espacios y referencias del ámbito político, periodístico y artístico en pos de conseguir nuevos derechos.

La clave para lograrlo fue la articulación de espacios cada vez más amplios, abiertos, plurales y la búsqueda incansable de ya no sólo describir nuestra realidad, sino también de explicarla transformando de raíz lo que hasta hace un tiempo era considerado “normal”.

Nos negamos a seguir jugando el rol secundario que siempre quisieron otorgarnos. Decidimos dejar de hablar entre nosotras, las convencidas, para empatizar y conectar con la vida y la subjetividad de otras miles y miles que empezaron a identificarse con el feminismo. Pudimos devolverle a nuestro campo popular una idea de futuro y la posibilidad de concretarlo. Allí residen indudablemente la fuerza de esta Ola que incomoda todas las estructuras, nuestra capacidad aglutinadora y de alcanzar niveles de masividad como nunca antes.

¿Qué hacemos con todo esto como campo popular? Hay diferentes salidas por las que podemos optar, pero hay algunas que son particularmente riesgosas: una es seguir entendiendo la lucha feminista como algo que “no es tan urgente” como, por ejemplo, la lucha por las mejoras “económicas”. Otra es seguir reprochando al gobierno anterior el hecho de no haber legalizado el aborto. Por lo general los sectores antikirchneristas recurren a esto poniendo inútilmente en debate la existencia o no de oportunismo por parte de Cristina. Otra salida posible es entender a esta juventud movilizada como desligada de toda nuestra historia, como parte de una lucha social que, sin disputar política, solamente desde las calles podrá imponer cambios sociales. No hay dudas de que las protagonistas son las jóvenes, pero hay un proceso que hizo esto posible y hay que poder canalizarlo.

Esos elementos de análisis están presentes tanto en sectores del campo popular como en la sociedad en general. Por eso es urgente hacer balances y plantear una salida que nos permita seguir avanzando. Porque, además, no hay que perder de vista que la derecha también tiene sus propias propuestas que a través del feminismo liberal y del individualismo pretenden apartarnos de la disputa de poder.

Y tenemos un claro ejemplo: así como desde el feminismo logramos el cambio de posición de Cristina respecto del aborto, también logramos el (para muchas conmovedor) discurso y voto a nuestro favor de Lospennato, diputada del PRO. Por supuesto eso es positivo, pero a su vez nos marca que urgen los balances, la historización constante de nuestro movimiento y la apuesta por enmarcarlo en un proyecto que nos garantice el futuro que deseamos y que debe ser profundamente antineoliberal. Por eso es importante que las diferentes tradiciones políticas que hoy nos enfrentamos al saqueo económico y cultural del neoliberalismo podamos ver nuestros reflejos en el espejo del feminismo.

A su vez debemos comprender al mismo feminismo como proyecto integral y de mayorías. En ese sentido es cómo debemos interpretar lo que expresó Cristina (la máxima referente de la oposición) en el Senado, cuando habló de generar una propuesta nacional, popular, democrática y feminista. Para volver a tener futuro es importante que el nacionalismo popular y el feminismo logren empalmar sus procesos. Porque esto, además, nos habla de la posibilidad de modificar lo que se fue, para ser y hacer lo que hoy es necesario. Lo transitado para llegar al 8A nos demuestra que podemos crear algo nuevo comprendiendo este momento histórico, en las claves que el feminismo nos viene enseñando.