Disputa política y marcos conceptuales¿Por qué importan estas elecciones?
Por Lucas Villasenin
Análisis

Las próximas elecciones legislativas se enmarcan en un contexto inédito y su significado ya está en debate antes de que comiencen abiertamente las campañas. ¿Qué importancia tienen para la lógica democrática y la reconstrucción del país?

Los sectores más radicalizados de la oposición, principalmente agrupados en torno a Bullrich y a Macri en Juntos por el Cambio, ya fijaron el marco conceptual que buscan imponer a lo largo del proceso electoral. “República o autocracia” es la disyuntiva sobre la que esperan que la sociedad argentina se defina.

De acuerdo a este planteo está en riesgo la democracia debido a que el gobierno podría alcanzar la mayoría en ambas cámaras parlamentarias. En su cadena argumentativa esta situación pondría al país en una situación que rompería los marcos democráticos construidos desde 1983. “Sin 2021 no hay 2023” es el mensaje macrista que busca darle un sentido apocalíptico a las elecciones legislativas de medio término.

Este enfoque supone que el gobierno tiene aspiraciones antidemocráticas y que se daría la “situación extraordinaria” de que un gobierno peronista tenga mayoría en ambas cámaras legislativas. Más allá de las valoraciones posibles sobre el Frente de Todos, el planteo alcanza el ridículo de olvidar que dicha situación ya sucedió luego de las elecciones de 2007 y de 2011, cuando el Frente para la Victoria logró la mayoría en Diputados y Senadores. ¿No es acaso posible que el Frente de Todos tenga de nuevo mayoría y no haya una “autocracia”, como en 2011? ¿No podría suceder que el Frente de Todos gane y luego pierda el apoyo de diputados y senadores en votaciones clave, como fue “la 125” en 2008?

Más que en la historicidad, el planteo opositor se sustenta en un clima de hartazgo social en el cual toda política gubernamental es percibida como insuficiente. Estamos en una coyuntura histórica abierta por la pandemia en la cual la insatisfacción y la incertidumbre son sentimientos que dominan los estados de ánimo. Incluso grandes avances con la campaña de vacunación contra el Covid-19 generan alegrías individuales y colectivas, aunque siempre dejan pendientes un “pero”. El drama sanitario que va a superar las cien mil muertes, los casi cuatro años de recesión económica y el empobrecimiento acelerado de la mayoría de la sociedad conducen a que cualquier paso adelante, por más grande que sea, deba ser analizado en este contexto.

El descontento social -sumamente lógico- ante esta coyuntura busca ser conducido en contra del gobierno por parte de este sector de la oposición. En su horizonte no hay propuestas superadoras, no hay planes de gobierno ni leyes que puedan aportar al futuro del país. Las consecuencias de la pandemia le dieron una sobrevida al macrismo y a las propuestas derechistas o liberales en Argentina, permitiendo que el daño que generaron desde 2015 quede parcialmente cubierto por el dramático contexto abierto en marzo de 2020.

La intelectualidad anti-peronista es la que ayuda a este sector de la oposición a enmarcar en torno a la disyuntiva “república o autocracia”. Un macrismo ridiculizado en la pandemia por dar consejos económicos luego de traer de vuelta al FMI al país  o por dar consejos sanitarios luego de rebajar el Ministerio de Salud a rango de Secretaría, encuentra refugio en los prejuicios ideológicos de las derechas. Luego de un año en el cual ha creado términos como “infectadura” para referirse a las medidas de cuidado implementadas por el Estado, la intelectualidad anti-peronista teoriza en torno a que el gobierno “populista” es parte de un “neogolpismo” que pretende terminar con la democracia a partir de la fuerza del voto popular. Según ellos vamos a Venezuela…

La afirmación de que en Argentina está en juego la democracia en estas elecciones tiene que ver, en cierta forma, con Venezuela. Pero oculta por parte de un sector de la oposición que el verdadero peligro es que su planteo conduce a destruir cualquier lógica democrática. Si el gobierno elegido por el voto popular es asumido como una “dictadura”, entonces no habría lugar para ningún tipo de consenso, acuerdo o diálogo, solo dejando lugar al derrumbe de la “autocracia”, la confrontación y la violencia, tal como efectivamente sucede en el país caribeño.

Esta posición de los sectores más radicalizados en la oposición se asemeja al discurso poco exitoso que hace unos años sostenía la consigna “Macri vos sos la dictadura”. A diferencia de aquella posición anti-macrista, que quedó reducida a canciones en marchas y fue superada por mejores estrategias políticas que permitieron el triunfo del Frente de Todos en 2019, en este caso una parte de la oposición actual hace de la idea de que el gobierno va camino a una “autocracia” una elaboración intelectual realmente peligrosa para la democracia. 

Por qué importan estas elecciones

El gobierno argentino tendrá más o menos aciertos y errores, pero lejos está de haber propiciado la confrontación y la violencia como métodos predominantes de intervención política. Como enseñó el lingüista George Lakoff un problema importante en una disputa política es que el marco conceptual de tu adversario se imponga, pues así se construyen tus derrotas. Por esa razón un primer gran error para el gobierno y el Frente de Todos sería darle a esta elección la misma importancia que le da un sector radicalizado de la oposición.

No se trata solo de un problema electoral. Si la disyuntiva de “república o autocracia” se impusiera, el gobierno podría ganar la elección (como de hecho sucedió con el chavismo en Venezuela en casi todas las elecciones durante veinte años) pero enfrente solo tendría a una oposición beligerante dispuesta a no mantener los más básicos criterios de disputa democrática. ¿Para qué sirve una mayoría parlamentaria si enfrente no se reconoce la validez de ningún tipo de institucionalidad?

O, peor, el gobierno podría no alcanzar la mayoría en Diputados y bajo el dilema “república o autocracia” la oposición solo buscaría dañar la legitimidad democrática del gobierno, haciendo uso de las mismas instituciones (como hizo la oposición venezolana en 2015 luego de alcanzar la mayoría parlamentaria). En ambos casos se pierde, más allá de los votos y las bancas legislativas. En ambos casos gana el caos, la violencia y la confrontación a la que la oposición busca llevar la disputa política.

El Frente de Todos buscará centrar su campaña electoral en la política de cuidados, mostrando el éxito de la campaña de vacunación, en visibilizar una relativa recuperación económica después de las consecuencias del macrismo y la pandemia, además de expresar una amplia unidad para sacar adelante el país. Pero fundamentalmente es importante que su campaña no asuma la dimensión catastrofista que pretende darle la oposición más reaccionaria.

Esta elección es inédita y abundan sus particularidades, pero la historia reciente también indica que el éxito electoral en las elecciones parlamentarias de medio término está lejos de definir estrictamente el futuro de un gobierno o de un espacio político. En 2009 el Frente para la Victoria fue derrotado y nadie puede negar su éxito posterior en 2011. En 2013 el Frente para la Victoria también perdió pero el gran ganador fue el Frente Renovador, que con Massa estuvo lejos de llegar a la presidencia en 2015. En 2017 el país se pintó del amarillo macrista, Cristina Kirchner fue derrotada en la provincia de Buenos Aires y en 2019 lideró el armado del Frente de Todos que la convirtió en vicepresidenta.

Estos antecedentes permiten ser más cautos a la hora definir el futuro del país a partir de un resultado electoral. ¿Acaso no es posible imaginar que el Frente de Todos ahora no alcance una mayoría en Diputados pero que un crecimiento económico por encima del 7% o del 8% anual en 2022 y 2023 lo deje en posiciones de continuar en el gobierno un mandato más?

Estas reflexiones no tienen el objetivo de quitarle importancia a estas elecciones pero sí de darles una dimensión y un marco de disputa apropiado. Un resultado positivo o negativo seguramente condicionará al futuro del gobierno pero no lo debería hacer de la manera en la que un sector de la oposición radical pretende establecerlo. Esta elección es importante para el Frente de Todos porque un éxito puede consolidar a un espacio político que lidere la superación de la crisis que atraviesa el país, ampliar la legitimidad de maniobra institucional y principalmente para frenar a los discursos más reaccionarios y beligerantes a los que se enfrenta. 

Estas elecciones legislativas no importan en los términos que proponen Macri o Bullrich, pero sí importan para el futuro de la lógica democrática en Argentina. Importan para la reconstrucción argentina.