Argentina y Brasil: ciencia y política frente a la pandemia
Por Santiago Sosa y Enzo Andrés Scargiali
Análisis

Brasil, el país más populoso de latinoamérica también posee el sistema científico de mayor envergadura en la región. Sin embargo, no ha aprovechado tan bien esos recursos como lo hizo su vecino Argentina. ¿Por qué?

A lo largo de estos meses, un gran número de centros científicos en toda América Latina se pusieron a trabajar en proyectos relacionados al nuevo coronavirus. Brasil es el país más grande del continente, con una población que alcanza los 202 millones de personas y con  un sistema científico entre 5 y 10 veces más grande que el argentino (dependiendo del parámetro que se tome).  

Cualquiera esperaría que Brasil tomara la delantera en el desarrollo de diferentes investigaciones y dispositivos tecnológicos destinados a aportar a la nueva realidad que impone la pandemia. Sin embargo,  fue Argentina el país que se transformó en el primer país latinoamericano en desarrollar kits de diagnósticos (el Kit serológico COVIDAR IgG y los kits moleculares NeoKit-covid19 y ELA CHEMSTRIP COVID-19). Así como también software para estudiar la epidemiología de la enfermedad (como la app Cuid.ar), ensayos clínicos de diversos tratamientos (como el reciente suero hiperinmune de caballos) y estudios sociales sobre los efectos de la cuarentena. Todos estos desarrollos fueron efectivamente empleados por organismos de salud para la prevención, toma de decisiones y tratamiento. Además, y a diferencia del país vecino, se han conformado comités técnicos asesores que participan día a día de las políticas públicas tanto del Ministerio de Salud de la Nación como de las diversas provincias.

¿Por qué Argentina y no Brasil? A lo largo de la historia, Brasil ha dado un lugar más relevante a la I+D que Argentina, y esto se ve reflejado en los índices de inversión en investigación y desarrollo como porcentaje del PIB que actualmente, más que duplican la situación de nuestro país. Sin embargo, nos atrevemos a afirmar que una mayor inversión en ciencia y tecnología no necesariamente implica una mayor capacidad de respuesta frente a emergencias como las que atravesamos por estos meses.

La diferencia clave entre estos dos países fue la articulación de las políticas estatales con las capacidades del mundo científico-tecnológico y con el sistema de salud. En Argentina, no es magia lo que está sucediendo, es un Estado presente. En Brasil, tampoco; se trata de un gobierno que no escucha a sus científicos y científicas y que ha tomado medidas que ponen en riesgo la salud de los y las brasileños. 

Los aciertos históricos de las políticas de Estado 

El presente marca muchos desafíos para los científicos y las científicas de Argentina y Brasil. Pero para entender qué tan preparados estábamos ambos países ante la llegada de la pandemia, les proponemos hacer un breve recorrido por algunos hitos históricos de sus políticas científicas.  

En América Latina, la ciencia y la tecnología comenzaron a tomar impulso hacia 1950 de la mano de los Estados nacionales. A lo largo de esta década Argentina y Brasil fundaron sus Consejos Nacionales de Ciencia y Tecnología, los actuales CONICET y CNPq con el objetivo de colocar -con diferente impulso en cada país- a la investigación científica en el centro del modelo de desarrollo basado en los programas de industrialización dirigida por el Estado. 

Estas políticas de Estado dieron el marco perfecto para que las Universidades Nacionales (o federales) y las comunidades científicas comenzaran a crecer a partir del trabajo entre políticos y científicos -trabajo muchas veces obturado por las dictaduras que durante las décadas de 1960 y 1970 asolaron a ambos países-. 

Años después, en la década de 1990, quienes no se vieron forzados a irse al exterior para desarrollar su carrera científica y se quedaron investigando en Argentina y Brasil debieron sortear con diferente grado de éxito el desmantelamiento de las capacidades estatales en educación y ciencia. Particularmente esto sucedió en nuestro país, donde los científicos fueron enviados “a lavar los platos”. Recién, en el marco de los gobiernos progresistas de comienzos del siglo XXI la inversión en el área comenzó a crecer (o fortalecerse en el caso de Brasil) de la mano de las decisiones tomadas en los gobiernos de Néstor Kirchner y Lula da Silva. Es en este período que se ensayaron políticas de articulación entre el sector científico y el productivo.  

En el caso argentino, el sistema científico se vio perjudicado por las políticas de desmantelamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva llevadas adelante por el gobierno de Mauricio Macri entre 2015 y 2019, un recuerdo muy vívido para quienes formamos parte del mismo. Algo similar ocurre en Brasil, desde la llegada de Bolsonaro al gobierno. 

Hoy en día el número de científicos y científicas en Brasil quintuplica el número de Argentina. Sin embargo, al relacionarlos con la población de ambos países la situación cambia. Argentina tiene casi 1200 científicos y científicas por cada millón de habitantes, mientras que ese número en Brasil, se encuentra alrededor de 900. Mucho tiene que ver en esto las diferencias en el acceso a la educación superior en ambos países que, a pesar de los grandes avances que tuvieron lugar en el gigante latinoamericano durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) en la década de 2000, no ha logrado una masividad relativa como la universidad argentina. 

 La llegada del COVID-19 a América Latina

Todo lo hecho por los gobiernos de los últimos años, desarrollando y fortaleciendo instituciones, programas y universidades ha sido clave para enfrentar la emergencia. Con la llegada de la pandemia, el trabajo de los científicos y las científicas cambió: muchos de ellos dejaron de lado sus proyectos originales para embarcarse en el desafío de dar respuesta a la crisis sanitaria, económica y social. 

Si bien los científicos y las científicas de ambos países se pusieron a trabajar dia y noche, los resultados fueron disímiles. Mientras que en Brasil proliferaron papers (a principios de julio había ya unos 657 trabajos publicados respecto a esta temática), en Argentina los esfuerzos se concretaron en desarrollos científico-tecnológicos impulsados por diferentes organismos del Estado. 

Si bien los organismos dedicados a la ciencia y la tecnología de ambos países incrementaron el financiamiento público de la investigación para enfrentar a la pandemia, se tomaron decisiones que condujeron a formas distintas de afrontarla. Nos detendremos en analizar dos de ellos: la inversión y los tiempos de reacción de los Estados ante la emergencia.

Veamos de cerca. El 18 de marzo, el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MINCyT) de la Argentina anunció la creación de la “Unidad Coronavirus”, cuyos objetivos son “coordinar las capacidades del sistema científico y tecnológico que puedan ser requeridas para realizar tareas de diagnóstico e investigación sobre Coronavirus COVID-19”, en ese marco, esta unidad convocó a un primer llamado de financiamiento a proyectos el día 27 de marzo por una suma total de 5 millones de dólares. 

Por su parte, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Comunicaciones (MCIT) de Brasil, el día 11 de marzo conformó la RedeVírus destinado al desarrollo de proyectos de diagnóstico, tratamiento, vacunas y producción de conocimiento sobre el virus. Esta red destinó a partir del 23 de marzo, 20 millones de reales (unos 3,5 millones de dólares) a proyectos relacionados a la pandemia. Recien el 19 de mayo, cuando Brasil ya se había posicionado como el nuevo foco de la pandemia, el MCIT anunció un refuerzo del  Estado Federal por 352 millones de reales, poco menos de 30 millones de dólares. 

Si bien, el monto invertido es mayor al argentino, el Estado brasileño tardó mucho tiempo en apoyarse en (y en apoyar) el sistema científico: nada de los esfuerzos que parecía estar haciendo este sector científico brasileño se articulaba con las políticas del  Ministerio de Salud: un Ministerio que no garantizaba los testeos mínimos, que no promovió el aislamiento social preventivo y obligatorio y que va por el tercer cambio de ministro desde que llegó la pandemia al país

Por otro lado, desde la Universidad de San Pablo se sigue reclamando al Estado federal que ejecute el financiamiento extraordinario y active mecanismos de aprobación rápida de desarrollos asociados a COVID-19. Un verdadero despropósito si se quiere que los trabajos en ciencia aporten realmente a la urgencia de la problemática.  En Argentina, la situación ha sido diferente. El gobierno Nacional y las provincias rápidamente crearon comités de trabajo y asesoramiento científico y lo mismo se reprodujo en organismos estatales de menor jerarquía: el Consejo Federal de Educación, el Instituto Nacional Indígena, entre otros.

Mirando el panorama general

Desde hace algunas semanas América se ha convertido en el epicentro de la pandemia. Jair Bolsonaro se lleva gran parte del mérito. El gobierno no solo pone en riesgo a millones de ciudadanos y ciudadanas, sino que también pone en riesgo al sistema democrático del país. Los científicos y las científicas del país no sólo deben enfrentar al coronavirus, sino también a un gobierno que intenta arrasar con las instituciones de la democracia y los derechos políticos y sociales conquistados. 

La Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) encabeza la plataforma “Brasil pela Democracia”, un espacio que reúne a cientos de entidades civiles, sindicales y los movimientos sociales del país, como respuesta  a la falta de coordinación del gobierno de Bolsonaro en el combate a la pandemia y la crisis sanitaria y económica. La situación de Brasil es un deja-vu de los sucedido en Argentina durante el gobierno de Mauricio Macri, donde la comunidad científica fue uno de los principales opositores al desmantelamiento de las políticas educativas y científicas del país. 

Lo que sucede por estos días también es el reflejo de las diferencias en las orientaciones políticas que tomaron el gobierno de Jair Bolsonaro y el de Alberto Fernández, apoyadas en definiciones diametralmente opuesta acerca del rol del Estado. El primero se ha caracterizado por un creciente proceso de desfinanciamiento de los sectores de salud y ciencia, concordante con la lógica de reducción del gasto público del Ministro de Economía, Paulo Güedes. 

El gobierno de Alberto Fernández, por su parte, no sólo ha apostado a jerarquizarlos (con la reconstitución de sus respectivos Ministerios y decenas de programas de financiamiento abandonados por el macrismo), sino que en tiempos de pandemia apunta a construir puentes entre la salud y la ciencia. Esto resulta algo innovador en nuestra región que da sus primeros frutos. Como decíamos en un artículo anterior, esperamos que este sea el comienzo de una nueva normalidad. 

En el marco de la pandemia, hoy más que nunca la política en América Latina debe apoyarse en la comunidad científica, las universidades, los movimientos sociales y las organizaciones sindicales. El futuro es incierto y los desafíos son enormes para la sociedad -y la política- que buscamos construir luego del coronavirus.