La audacia y la próxima batalla
Por Lucas Villasenin
Nuevas mayorías

El lanzamiento de Fernández-Fernández transformó el escenario político argentino. La sorpresa ganó lugar en un escenario cerrado y se revisan candidaturas y alianzas. También se abre un nuevo terreno de disputa entre discursos políticos antagónicos.

Audacia, imaginación y sorpresa

El anuncio de Cristina Kirchner el 18 de mayo de 2019 será recordado en la historia independientemente de las consecuencias que se deriven del mismo. Mucho se especula respecto a las razones de esta decisión pero poco se reflexiona sobre la lógica política de la que es parte.

La fórmula Fernández-Fernández sorprendió absolutamente. Ningún sector político militó esta opción, ningún dirigente la representó, ningún encuestador la midió, ni ningún consultor o analista siquiera la nombró. Todos considerábamos que Cristina se podría presentar (o no) como candidata a presidenta. En ningún caso seriamente se la nombró como posible vicepresidenta. Menos aún podía esperarse que propusiera un candidato que no estaba siquiera entre quienes se habían postulado o habían insinuado hacerlo. Solo la imaginación política de Cristina Kirchner podía formular semejante apuesta estratégica.

Sí, “estratégica”. Más allá de los rumores, anécdotas o historias vendibles a la prensa se trata de una decisión profundamente meditada que tiene meses de elaboración política. El acercamiento a Alberto Fernández desde el año pasado fue un punto de partida. La presencia mediática como vocero y hombre de confianza de Cristina fue su carta de presentación durante meses. Como representante de los dirigentes peronista que se alejaron del kirchnerismo en la última década, Alberto expresa fielmente la voluntad de Cristina de evitar revanchismos y ensanchar la alternativa a Cambiemos en el próximo proceso electoral. Su diálogo frecuente con una agenda de contactos que desconfían de ella es una apuesta seria por reconstruir una alianza de sectores políticos, económicos y sociales capaz de asumir los desafíos que se heredan del macrismo.

La política es pensada como una ciencia o un arte en el que se administra el poder. En las últimas décadas la racionalidad y el estudio científico de la sociedad con el avance de los estudios cualitativos y cuantitativos fueron marcando respetados caminos en la disciplina. La imaginación en política suele caer en callejones sin salida cuando no hay liderazgos, propuestas concretas y empatía con un sector de la sociedad. Así le sucedió a quienes durante años exploraron construir una “avenida del medio” en la grieta que vive el país (Massa, Urtubey, Lavagna, Tinelli, etc.).

Simultáneamente la imaginación política parecía ausente en quienes administraban esa grieta y lideran ambos polos. Cada polo apostaba a crecer lo suficiente para ganar en las próximas elecciones en función del desastre económico o las operaciones judiciales.

Pero la imaginación y el liderazgo de Cristina hicieron posible que la correlación de fuerzas se transforme el último sábado sin que sucedan hechos relevantes en la agenda económica o judicial. La decisión de postular la fórmula Fernández-Fernández podrá ser valorada como positiva o negativa dentro de 20 años pero no se podrá negar jamás que solo la audacia la hizo posible. La audacia hizo posible la imaginación y la consecuencia es una sorpresa masiva.

Diálogos pre-electorales

El resultado previsible del anuncio tuvo un efecto inmediato el día sábado. Fernández-Fernández reunió la adhesión de los gobernadores que apoyaban la candidatura de Cristina y también de aquellos que mantenían distancia de su figura. Logró la adhesión de quienes gobiernan en las provincias de Catamarca, Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Tucumán, Entre Ríos, La Pampa, La Rioja, San Juan, San Luis, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

El efecto mediato serán todos los diálogos que abrirá Fernández. Entre ellos se encuentra en un primer anillo el de aquellos peronistas dispuestos a la unidad. Entre ellos el acuerdo más buscado es con Sergio Massa que logró más de un millón de votos en la última elección en la provincia de Buenos Aires. Y además, se puede avanzar en el apoyo de las fuerzas gobernantes en provincias como Chubut o Misiones que se encuentran atravesando procesos electorales locales.

La consecuencia política de esta sorpresa además de los acuerdos dirigenciales es que abre las puertas al diálogo con las bases electorales en los centros urbanos hasta entonces hostiles para el kirchnerismo. Cambiemos viene de tener malas elecciones en Córdoba, Santa Fé y Rosario y allí es dónde la candidatura de Alberto Fernández buscará tejer un diálogo con votantes del peronismo cordobés o el progresismo santafesino. Un fenómeno similar se da con los votantes de partidos provinciales en Neuquén y Río negro.

Dos lugares en los que aún está todo por resolverse en materia de acuerdos dirigenciales y diálogos con el electorado son la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Son casos diametralmente distintos. En la Provincia la candidatura de Cristina a presidenta ya tenía un amplio apoyo y el rechazo al macrismo es mayoritario. Mientras que en la Ciudad si Cristina encabezaba la lista no había posibilidad de una alternativa competitiva que le haga frente al macrismo que gobierna hace 12 años. En ambos casos el lanzamiento de Fernández-Fernández genera la posibilidad de acuerdos más amplios.

La racionalidad política estratégica predominó en la decisión de conformar la fórmula Fernández-Fernández para darle fuerza al gobierno que podría asumir el 10 de diciembre. Como toda decisión trascendental traerá realineamientos, y si de nuevas alianzas y elecciones se trata hay que reconocer que hasta el 22 de junio predominará la lógica pre-electoral de cerrar candidaturas.

El marco discursivo de la campaña electoral

El macrismo aún no parece dar respuestas serias ante el lanzamiento de fórmula Fernández-Fernández. Durán Barba en su columna de Perfíl escribió un artículo con puras especulación y sin ninguna rigurosidad de análisis. Si algo no desconoce Durán Barba es la política argentina. Considerar que la fórmula Fernández-Fernández tiene un “piso” electoral más bajo que el de la candidatura de Cristina a presidenta es propio de una provocación sabiendo de quién viene y conociendo la abundante información que maneja.

La respuesta lógica a partir de la política que viene desarollando Cambiemos consistirá en intentar asociar a Alberto Fernández a un “titere” de Cristina. Para ellos su adversaria es Cristina y focalizaran en reforzar la polarización para evitar el éxito de la apuesta Fernández-Fernández.

La nueva fórmula presidencial es una apuesta por descomprimir la polarización y garantizar un triunfo opositor. Y estos dos objetivos van directamente asociados. Solo desarticular parcialmente los ataques a Cristina podría asegurar un triunfo en primera vuelta o una amplia ventaja en el ballotage.

Como sostiene Mario Riorda una nueva batalla discursiva se está abriendo. Si en el debate público gana lugar el debate respecto a cuánto más o menos kirchnerista es Alberto saldrá favorecido Cambiemos. Mientras que si predomina el debate en torno a la situación actual del país y cómo salir adelante de la crisis saldrá beneficiado el dúo Fernández. Curiosamente será el macrismo el que esté hablando del pasado “oscuro” al que “no hay que volver” mientras que desde la principal oposición se estará hablando del presente y el futuro. Todo muy distinto a 2015.

Cuando Cristina sostuvo en la Feria del libro la necesidad de lograr un “contrato social de ciudadanía responsable” planteó una agenda de futuro de cara a la situación actual de la Argentina. Cuando con Alberto Fernández decidió su candidatura se le puso nombres y caras a los principales personajes de esta apuesta (y aún faltan más). Con la agenda, los nombres y las caras no se gana ninguna elección. Ahora falta la batalla discursiva que protagonizaremos la mayoría de los argentinos y las argentinas. Una batalla en la que un futuro de acuerdos le puede ganar a un presente de caos y de odios.