Entrevista a Natalia Aruguete
Por Magdalena Chirom
Nuevas mayorías

¿Es Macri “el presidente de Facebook”? ¿Cómo se vincula el apoyo mediático con el funcionamiento de las redes oficiales? ¿Cuál es el vínculo entre el movimiento feminista y las redes sociales? ¿Es posible terminar con la polarización para 2019? Todas estas preguntas y muchas más respondidas por la especialista Natalia Aruguete.

Natalia es doctora en Ciencias Sociales y magister en Sociología económica. Su especialidad es el estudio de las agendas pública, mediática y política a partir del cual ha elaborado su libro “El poder de la agenda” publicado por la editorial Biblos en 2015. Junto a Ernesto Calvo se destacan por estudiar minuciosamente el impacto de las distintas agendas en las redes sociales.

La entrevistamos para profundizar en el análisis del uso de redes sociales vinculado a la política en la Argentina. En un momento de crisis del gobierno de Cambiemos, en el cual el derecho al aborto y el feminismo continúan cobrando visibilidad, y mientras el papel de los medios tradicionales no deja de motivar debates, Natalia nos ofrece algunas valiosas certezas.

Aruguete junto a su libro, “El poder de la agenda”.

Hoy es innegable que hay una grieta en términos políticos en la sociedad: ¿las expresiones de esa grieta en las redes son un reflejo de un fenómeno social o las redes son las productoras de esa polarización? 

Nosotros estamos viendo, en los trabajos de análisis de Twitter que venimos haciendo junto a Ernesto Calvo, que la polarización en las redes sociales no es una variable invariante. Es un tipo de comportamiento que puede ir variando, y por cierto lo está haciendo en temas como el aborto, en función de la temática que se pone en discusión en las redes.

Observamos que había una fuerte polarización política en el caso del tarifazo o en el caso de Santiago Maldonado. En ese sentido yo diría que puede pensarse como consecuencia del momento político, de las problemáticas y de los climas políticos que estén en juego, y de cuánto esos temas atraviesan o no la política y la cortan transversalmente.

Aunque las redes tienen lógicas particulares que puedan reforzarla, no me animo a pensar las redes sociales como una causante de la polarización sino como una manifestación más de los tiempos que corren.

¿Hay en el debate del aborto una posibilidad de romper la grieta? ¿O genera una polarización de otra manera, en donde las feministas hablan entre ellas y quienes se oponen también?

No hay polarización en el diálogo político en torno al aborto. El hecho de que atraviese a la política, de que las divisiones se dieron al interior de los partidos políticos y no entre partidos políticos, y sobre todo el hecho de que la narrativa que primó no haya sido de responsabilizar a unos contra otros respecto de cuestiones pasadas sino de una propuesta para adelante, fueron elementos claves. Aquí no hay chicana, que es un tipo de discurso que domina muy fuertemente la narrativa en las redes sociales, en Twitter sobre todo.

No hay polarización en el diálogo político en torno al aborto

El tipo de usuarios cuyos mensajes tuvieron mayor capacidad de propagación no son los usuarios más jerárquicos, como ha sido en otros casos como el tarifazo o Maldonado, en donde los usuarios institucionales, los políticos y los medios tradicionales eran los que más traccionaban la propagación de mensajes en Twitter. En este caso son usuarios de la comunidad caracterizada por el activismo pro-derechos. Y eso además se impuso en la agenda mediática tradicional, que dio legitimidad a ese tipo de encuadre, lo cual rompe con la inercia de la polarización de las redes sociales.

¿Qué rol tuvieron las redes sociales y los medios tradicionales para el surgimiento de la nueva ola feminista?

Los movimientos feministas son de larga data, los encuentros de mujeres son de mediados de la década del 80 por ejemplo. Creo que el movimiento Ni Una Menos (NUM) supo “negociar los criterios de noticiabilidad de los medios tradicionales”. Digamos, cuando un actor social quiere cobrar visibilidad mediática, hay autores que plantean que tiene que haber allí una negociación con lo que son los criterios de noticiabilidad de los medios tradicionales. El NUM supo entender esos códigos y logró irse legitimando cada vez más. La posibilidad que se abre si se logra que el aborto sea ley será un punto de partida para establecer verdaderamente una agenda de género que todavía tiene que abrirse camino.

El impulso a través de las redes sociales fue fundamental. Las redes pueden ser un espacio de desobediencia civil, de promoción de agendas novedosas, aunque no es la vía excluyente ni lo garantiza. La cuestión es cómo esta agenda de redes juega con las otras agendas: la mediática y la política.

Ahí hay un desfasaje entre el crecimiento del movimiento feminista y la política, en tanto las propuestas políticas no terminan de incorporar esa agenda como propia, como se vio en las últimas elecciones.

Lo que pasa es que los tiempos políticos son mucho más lentos que los tiempos sociales. En este momento, si bien hubo una puja importante en términos de activismo por parte de los movimientos para instalar esto en la agenda política, también hubo una habilitación desde la política para que el aborto tuviera espacio cuando el gobierno abrió el debate en el Parlamento. Lo que tienen que hacer los movimientos pro derechos y feministas es aprovechar ese resquicio que deja la política para imponer una agenda de género más amplia, pero no es sin ese juego y negociación.

Si se observa con atención, las marchas de Ni Una Menos tienen bastante legitimidad, pero los encuentros nacionales de mujeres no. Los encuentros en general terminan con la represión por parte de las fuerzas de seguridad, que se presenta con enfrentamientos e incidentes. Si el aborto logra ser ley habría que estudiar cómo se empiezan a cubrir esos encuentros, entendiendo que se legitimaría un reclamo que salió de allí.

Volviendo a la agenda de la política más tradicional: el PRO emerge como una fuerza moderna apoyada en los principales medios tradicionales, pero también en el buen uso de las redes sociales. Incluso se ha llamado a Macri como “el presidente de Facebook”. ¿Vos crees que el apoyo de los medios tradicionales fue determinante para la victoria de Cambiemos? ¿Cómo se vincula este apoyo con el uso oficial de las redes sociales?

Los presidentes anteriores de la región que intentaron sortear a los medios haciendo una comunicación cerrada, es decir más directa con la población, tuvieron sus logros y sus reveses. La comunicación vía redes sociales no es garantía ni absolutamente efectiva sin una apoyatura de los medios tradicionales. Con esto no estoy diciendo ni si son amigos o enemigos, lo que digo es: no es 100% por fuera de ellos que se logra una comunicación exitosa. Los medios tradicionales también tienen su autonomía y pujas respecto del poder político, no son ni permanentemente opositores ni permanentemente oficialistas.

Este gobierno tiene muy aceitada su relación respecto de qué tipo de enlatados entregan a los medios, por ejemplo los timbreos que aparecen como algo espontáneo no lo son. Es un producto que se lanza de manera simultánea en las redes y en los medios, fabricado cuidadosa y planificadamente.

Los medios tradicionales también tienen su autonomía y pujas respecto del poder político, no son ni permanentemente opositores ni permanentemente oficialistas.

Yo no tengo estudiada la comunicación de gobierno vía las redes sociales, por lo que no me animo a decir nada muy taxativo, pero los momentos de crisis que ha tenido este gobierno no han sido remontables tan fácilmente ni dentro ni fuera de las redes. No es que si Macri sube a Snapchat una foto de él armando el arbolito de navidad con su hija, gana la sensibilidad de la población argentina. Por cierto, en el marco de algunas crisis políticas el gobierno no apareció en las redes sociales y dejó el escenario vacante. Allí quienes hicieron el trabajo sucio fueron las cuentas falsas, los trolls y los robots. No pondría como un invariante el éxito del gobierno en las redes sociales.

 ¿En la crisis actual el gobierno está más silenciado y guardado? ¿Eso puede ser efectivo?

En los casos de conmociones públicas en donde para el gobierno era difícil articular un argumento legitimable, las cuentas institucionales desaparecieron de la escena mediática y de las redes sociales y su terreno fue ocupado por otros. No creo que en este momento el gobierno haya desaparecido de la escena, creo que elige cuidadosamente a quienes hacer aparecer y cómo. Lo que percibo también es que los medios tradicionales ponen más en entredicho las decisiones políticas del gobierno, las económicas. Esto no quiere decir que se esté corriendo de la esfera pública, sino que hay un momento de mayor tensión que cuando “la cosa va bien”.

Cada vez que aparecen las medidas más antipáticas, sobre todo en términos económicos, se renueva el debate sobre si los medios de comunicación tradicionales pueden fijar la agenda independiente de la materialidad que vive la gente para favorecer a Macri o no, y si así pueden manipular la opinión pública. ¿Cuál es tu opinión sobre este tema?

Los medios no establecen agenda en un vacío social, dialogan con el discurso que está circulando en la sociedad. Con esto no estoy diciendo que haya una paridad entre los medios tradicionales y la sociedad civil, la correlación de poder es profundamente desigual, pero no pueden funcionar de manera independiente. Ya no se puede pensar en una sociedad estúpida que repite lo que dicen los medios sin ningún tipo de puesta en cuestión.

Hoy no existen medios que le hablen a toda la población, por mucho poder y mucho alcance que tengan, la gente ya es más selectiva en cuáles consume. Se escuchan aquellos medios y periodistas que confirman lo que la gente ya vienen trayendo desde sus creencias. Los medios no van a resolver el escenario político de cara a 2019.

El kirchnerismo durante su gobierno intentó confrontar contra algunos medios tradicionales, ¿qué saldo crees que dejó esa experiencia?

El gobierno de Cristina perdió la batalla con Clarín. Creo que hubo algunas desinteligencias en avanzar por todo y finalmente no tomar reivindicaciones parciales aprovechando el plafón que daba la Ley de Medios, dejando pasar oportunidades que no creo que puedan volver a repetirse próximamente. Me queda como mirada optimista el hecho de que, si bien fue una reivindicación de la sociedad civil, la legitimación y aprobación de la agenda política es lo que permitió que sea ley.

El gobierno de Cristina perdió la batalla con Clarín

También dejó sus marcas en términos culturales: la inmaculada concepción de los medios tradicionales se cayó, en parte la polarización mediática tiene que ver con eso. Los medios tuvieron que adaptarse y transparentar sus posiciones editoriales frente a determinadas cuestiones. Eso es un saldo positivo, entre los muchos negativos, que dejó este embate entre los medios y el gobierno anterior.

Luego de su fracaso en 2017, ¿creés que es viable pensar alternativas que se planteen por la “avenida del medio” o que superen la polarización de cara al 2019?

Creo que depende de los temas y de la maduración política de la sociedad argentina. El caso del aborto es un claro ejemplo de que es posible en temas de políticas públicas. Depende del nivel de estructuración que haya detrás de esos temas y cual sea su desenlace. De cara a las elecciones es más difícil en tanto que las elecciones y las campañas electorales en general polarizan, en Argentina y en cualquier lado. La polarización tampoco es nueva en Argentina, solo que hay mecanismos tecnológicos y discursivos que la consolidan o aflojan. No veo probable que se supere la polarización de cara a las elecciones de 2019.