¿Cómo seguimos educando?
Por Esteban Frechtel y Nicolás Schvartzman
Nuevas mayorías

Los debates educativos no se tejen en el aire. Más allá de los aportes correspondientes a las elaboraciones teóricas, les docentes nos vemos obligados a pensar la educación en el territorio y quienes lo hacemos de manera colectiva, en una variedad de condiciones que presentan los distintos territorios en los que trabajamos.

Como en cada debate educativo, toda mirada sistemática y unificadora choca con la realidad de un sistema cada vez más heterogéneo. Por eso mismo, el desafío de dar respuesta a las problemáticas que instala el COVID-19 supone, por un lado, arrimar orientaciones acerca de cómo enseñar a distancia y con medios virtuales, pero al mismo tiempo reparar en el hecho de que no en todas las escuelas eso resulta posible o al menos no de la misma forma.

Combinando orientaciones pedagógicas con un estado de la cuestión acerca de las condiciones en que muchas escuelas intentan seguir educando en el contexto de la pandemia, acercamos a continuación la palabra de algunes especialistas y la síntesis de una serie de entrevistas realizadas a docentes que trabajan en distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires (correspondientes a los distritos escolares n° 1, 7, 10, 12, 18 y 19), tanto en escuelas de gestión pública como de gestión privada.

Las posibilidades

Aunque hace años que el debate acerca de las TICs está en la agenda, la coyuntura actual le da un protagonismo inédito. Sin dejarse llevar por la simple glorificación de la tecnología ni por las visiones que la postulan como una suerte de panacea para los problemas de la educación, vale decir que el contexto impone la adopción de nuevas estrategias en que las TICs juegan un papel central.

Para el pedagogo Francesco Tonucci no tiene mucho sentido dar para el ámbito doméstico tareas o deberes que pretendan replicar las prácticas escolares, y resulta en cambio mucho más valiosa la búsqueda de nuevos puntos de partida: una obra de arte, una noticia o una publicidad como base de alguna pregunta que guíe la búsqueda autónoma de les estudiantes. Edith Litwin plantea que elaborar un vínculo pedagógico en un contexto de educación a distancia implica construir un puente en el que caminar de la mano de les estudiantes para luego decidir cuándo soltarlos, en qué punto del recorrido pueden continuar la marcha por su cuenta. En ese sentido, algunes de les entrevistades se han visto en la necesidad de revisar el modelo de clase expositiva o magistral, así como a preguntarse qué es lo central de la figura docente, qué es lo que distingue la exploración guiada por un docente de una explicación cualquiera de ese mismo tema que pudiera estar disponible en la web.

Entre les docentes entrevistades, algunes han valorado la posibilidad de desplegar distintos tipos de recursos en un mismo dispositivo. Con ese espíritu, la pedagoga Mariana Maggio se ha dedicado a explorar ciertas estrategias didácticas que, sin ser privativas de las TICs, sí se ven facilitadas por el uso de medios digitales. La autora habla de inclusión genuina para referirse a todo intento de emular en el aula los modos en que las tecnologías son utilizadas para construir conocimiento especializado. Aunque pueda parecer de alta complejidad o exclusivo de las ciencias experimentales, en el terreno de las ciencias sociales puede verificarse, por ejemplo, en el reemplazo parcial de la biblioteca física por los buscadores de literatura académica.

Por otro lado, la enseñanza en referencia a lo actual es otra estrategia que puede verse facilitada por el uso de la tecnología. Valerse de los medios de comunicación de masas en los que les estudiantes están inmerses implica reconocerles como sujetos sociales de un tiempo y un lugar, y en función de eso atender a los interrogantes que dicha implicación pudiera despertar en elles. La identificación de tendencias políticas y culturales (movimientos sociales, géneros artísticos o formas de consumo) que suelen tener eco en las redes sociales puede ser una buena manera de incluir las TICs tendiendo puentes con la actualidad, así como enmarcar las actividades y producciones en intervenciones comunitarias (búsqueda de soluciones a problemas concretos de la realidad, análisis de situaciones críticas, expansión de la conciencia sobre cuestiones controversiales), diferentes en cierto modo al “como si” que suele impregnar la cultura escolar, y eventualmente capaces de incidir en mayor o menor medida en la trama social de la que les estudiantes forman parte.

Las dificultades

En muchos casos, la mera posibilidad de desplegar las estrategias reseñadas se ve impedida por un dato básico: de acuerdo a lo que nos plantearon les entrevistades, en muchas escuelas un alto porcentaje de estudiantes carece de computadora o no tiene acceso a conectividad vía red wi fi. En algunas situaciones, la conexión se da por medio del servicio de datos móviles del teléfono celular, dispositivo que de ningún modo resulta propicio para la tarea educativa. Aún así, y con tal de mantener de alguna manera el vínculo con les estudiantes y las familias, les docentes se las ingenian enviando y recibiendo actividades por mail y por WhatsApp, medio que tampoco facilita el intercambio (la cantidad de estudiantes a cargo de cada docente requiere de aulas virtuales y en general de plataformas digitales que faciliten el intercambio colectivo).

En el caso de la escuela primaria, muches de les que cuentan con las netbooks del Plan Sarmiento solo pueden conectarse dentro de la escuela y no en sus casas, por lo que una herramienta que podría ser de gran utilidad en este contexto termina resultando estéril. Tanto en el nivel inicial como en el primer ciclo de la escuela primaria la cuestión se ve agravada por el hecho de que les chiques no tienen netbooks sino tablets que deben permanecer en las escuelas, mientras que las netbooks de 4to grado no llegaron a ser entregadas este año. En esos casos la continuidad se da en condiciones muy dificultosas, ya sea, como se dijo, por mail o por WhatsApp, o bien aprovechando las entregas de alimento para el reparto de cuadernillos, lo que de todos modos condiciona o en algunos casos imposibilita un ida y vuelta propicio y ágil con les docentes.

En el nivel secundario, por su parte, y dado que el Plan Sarmiento solo se extiende al nivel primario, les estudiantes no cuentan con las netbooks entregadas por el Gobierno de la Ciudad. Algunes docentes observan que, a medida que aumenta el nivel socioeconómico de la población escolar, aumenta la entrega de trabajos en Word, mientras que en otros casos mandan las respuestas por chat o sacan fotos de las hojas de la carpeta. En los dos niveles se intenta mantener la continuidad a través del blog escolar, pero en ambas situaciones la mayor dificultad está en la posibilidad de instancias compartidas y unificadas para un ida y vuelta que vaya más allá del (en el mejor de los casos) envío unilateral de trabajos prácticos.

En el nivel medio las diferencias entre las escuelas de gestión privada y las escuelas de gestión estatal resultan notorias. Más allá de la disparidad socioeconómica que pueda haber entre ellas (una está ubicada en Núñez y la otra en Nueva Pompeya), en las dos escuelas privadas analizadas, todes les estudiantes cuentan con los medios técnicos básicos (computadora y acceso a red wi fi) para mantener el vínculo pedagógico a la distancia. En los secundarios públicos, en cambio, sin importar su ubicación (comparamos secundarios públicos de Núñez, Lugano y Retiro), al menos la mitad de los estudiantes carecen de esos medios, lo que empobrece las posibilidades de intercambio.

La desigualdad

Según Edith Litwin, la noción de la “generación digital”, que esencializa y falsamente iguala a todes les chiques y jóvenes, puede llevarnos a hacer caso omiso de las desigualdades y las diferencias entre elles. Desde hace tres décadas que la sociología de la educación viene señalando la progresiva heterogeneización del sistema educativo argentino, cada vez más alejado de la vocación homogeneizadora que en sus orígenes supo imprimirle la ley 1420. En virtud de los sucesivos procesos de segmentación, fragmentación y segregación educativa, sujetos pertenecientes a distintos grupos sociales transitan distintos circuitos del sistema, reforzando la distancia y en algunos casos también las disparidades que se replican a su vez en el mercado de trabajo.

Esta coyuntura nos permite observar que, como nos ha planteado un docente de Lugano, en las puertas de las escuelas de los barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires las familias hacen largas filas para recibir bolsones de comida más que insuficientes, al tiempo que, en sus casas, las mencionadas carencias en equipamiento técnico y conectividad dificultan o hasta impiden la continuidad pedagógica. Todo indica que, así como están las cosas, la educación a distancia no solo agrega una nueva brecha a las ya existentes entre las escuelas de gestión pública y de gestión privada, sino que también desnivela a estudiantes de una misma escuela y hasta de un mismo curso.

En definitiva, si bien la discusión sobre la pertinencia y el valor de las TICs en educación resulta sumamente valiosa, esta no debe darse sin un análisis previo de los factores que podrían seguir profundizando las desigualdades educativas. Un sistema educativo tecnificado debe garantizar los medios técnicos para acceder a dicha novedad. De lo contrario, estaremos cada vez más lejos del horizonte inclusivo que pretendemos para nuestra educación pública. Si el avance de las TICs resulta impostergable, hoy queda claro que primero es preciso asegurar las condiciones materiales para implementarlas.