Nuevas mayorías

El triunfo de Macri marcó un retroceso cualitativo para nuestro país, transformando el escenario político que se había conformado, primero, tras la explosión de diciembre de 2001, y después, como resultado de la respuesta a la sublevación de las patronales agropecuarias en 2008.

Pero ya habiendo corrido un prudente tiempo desde diciembre de 2015, adherimos a la necesidad de tomarnos en serio la pregunta por el significado del macrismo: más que un error histórico o un fenómeno pasajero, ¿con qué profundas raíces sociales contacta este nuevo intento por restaurar la hegemonía neoliberal?

¿Cuál es el equilibrio entre lo nuevo y lo viejo en este proyecto que desde ciertos aspectos parece ser la repetición de programas económicos del pasado y por otro lado presenta la novedad de haberse despojado de los partidos políticos tradicionales? ¿Representa un proyecto histórico con posibilidades ciertas de estabilizarse en el largo plazo en nuestro país? ¿Es posible ese proyecto a pesar de la serie de multitudinarias y multiformes movilizaciones que se suceden casi todos los meses?

Y como reacción en espejo, múltiples nudos problemáticos asaltan a quienes ansiamos la emergencia de una alternativa que pueda derrotar al proyecto encarnado por Macri: ¿surgirá finalmente una oposición funcional a la medida de Cambiemos? ¿Qué rol jugaría un posible “PJ reciclado” y Unidad Ciudadana en este contexto? ¿Qué alcance y forma debería tener un proceso de unidad de las fuerzas de la oposición? ¿Cuánto del futuro de la oposición en nuestro país se juega en las reuniones entre dirigentes y cuánto en el surgimiento de nuevas demandas y representaciones políticas? ¿Qué características debe tener un proyecto que ponga freno al neoliberalismo?

En síntesis, ¿hay 2019? ¿O nos encaminamos a una derrota segura que estirará al menos por cuatro años más el proceso actual?