México: AMLO y el derecho a la esperanza
Por Sergio Avalos
La globalización ha muerto

¿Quién es AMLO, el actual candidato a la presidencia de México? ¿Cuál es el contexto actual del país y lo que está en juego en las elecciones de 2018? ¿Qué es Morena y cuál es su proyecto de Nación?

En una entrevista que el periodista argentino Miguel Bonasso le hiciera a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 1996, éste último concluía diciendo que deseaba que al pueblo de México nadie pudiese quitarle el “derecho a la esperanza”. No es entonces casual que el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), que promueve e impulsa a AMLO desde 2012, se autodenomine “La esperanza de México”. La citada entrevista, rescatada recientemente de los archivos por la periodista mexicana Carmen Aristegui, es particularmente interesante, empezando por el título: “La forja de un rebelde”. Si la idea de Aristegui era mostrar en qué había cambiado AMLO en los últimos 22 años, lo que en realidad descubrimos, a lo largo de casi una hora de intercambio, es la persistencia de ideales y convicciones de quien se presenta por tercera vez como candidato a la presidencia de México: AMLO narra brevemente los inicios de su sensibilización a los problemas de la población indígena de Tabasco en oposición a las invasiones y a la contaminación provocadas por la empresa petrolera paraestatal Petróleos Mexicanos (PEMEX).

¿Cuál es el contexto actual del país y qué está en juego en las elecciones de 2018?

Si las convicciones y el diagnóstico de AMLO parecen no haberse movido, lo que sí ha cambiado muchísimo es el contexto en el que se dan los procesos electorales. La fraudulenta llegada al poder en 1988 del neoliberal Carlos Salinas de Gortari marcó una ruptura al interior de su propio partido (el oximorónico Partido Revolucionario Institucional – PRI) y la consolidación paulatina de nuevas formas de organización política que trataban de hacerle frente. Un ejemplo de ellas es la revuelta liderada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1° de enero de 1994 (fecha de entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte -NAFTA). Pero también fue el inicio de la imposición abierta y frontal de profundas reformas neoliberales que siguen teniendo consecuencias desastrosas.

A la tradición mexicana del fraude electoral la sociedad ha ido respondiendo con más y mejor organización, sexenio tras sexenio, pero sin poder evitar el avance progresivo del desmantelamiento neoliberal del país. 1988 fue también el último año en el que gobernó el PRI en todos los estados del país, pues a partir de 1989 empezaron las alternancias selectivas y negociadas con la derecha (Partido Acción Nacional – PAN), conocidas como “concerta-cesiones”. Un acercamiento que facilitaría, una década después, una alternancia de fachada con el arribo al poder en 2000 del panista Vicente Fox.

Esta nueva maquinaria conocida coloquialmente como “PRIAN” tiene como hilo conductor la aplicación a ultranza de políticas neoliberales. Por otro lado, es importante mencionar que habiendo llegado a la presidencia de la República mediante un gran fraude electoral en 2006, Felipe Calderón puso en marcha una guerra contra el narcotráfico como estrategia para recuperar algo de legitimidad política. Sin embargo, se trató de una idea improvisada, mal planeada y mal ejecutada que desató un tsunami de violencia que parece no tener fin. Esta guerra fue continuada por su sucesor Enrique Peña Nieto, presidente actual, durante cuyo mandato el país parece haber tocado fondo. Tan sólo en lo que va de 2018 se han contabilizado noventa homicidios por día. Se trata, como lo dice el diario  El País, del “año electoral más letal”.

 

Esta nueva maquinaria conocida coloquialmente como “PRIAN” tiene como hilo conductor la aplicación a ultranza de políticas neoliberales.

 

Las personas desaparecidas (de las que se tiene registro) se cuentan por centenas, las mujeres asesinadas igualmente. En cinco meses hemos alcanzado la cifra de nueve candidatos y cinco periodistas asesinados. Violencia, impunidad, corrupción. México se ha convertido en una pesadilla.

En este contexto, la clase política que se ha alternado en el poder desde 2000 ha hecho alianzas impensables con el objetivo de impedir que AMLO y su partido-movimiento logren al fin llegar al poder. El partido de centro-izquierda (Partido de la Revolución Democrática – PRD) se unió a la derecha (PAN) y a un partido pequeño de ideología brumosa denominado Movimiento Ciudadano (MC), en la Alianza Por México al Frente.

El secular PRI va en alianza nacional con un engendro denominado Partido Verde Ecologista que es todo menos ecologista y con otro partido pequeño conocido como Partido Nueva Alianza (PANAL). También se presentan por primera vez dos “candidaturas independientes”: Jaime Rodríguez (alias “El Bronco), ex gobernador de Nuevo León cuya propuesta principal es “cortarle la mano a los corruptos” y Margarita Zavala, ex panista esposa del ex Presidente de México Felipe Calderón. Esta última, ante sus escasas posibilidades decidió abandonar la contienda el pasado 16 de mayo.

Morena, por su parte, después de haberse resistido a las alianzas, terminó pactando con el Partido de los Trabajadores (PT) y con un inquietante partido de corte evangelista llamado Partido Encuentro Social (PES).

En un reciente encuentro con universitarios del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Nuevo León, AMLO señalaba que, después de haberse presentado en dos ocasiones a la presidencia, había aprendido mucho más del funcionamiento electoral y político de un país profundamente diverso y complejo. En efecto, el Centro (con excepción de la Ciudad de México) y Norte del país, mucho más conservadores, han sido siempre impermeables al discurso progresista.

Sin embargo, Morena ha tenido la habilidad de incluir en su proyecto a importantes figuras que provienen de todo el espectro socio-político mexicano. Entre los ejemplos podemos citar al Padre Solalinde, defensor de los derechos de los migrantes; a Nestora Salgado, ex Policía Comunitaria de Guerrero; o incluso a eminentes panistas decepcionados del rumbo que ha tomado su propio partido, como Germán Martínez Cázares. AMLO aprendió que en un país como México es imposible llegar al poder y gobernar sin establecer un mínimo de alianzas con los sectores más disímbolos.

 

Morena ha tenido la habilidad de incluir en su proyecto a importantes figuras que provienen de todo el espectro socio-político mexicano.

 

El analista Javier Garza Ramos señalaba en un artículo reciente que AMLO, más que ganar en el Norte, necesitaba obtener “un resultado ligeramente superior a su voto histórico” pero que de hecho estaba ya doblando su “máximo histórico”. A nivel nacional las últimas encuestas le dan entre 15 y 20 puntos por encima de su adversario más cercano, Ricardo Anaya de la Alianza Por México al Frente. En el ánimo de la gente, incluidos sus adversarios, la pregunta ya no es si AMLO va a ganar. Lo que todos nos preguntamos es si la oligarquía está dispuesta a ceder el poder y hasta dónde están dispuestos a llegar para mantenerse en él.

¿Qué es Morena y cuál es su proyecto de Nación?

El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) nació como una Asociación Civil el 2 de octubre de 2011 con el objetivo de apoyar la candidatura de AMLO a la presidencia de la República en 2012. Es esencialmente un movimiento integrado por ciudadanas y ciudadanos conscientes y comprometidos con la transformación de la vida pública de México. En el contexto electoral de ese entonces, al no ser aún un partido político, AMLO se presenta como candidato de la coalición Frente Amplio Progresista (PRD-PT-MC), con un PRD que ya había sido cooptado por una corriente pro neoliberal y que terminó -como ya lo mencionamos- aliándose abiertamente con la derecha.

Después del fraude de 2012 y ante el giro que tomaba el PRD, los militantes tomaron la decisión, a través de una amplia consulta, de pasar oficialmente de movimiento a partido político, pero sin perder el importante espíritu de movimiento.

 

 

El 9 de julio de 2014 Morena recibió el reconocimiento oficial como partido político nacional. Pero desde 2011 miles de ciudadanos recorren el país informando y organizando al pueblo. Se ha avanzado mucho en poco tiempo. Se han creado espacios de poder popular, se han ganado ayuntamientos y espacios legislativos desde los que se han frenado megaproyectos, se ha impedido el despojo de comunidades y se ha luchado por la soberanía nacional. Es probable que ese espíritu de movimiento haya influido también en el hecho de que miles de simpatizantes han creado comités Morena en el Exterior, principalmente en USA y Canadá, pero también en Europa y Asia.

A través de un programa transversal y con vocación social (Proyecto 18), ampliamente elaborado por militantes, asociaciones y especialistas, Morena plantea propuestas educativas para hacer efectiva la cobertura universal. En el tema de la seguridad, se pretende atender las raíces del problema mediante una aplicación estricta de la ley pero también con programas de asistencia social. En el ámbito energético, el objetivo es la soberanía y la transición hacia energías limpias, y en el agrícola, la soberanía alimentaria y el impulso a la agroecología. De esta manera, Morena pretende ser una luz de esperanza en un contexto devastador.

¿Cuáles son sus desafíos?

Morena no es, obviamente, una panacea. Porque las panaceas no existen, pero puede ser un instrumento para iniciar una transformación de la vida pública de México. Antes del proceso electoral, uno de sus desafíos es convencer a la gente de que no se trata sólo de un cambio de personas a la cabeza del ejecutivo, sino de una verdadera alternativa al neoliberalismo que busca sentar las bases de una sociedad más justa. Sería ingenuo pensar que el empoderamiento y la reorganización de la ciudadanía o un cambio de mentalidades pueden concretarse en el lapso de un sexenio, sobre todo considerando lo que habría que reconstruir y las inercias y resistencias que sin duda opondrá lo que quede del sistema.

La labor se antoja titánica, como lo parecía el poder gobernar correctamente e iniciar un cambio en una urbe como la Ciudad de México. Sin embargo, AMLO se enfrentó al desafío de gobernar la capital de 2000 a 2005 y no lo hizo mal.

 

Sería ingenuo pensar que el empoderamiento y la reorganización de la ciudadanía o un cambio de mentalidades pueden concretarse en el lapso de un sexenio.

 

Los adversarios de Morena no paran de decir que lo que mueve a los eventuales votantes es sólo la rabia y que ésta nubla su razón. Hay con seguridad mucho de hartazgo, pero también mucho de reflexión.

Mientras tanto, en espera del día “D”, la ciudadanía mexicana vive en la angustia de saber hasta dónde llegarán los que podrían ser los últimos coletazos del dinosaurio y esperan que, a diferencia del cuento de Monterroso, al despertar el 2 de julio el dinosaurio ya no esté allí.