Una guerra contra la globalización
Por Agustina Sánchez
La globalización ha muerto

Con foco en China, los Estados Unidos de Donald Trump están profundizando sus medidas proteccionistas. La estrategia de defensa de la producción nacional y su mercado interno pone en entredicho el sistema económico internacional que viene desarrollándose desde los años 80.

La actual “guerra comercial” se enmarca en la magnitud y persistencia del déficit externo norteamericano (y el superávit de cuenta corriente chino), que supone fuertes desequilibrios a nivel global y se viene expandiendo desde la caída del sistema económico creado tras la segunda guerra mundial: los acuerdos de Bretton Woods.

Dice Mario Rapoport que “la llegada de Donald Trump a la presidencia, planteando el eje de su política comercial en medidas defensivas y proteccionistas, que en otros aspectos lucen discriminatorias e incluso amenazantes para la paz del mundo, tampoco sorprenden demasiado. Nos ponen en guardia sobre los elementos teóricos errados de la teoría de las ventajas comparativas, que constituyó la base del comercio internacional en el capitalismo de nuestra época, y demuestra la hipocresía de una práctica comercial que sólo existe en circunstancias que favorecen a las grandes potencias o corporaciones”.

Lo cierto es que el desajuste entre los fondos domésticos disponibles y la inversión local condujo al cambio de EEUU, de ser la más grande nación acreedora, a ser la mayor nación deudora a escala mundial. A partir de 1983 la posición de la inversión internacional neta de EEUU ha sido continuamente negativa y equivalente al excedente de inversión en capital respecto a los ahorros nacionales. El capital foráneo ingresado en la cuenta de capital ha financiado el desequilibrio macroeconómico de EEUU y ha permitido a la ciudadanía de ese país comprar más de lo que venden en el mercado internacional de bienes y servicios, además de hacer posible un crecimiento económico mayor en relación al que permitirían los recursos locales.

China, por su parte, quiere mantener un rápido crecimiento de sus exportaciones, un tipo de cambio subvaluado y grandes excedentes de cuenta corriente, y EEUU acepta con gusto un dólar sobrevaluado y grandes déficits de cuenta corriente, porque le agrada vivir más allá de sus posibilidades económicas.

Después del colapso de 2008, los desesperados ruegos de Hillary Clinton para que Pekín continuara comprando bonos del tesoro estadounidense, parecieron confirmar que China estaba desplazando a EEUU, el supuesto culpable de la crisis, y convirtiéndose en un nuevo centro en la economía global.

Persistencia y magnitud de los desequilibrios globales, las causas sustantivas de la guerra comercial

Es interesante analizar la o las causas que subyacen la actual situación de desequilibrio.

Podría mencionarse, por un lado, la caída de la tasa de ahorro en EEUU, así como también que éste se ha convertido en un buen lugar para invertir, atrayendo ahorro externo, que ayuda a financiar la inversión norteamericana y su cuenta corriente.

Puede hablarse, también, de la codependencia sino-norteamericana, que subraya el nivel de satisfacción de los países asiáticos, principalmente China, con una situación en la que la demanda de exportaciones es desproporcionalmente importante en relación con la demanda doméstica, una posición que se sostiene mediante tipos de cambio subvaluados y se refleja en el acelerado crecimiento de las importaciones de EEUU en el último tiempo.

El resultado de esto son superávits persistentes de cuenta corriente para China y, dada la sobrevaluación del dólar, déficit para EEUU. Hasta hace algunos años, EEUU estaba igualmente feliz con este estado de las cosas, porque podía vivir por encima de sus posibilidades económicas, importando ahorros chinos bajo la forma de capital a corto plazo, que luego transforma y reexporta bajo la forma de Inversión Extranjera Directa (IED).

Por otro lado, un sistema financiero ineficiente y débil en China, que impide que los ahorros chinos financien una inversión adecuada para el sector exportador, está dentro de las causas; así como también podría deberse a la falta de conocimiento organizacional, que solo puede mejorar mediante IED vinculada con la exportación, que transfiere conocimiento organizacional desde el exterior.

Asimismo, el mal funcionamiento de las instituciones financieras internacionales tiende a generar las condiciones para la gestación de desbalances y crisis de magnitudes como la actual. Por un lado porque la posición del dólar como moneda de reserva mundial incrementa sensiblemente los grados de libertad de la política macroeconómica de los EEUU, la cual es implementada sin tomar en cuenta su incidencia en el resto del mundo, y por el otro porque la ausencia de un prestamista de última instancia en un mundo de volátiles flujos de capitales internacionales (ya que se ha puesto en evidencia la ineficacia del FMI y del Banco Mundial para cubrir este rol), llevó a las economías en desarrollo a acumular reservas como mecanismo de auto aseguramiento para enfrentar situaciones de estrés financiero.

Los gobiernos asiáticos, fuertemente afectados por la crisis, son hoy más adversos al riesgo. Prefieren una menor dependencia de la entrada de capitales y superávits, en lugar de déficit de cuenta corriente, que obtienen sometiendo a sus economías a una menor presión de la demanda. De esta manera, se sienten satisfechos cuando acumulan reservas internacionales.

Siguiendo a Michael Pettis, allí donde se contiene el consumo, en relación a la producción, el resultado es un aumento del ahorro. Si el ahorro doméstico excede a la inversión doméstica, en una economía abierta como es la de China, ese ahorro excedente se va a dirigir a otros países, en la forma de exportación de capital neto. La compra china de bonos del tesoro estadounidense es un ejemplo de tal exportación.

Este modelo de desarrollo produjo tasas de crecimiento milagrosas, mejorando rápidamente las infraestructuras y un sector manufacturero internacionalmente competitivo.

En consecuencia, el ahorro excedente chino tiene que ser exportado al extranjero a cambio de la demanda externa de sus productos manufacturados. Habida cuenta del tamaño del mercado estadounidense y la elevada liquidez de los activos de EEUU, especialmente de los valores del Tesoro, la mayor parte del ahorro excedente chino acaba dirigiéndose a EEUU.

Siempre según Pettis, pareciera ser que la economía estadounidense, frente a semejantes importaciones de capital, no tiene “otra opción” que responder a las crecientes entradas netas de capital con mayor inversión, desempleo o consumo. Pero con las entradas de capital empujando el dólar hacia arriba, abaratando las importaciones de manufacturas y penalizando a los fabricantes de EEUU, existen pocos incentivos para que las empresas estadounidenses se endeuden y aumenten la producción a escala doméstica, pues como se mencionó anteriormente, estos desequilibrios globales permiten a EEUU vivir por encima de sus capacidades. Por esa razón, en lugar de ello, las masivas entradas de capital alimentaron el aumento de la burbuja inmobiliaria y del consumo financieramente endeudado.

Un proceso de “desglobalizacion”

Si bien estas razones pueden dar cuenta de la aparición de los desequilibrios globales, no explican por qué el país con el sistema financiero más eficiente del mundo, que brinda servicios de intermediación al resto del mundo, no puede tener una cuenta corriente equilibrada, o un excedente.

No hay razón para que la importación de capital de corto plazo y la exportación de capital de largo plazo, requiera tener un déficit de cuenta corriente, como viene sucediendo en EEUU. Es decir, ser el centro financiero internacional y proporcionar servicios de transformación de vencimientos al resto del mundo, no condena a un país al déficit. China acumula sus acreencias en Estados Unidos bajo la forma de títulos, mientras que Estados Unidos acumula sus acreencias en China bajo la forma de inversión extranjera directa. Pero esto no puede explicar el patrón de desequilibrios de cuenta corriente.

Siguiendo la explicación anterior del modelo chino, es materialmente imposible para EEUU alcanzar excedentes comerciales y contener el consumo si ningún otro país está reduciendo sus excedentes y favoreciendo el consumo. En la economía global, el excedente de uno debe ir acompañado del déficit de otro.

Un auténtico reequilibrio de la economía global solo es posible cuando los países deficitarios y los países con superávits reequilibran sus economías locales simultáneamente, por medio de políticas contrapuestas. Es decir, EEUU debería limitar el consumo y favorecer el ahorro, mientras que China debería favorecer el consumo y reducir el ahorro, revirtiendo así el sentido de las respectivas balanzas comerciales.

De igual manera, cabe preguntarse si los países deficitarios no tienen otra elección que aceptar pasivamente lo que los países con superávits le exporten a ellos, porque siguen permitiendo esa entrada de capital. En este sentido, importa aclarar que la anterior premisa solo se aplica a “economías abiertas” en un sistema globalizado, donde las acciones de un Estado tienen consecuencias sobre la de otros, es decir, en un sistema donde existe la interdependencia.

Si tenemos esto en cuenta, se deduce que el análisis de los desequilibrios contrapuestos no sería válido si no hubiera sido por la culminación de la integración del mercado global, una consecuencia directa de la globalización y una de las principales premisas del capitalismo, esto es, por la retirada de numerosos controles nacionales de la economía.

Si nos remontamos al pasado, el estado actual de las cosas es la consecuencia directa del proyecto neoliberal que iniciaron Reagan y Thatcher en la década de los 80, tras el fin del sistema económico de Bretton Woods. El ascenso de un mercado global integrado hace que el flujo de bienes y dinero sea factible a una escala mucho mayor. La desregulación de los mercados financieros en EEUU y Europa ayudó a preparar a estos países para la masiva absorción de capital extranjero como combustible para actividades especulativas. Considerándolo bajo esta óptica, aunque el elevado ahorro y el modelo de crecimiento orientado a la exportación de los países con superávits es directamente responsable de los desequilibrios en los países deficitarios y del desequilibrio global en general, fue el giro neoliberal de EEUU en la década de 1980 el que estableció el escenario, permitiendo que funcionaran semejantes modelos de crecimiento. En la actualidad EEUU, pone en tela de juicio el propio sistema internacional de comercio que creo en los 80 como respuesta a la crisis, porque terminó teniendo consecuencias negativas para ese mismo país.

No es de sorprender entonces el triunfo de un presidente como Trump que, ya desde su candidatura, ha tenido un discurso nacionalista y proteccionista que refleja las demandas de la población de EEUU afectada principalmente por la falta de empleo, si los desequilibrios globales y la actual crisis que enfrenta EEUU a nivel doméstico e internacional fueron consecuencia, en gran parte, de una ferviente desregulación, de la apertura económica total, del fomento a los capitales financieros, de la especulación financiera y de la pérdida de control del Estado sobre la economía. Estos postulados nos ponen en guardia sobre los elementos teóricos errados de la teoría de las ventajas comparativas, que constituyó la base del comercio internacional en el capitalismo de nuestra época.

El gobierno norteamericano comenzó ahora una nueva era de proteccionismo, que se traduce e interpreta como una suerte de “guerra comercial” que, como mencionamos, aun es incipiente, pero que se pone en evidencia con la elevación de aranceles.

Así, los dichos de Trump en twitter, tales como “debemos proteger a nuestro país y a nuestros trabajadores”, y el establecimiento de un arancel del 25% sobre el acero y del 10% sobre el aluminio, que han dado inicio a una guerra comercial y que constituyen dos de los principales productos exportados por China, cobran total sentido frente a la anterior explicación. Trump afirma que las importaciones de acero y aluminio son una amenaza para la seguridad nacional y, si bien la medida está dirigida a todo el mundo, tiene como principal objetivo dañar a China.

La guerra comercial entre China y EEUU aún se está gestando. Es necesario seguir atentamente este hecho, pues como se mencionó, hace tambalear los cimientos del sistema económico/financiero neoliberal que triunfo tras el fin de la guerra fría y que posicionó al país del norte como la única potencia, que hoy se ve “amenazada” por las mismas lógicas de ese sistema.