“La democracia en disputa”: entrevista a Manuela D´Ávila
Por Revista Oleada
La globalización ha muerto

Bajo el título “Ultraderecha, resistencias y nueva mayoría popular” se desarrolló el tercer episodio del ciclo de entrevistas organizado por el Instituto Democracia y el Circuito Cultural JJ. En este caso, Agustín Rodríguez Uria y Ulises Bosia entrevistaron a Manuela D´Ávila.

Manuela D´Ávila es una periodista y política brasileña, referenta del Partido Comunista de Brasil (PCdoB). Luego de una larga trayectoria de militancia estudiantil, fue diputada federal por Río Grande del Sur entre los años 2007 y 2015, siendo la diputada electa más joven de la historia de Brasil. A partir de 2013 fue líder de su partido en la Cámara de Diputados. En 2018, luego del encarcelamiento y proscripción de Lula Da Silva, fue la candidata a vicepresidenta del país en la formula “Haddad-D´Ávila”.

Estas fueron algunas de las frases principales de la entrevista:

“Hoy tenemos en Brasil un gobierno más aislado políticamente, o sea, con sectores importantes que han organizado la victoria de Bolsonaro que ya no están con él. Pero al mismo tiempo, por lo tanto, un gobierno más radicalizado. O sea, es verdad que Bolsonaro ya no tiene el soporte de Sergio Moro, y la pelea con los medios -con una parte de los medios- se ha agudizado, pero también es verdad que su círculo más próximo se ha radicalizado (entre ellos los militares, que “están y no están” con él permanentemente).”

“Lo que me parece más importante es que sepamos que ellos no tienen ninguna política con relación al tema sanitario y que producto de eso la perspectiva económica del país es cada día más preocupante. En definitiva, hay un agravamiento de la situación económica y ellos están más radicales cada día, ése es el escenario actual. Lo que hagamos con eso, bueno, es muy dinámico. Lo interesante es que a raíz de todo esto hoy tenemos también más gente con nosotros. Hoy podemos decir que son 70% las personas en Brasil que no apoyan a Bolsonaro. El tema es: no están con él, pero tampoco construyen todavía un pensamiento ordenado para sacarlo. Bolsonaro tiene sólo un 30% de la sociedad y es un 30% muy, muy involucrado con el gobierno. Nosotros somos la mayoría, pero no somos una mayoría uniforme como la minoría que ellos representan hoy en el país, y en eso estamos”.

“Creo que debemos pensar qué pasó en el mundo después de la crisis del 29, que fue una de las más grandes crisis de la economía capitalista. El mundo no mejoró sino al revés, el mundo optó por una salida autoritaria con un discurso de ultra derecha. Creo que tenemos que poner un poco eso en nuestra cabeza para entender lo que puede estar pasando actualmente en nuestro presente. Nosotros venimos de una crisis muy larga de la economía capitalista en el 2008 y es imposible pensar que eso no iba a dejar consecuencias, para a la gente y para la sociedad. Porque, además, no fue una crisis cualquiera, sino que fue una crisis de las economías centrales del capitalismo. Y nosotros lo sabemos porque estamos viviendo los reflejos de esa crisis en nuestras democracias. En definitiva, no fue el destino ni Dios, fue la economía la que ha hecho esto”.

“El segundo tema es preguntarnos de donde sale la extrema derecha y creo que tenemos que empezar a hablar de eso, porque si no vamos a seguir mirando la realidad con los anteojos equivocados. La extrema derecha se organiza en el mundo digital a través de la lógica del algoritmo. O sea, el centro de su articulación política está en eso. Este tema no es algo superficial, sino que es algo que conforma la estructura organizativa de la extrema derecha en el mundo. Nuestra gente, nuestros liderazgos, nuestras personas más importantes todavía no han puesto una mirada atenta a esta cuestión. Entonces te dicen en Brasil hay uso de fake news, o en Ucrania, Italia, etc. Pero no es que “hay” fake news, sino que “es”. Es decir, podemos utilizar para comprender una distinción en el portugués respecto al inglés. En ingles el verbo “to be” es para ser y estar. En portugués tenemos los dos verbos por separado [como en castellano, N. del E.]. Por eso, tenemos que decir que el algoritmo “es”, porque no es lo que está en la superficie, es lo que está en el corazón del proceso de crecimiento de la extrema derecha en el mundo”.

“La ultra derecha nos están sacando nuestros espacios y nuestros discursos, nuestros espacios históricos de la izquierda: están en las calles con el discurso de ser los outsiders, o sea, los que están en contra del poder. Son liderazgos construidos a partir de la idea del estar fuera del sistema en un momento en que el sistema está colapsado. O sea, las personas están sin casa y se les propone entonces hacer esto o aquello porque la ley lo ordena. Pero si tú miras Trump, si miras a Orbán, si miras a Bolsonaro, ellos dan una respuesta del estilo: “a mí no me importa la ley, a mí me importa lo que es justo para la gente” y entonces eso los posiciona como outsiders, aunque sean la construcción más perversa del propio capitalismo”.

“¿Quiénes son los más afectados con la crisis? Porque no somos todos afectados por igual. Por ejemplo, una trabajadora mujer no es lo mismo que un trabajador hombre en la economía capitalista. Tenemos responsabilidades diferentes, como la crianza de nuestros hijos. Eso es lo que nos dice el machismo. ¿Y quién debe responder por las necesidades de crianza de nuestros hijos? El Estado. Por lo tanto, si la salida de la crisis es de mayor austeridad, nosotras somos las más afectadas porque nos sacan primero el trabajo, nos sacan la escuela pública, etc. Lo mismo aplica para pensar el tema del Covid. ¿Quiénes son las personas que mueren en el mundo, y en especial en el mundo en desarrollo? En los Estados Unidos son los inmigrantes, los hombres y mujeres negras. En Brasil también son los negros. O sea, el virus no es democrático. ¿Por qué es importante esto? Porque estos son los grupos que se identifican con la extrema derecha y luego ven sus identidades reforzadas por la lógica del algoritmo”.

“El tema es que subestimamos a nuestros adversarios. O sea, nosotros no nos peleamos simplemente contra un candidato a presidente, sino que peleamos contra un sistema. Macri no es Macri, Macri es el capitalismo neoliberal. Bolsonaro no es nada más Bolsonaro, es el capitalismo.”

“Creo que tenemos que conectar muy profundamente con la gente y creo que eso lo han hecho en Argentina. Aquí en Brasil siempre que se habla de la victoria de Alberto y Cristina, se habla solo de la elección y eso me enoja mucho, porque significa que seguimos mirando lo electoral como el único espacio de lucha política. No se considera lo que son los movimientos organizados de la gente, por ejemplo, lo que fue y todo lo que han hecho las mujeres que -incluso con las derrotas que hemos tenido las mujeres en la Argentina- estábamos en la lucha y avanzando en nuestra conciencia, identificando quiénes son los aliados, quiénes son los adversarios, desde la propia lucha social. Entonces, el proceso de lucha social fue el que culminó en la elección y no al revés. Creo que ustedes han vivido eso en un corto espacio de tiempo”.

“Hay mucha gente intentando definirse feminista. Esto es algo que él sistema hace, nos saca nuestras cosas e intenta vaciarlas de contenido. Entonces de repente es como si el feminismo fuera un movimiento sin significado. O sea, somos todas nosotras que defendemos las mujeres. Entonces te dicen mira “yo lucho porque las mujeres estén en la política”, para que las mujeres puedan usar cualquier ropa, etc. La verdad es que mucha gente lucha por los derechos de las mujeres, pero no es verdad que toda la gente que lucha por los derechos de las mujeres lucha por los derechos de todas las mujeres. Y entonces creo que eso es un límite. Allí hay que decir: mira, es un gusto caminar contigo hasta aquí, pero no vamos a caminar juntas todo el camino, porque para mí no existe un feminismo que no sea para todas las mujeres”.

“Un feminismo que no lucha para liberar a las mujeres trabajadoras no es un feminismo que lucha por la libertad de las mujeres, sino que es un feminismo que solo lucha por algunas de nosotras. Y entonces lo primero y más importante es remarcar esto. Tenemos que construir –usando una expresión que me encanta de las compañeras chilenas- un feminismo popular, o sea, que tenga la mirada en las que más necesitan nuestra mirada. Esas son las mujeres que tenemos que involucrar en la política”.

“Tenemos dos misiones en este momento en Brasil, una misión democrática y nuestra misión electoral. Porque si uno superpone las dos cosas, entonces solo vamos a aliarnos con quienes ya estamos juntos en las elecciones y no vamos a tener una mayoría para garantizar la democracia. Pero para que tengamos elecciones, tenemos que tener primero democracia y creo que tenemos que hablar con nuestra gente acerca de esto. Que también tiene que ver con comprender el hecho de que no todo son elecciones, y que, por lo tanto, uno puede estar junto a una persona que no comparte un proyecto político para Brasil, pero que defiende la democracia. Tenemos que poner la democracia en el país por delante de los problemas electorales. El frente democrático y el frente electoral son dos frentes que no coinciden, y qué bueno que no coincidan, porque significa que vamos a tener más gente en defensa de la democracia y ese tiene que ser nuestro piso para pensar en volver a tener un juego con reglas claras que hoy no tenemos”.

“En cuanto al frente electoral, es más complicado. Creo que ni siquiera la izquierda está unida hoy en Brasil. Para mí eso demuestra una situación muy rara porque significa que nuestra gente, nuestra militancia, está más avanzada que nuestras direcciones partidarias. Porque en los movimientos sociales la gente está unida. Y si la gente está unida en los movimientos sociales significa que no hay espacio para la división que se viene produciendo entre nuestros partidos. Ojalá que para 2022 los dirigentes, los candidatos percibamos esto y logremos la unidad, porque solo la unidad va a ser capaz de devolver a Brasil para los brasileños, estoy segura de eso”.