“La democracia en disputa”: entrevista a Gerardo Pisarello Prados
Por Revista Oleada
La globalización ha muerto

Bajo el título “¿Autoritarismo neoliberal o radicalización democrática?” se desarrolló el segundo episodio del ciclo de entrevistas organizado por el Instituto Democracia y el Circuito Cultural JJ. En este caso, Andrea Vallejos y Ulises Bosia entrevistaron a Gerardo Pisarello Prados.

Pisarello, nacido en 1970 en Tucumán, es jurista y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona, donde vive hace muchos años. Pero además, actualmente es diputado y secretario primero de la Mesa del Congreso español, además de integrante de la dirección ejecutiva de Catalunya en Comú, como responsable de relaciones políticas e internacionales. Entre 2015 y 2019 fue vicealcalde de la ciudad de Barcelona, acompañando a la alcaldesa Ada Colau. Integra la Red Regeneración Democracia.

Estas fueron algunas de las frases principales de la entrevista:

“Creo que otro mundo es posible, pero no inevitablemente mejor. Por eso creo que vamos a entrar en una fase, ya estamos entrando, evidentemente de disputa. Una disputa por dónde van a ir los recursos.”

“¿Se va a dar efectivamente a esta crisis -que ya existía, pero agudizada por la pandemia- una salida diferente a crisis anteriores? En nuestro caso, en España y en el sur de Europa, la crisis que más tenemos presente es la de 2008. En ese año salieron algunos importantes representantes de la clase política europea, como Nicolás Sarkozy, a decir había que refundar el capitalismo. Algunas frases rimbombantes que después acabaron escondidas bajo la alfombra. Lo que volvió fue el capitalismo financiarizado, concentrado, depredador de recursos, con fuerte componentes patriarcales, racistas y agudizado. Por lo tanto, yo creo que en ese sentido hay que ser realistas y ese realismo es el que nos debe empujar a ser muy audaces respecto de la respuesta que se debe dar a eso, porque lo que está en juego, me parece, es otra vez lo mismo. Tenemos un movimiento democratizador de redistribución de poder político, de poder económico, de poder social, de poder de género, de poder cultural; o tenemos nuevamente una salida oligárquica”

“Me parece que en esta fase una salida oligárquica puede expresarse a través de violencias que no habíamos visto antes. Es decir, nosotros sabíamos que las políticas neoliberales, en la medida que son excluyentes, siempre generan violencia. En América Latina tenemos una gran experiencia de represión, de aumento de la población carcelaria, sobre todo entre sectores más vulnerables, etc. Pero lo que estamos viendo en el neoliberalismo -que es una fase del capitalismo financiarizado- es que necesita niveles de violencia cada vez mayores para poder legitimar sus salidas. Son salidas que ya casi no se imponen por consenso, sino que se imponen a través de fake news, a través de trampas en las redes sociales, a través de trampas en los sistemas electorales, a través de persecuciones deliberadas de adversarios políticos instrumentalizando a los tribunales.”

“Es como si estuviéramos entrando en una nueva fase donde la profundización de las políticas neoliberales ya puede llegar a comportar cambios en el régimen político, de modo que ya no estaríamos simplemente ante democracias con incrustaciones oligárquicas, sino directamente ante nuevas formas de semi-dictaduras, incluso del punto de vista electoral. Es lo que estamos viendo en Bolivia, lo que estamos viviendo en muchos sitios y me parece que también una de las opciones que se abren en los propios Estados Unidos, según cuál sea la respuesta de Trump a la gran movilización social que está sucediendo”

“Desde posturas populares, que apuesten por una profundización democrática y no por una nueva salida oligárquica -que sería más autoritaria que nunca-, inevitablemente hay que colocar sobre la mesa el tema del conflicto en torno a los recursos. Hay que hablar de la intervención pública en la economía, de justicia fiscal, de que las cargas fiscales se distribuyan de manera progresiva. Todos estos son elementos que ni siquiera son principios revolucionarios, sino que están recogidos en todas las constituciones sociales aprobadas en el mundo en los últimos 60 y 70 años. Pero las fuerzas que están detrás de los proyectos neoliberales, sobre todo la fuerza financiera rentista, han concentrado un poder tan grande que incluso colocar sobre la mesa estos temas elementales les parece una causa casi bélica”.

“¿Cuál es el programa que asumen los gobiernos progresistas populares de diferente tipo que en este momento hay en el mundo (España, México, Argentina)? ¿Esas alternativas programáticas son lo suficientemente audaces como para no dejar fuera a toda la gente que puede quedar de lado cuando caiga la economía? Porque creo que todavía estamos por ver los efectos que van a tener el haber mantenido en suspenso la economía durante estos meses. Va a hacer falta un poder público muy decidido a intervenir para que los recursos no queden concentrados en pocas manos. Y va a hacer falta una ciudadanía y unos movimientos sociales movilizados para que eso sea posible. Y además movilizados en un contexto de pandemia intermitente, es decir, movilizados con distancia social, con barbijos, teniendo que escoger entre la muerte por el coronavirus y la muerte por la falta de empleo. En fin, situaciones que me parece que van a ser que van a ser muy dramáticas”

“La situación de cuarentena y de confinamiento nos dio una oportunidad. Aquí en Barcelona, nos dio la oportunidad de poder ver cómo serían ciudades con menos contaminación, con el aire más limpio, con una reducción sustantiva de la presencia de autos privados. De pronto uno salía y podía ver el cielo claro, el mar vacío, sin turistas y sin aglomeraciones, con una gran belleza. Sentías ese cambio y veías la posibilidad real de lo que significaría una vida mejor en una sociedad que no esté obsesionada por el consumo permanente”.

“Lo que me parece importante para que haya una salida virtuosa es primero tener mucha conciencia de lo brutal que puede ser la alternativa que proponen las derechas. Eso hay que tenerlo claro. Y segundo creo que eso nos tiene que hacer a todos los que estamos en el campo popular (..) muy conscientes de la necesidad de hablar, de intercambiar y de articular posiciones. Es decir, el movimiento ecologista en defensa del medio ambiente no puede estar de espaldas al movimiento sindical. Tiene que haber un vínculo. Como también el movimiento feminista no puede estar al margen del movimiento antirracista, ni del movimiento ecologista ni de los diferentes movimientos sociales antineoliberales. Nosotros tenemos que hacer un gran esfuerzo para construir esa alternativa ecologista, feminista y popular a nivel internacional”

“Mi impresión es que sin los gobiernos progresistas populares esto hubiera sido un auténtico desastre. Uno tiene las pruebas porque hay gobiernos neoliberales y neofascistas que están actuando con un total desprecio por la vida humana. Sobre todo, por la vida humana de las clases populares, de la gente de mayor situación de vulnerabilidad a la que han enviado a la muerte de manera directa. Si uno observa la cifra de gente muerta en Brasil o en Estados Unidos, y además estudia eso desde una perspectiva de clase, verá que lo que ha habido es un elitismo despiadado y una absoluta indiferencia por la vida de la gente más humilde, por parte de esos gobiernos.”

“El escudo social (que han tratado de construir los gobiernos populares) en sí mismo ya implica una cierta redistribución de riqueza. Esto ya es un problema para las elites. Porque obviamente a los grupos concentrados cualquier cosa que no implique que el dinero vaya para ellos ya les parece una ofensa. Por lo tanto, el solo hecho de que exista un ingreso mínimo y ciertos recursos básicos ya les parece inaceptable.”

“Los gobiernos populares y progresistas están intentando desarrollar ese escudo social, que los gobiernos neoliberales y neofascistas no generan. Veo que están colocando en la agenda discusiones que no estaban -impuesto a las grandes fortunas, expropiaciones, control público de la economía, la atención sanitaria como un bien básico, ingreso mínimo universal-, es decir, una serie de temas que los gobiernos neoliberales no colocan. Pero están teniendo fuertes dificultades para tener la fuerza suficiente para imponer esas medidas. Y no sólo eso, sino que quien primero ha ocupado la calle para oponerse a este tipo de medidas es la derecha. Ahora no hay, como hubo después de la Segunda Guerra Mundial del siglo XX, sectores conservadores, sectores de la derecha moderados, que entiendan que frente a una pandemia de este tipo tendríamos que poder llegar a algunos grandes acuerdos civilizatorios y que podamos entonces defender los derechos humanos básicos”.

“Las elites han aceptado un pequeño paréntesis durante la pandemia y ahora han decidido poner quinta y apretar el acelerador para volver a incidir en esa carrera loca que yo creo que nos lleva, digamos abiertamente, a la destrucción. Y entonces aquí viene la gran pregunta que se hacía Walter Benjamin: ¿quién va a poder activar los frenos de emergencia? Como siempre, los frenos de emergencia solamente los pueden activar las potenciales víctimas de todo eso. Las potenciales víctimas, que somos casi todos y todas, somos casi el 99 por ciento de la población mundial. Por eso es necesario que los movimientos populares sean quienes activen el freno de emergencia.”

“En el fondo creemos que el capitalismo es un sistema enormemente irracional. En el sentido que desperdicia mucho talento humano, que produce mucho dolor, que impide que las grandes potencialidades de la condición humana puedan expresarse. El capitalismo es un sistema mutilador de lo mejor que podría dar la condición humana. Por el contrario, podríamos tener un planeta lleno de biólogas, de poetas, de artistas, de erotismo, de una sexualidad plena. Podríamos tener una vida maravillosa, en realidad. Y no la tenemos, digamos por muchísimas razones, entre ellas porque se ha creado un tipo de sistema económico, de formas de producir, de consumir, que son suicidas auténticamente. Y frente a eso tenemos una alternativa que es razonable. Por lo tanto, me parece que nuestro proyecto es un proyecto razonado, en tanto que tiene fundamentos teóricos, que tiene fundamentos científicos, que tiene muchos fundamentos históricos”.

“Quienes queremos participar de los movimientos sociales y populares debemos plantear esto: la política como una “pasión razonada” al servicio de una buena vida, del buen vivir (…). Una forma buena de vida que tiene que ser una forma que incluya a la especie humana, a las mujeres, a los hombres, a las personas con independencia de su identidad de género, a los animales, a las plantas, etc. Es un proyecto ambicioso que tiene que involucrar también una parte de pasión y las pasiones que mueven ese discurso no pueden ser pasiones tristes”

“Me parece que la disputa por una vida buena en un mundo alternativo al que nos plantean estas políticas neoliberales necesariamente está movida por pasiones alegres. Que son las pasiones que nos generan las luchas compartidas. Lo cual no quiere decir que no se incluyan también pasiones como la indignación. De hecho, la indignación es una pasión fundamental para que haya una ciudadanía comprometida. Lo peor aquí es la indiferencia.”

“Cuando le preguntaban al pensador inglés Terry Eagleton cuál era su idea de la vida buena, él decía que la buena vida se reflejaba en una banda de jazz. Porque en la banda de jazz se podían combinar la improvisación, la creación individual y la creatividad individual con la cooperación. Es decir, que esa improvisación y esa expresión de los deseos individuales podían estar en el marco de un proyecto colectivo. Y me parecía una idea bonita que podemos recuperar, porque además esa “pasión razonada” que defendemos tiene que tener banda sonora, tiene que tener voz y tiene que tener poesía. Tienen que tener expresiones artísticas. Porque nuestra pelea es una pelea por el pan, pero también por las rosas. Me parece que eso es algo que tenemos que tener muy presente, incluso en el tipo de activismo y de militancia que hacemos cotidianamente”.