Entrevista a Federico Severino, director del Instituto 25M de Podemos
Por Lucas Villasenin
La globalización ha muerto

Federico Severino nació en 1984 en España y es hijo de exiliados argentinos. Es director del Instituto 25M de PODEMOS en España. Alcanzó los títulos de licenciado en Sociología y Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Realizó una especialización en Políticas Públicas en la London School of Economics. Emprendió y dirigió la librería El Traidor.

Podemos cumplió cuatro años de vida y ha generado una revolución conceptual para las fuerzas progresistas y de izquierda del mundo. ¿Cuáles serían sus principales innovaciones en el campo de las fuerzas que enfrentan al neoliberalismo? ¿Cuáles son las claves de esa innovación conceptual?

Sintetizaré esas claves en cuatro para ser lo más didáctico posible.

Una muy importante es la deconstrucción del eje izquierda-derecha. Nosotros tomamos consideración que al momento de plantear una alternativa política no explicaba absolutamente nada. Tanto fuerzas de derecha como de izquierda en el mapa político español habían dado respuestas similares a una crisis que había sido resuelta en contra de los intereses de las clases populares. No buscamos la innovación en el eje izquierda-derecha sino oponer una fuerza de carácter popular que disputara significantes que antes no habían estado en disputa en el campo de las fuerzas progresistas, como por ejemplo la idea de “patria” por ejemplo. Eso fue muy importante para una fuerza que nació con una vocación de victoria y no de carácter testimonial.

Otra clave viene de la forma en la que se construye la fuerza política. Asumimos que el campo de las identidades es siempre un campo abierto, que la subjetividad política no viene dada de antemano y que no hay correspondencia entre intereses y traslación electoral de los mismos. De esa forma consideramos que disputábamos más terrenos que las fuerzas tradicionales de la izquierda. Eso nos dio la posibilidad de ser novedosos en las narrativas que poníamos a trabajar.

Una clave más es que somos una fuerza de carácter plurinacional. Aceptamos la plurinacionalidad de nuestro país y una idea radicalmente democrática sobre la libertad de decisión de los territorios respecto al Estado.

Una más en clave sociológica es que somos una fuerza que intenta parecerse más a su pueblo. Nosotros nacemos como fuerza marcadamente anti-establishment y se da un momento en el que la crisis tiene efectos en el tablero político. Eso hizo que seamos una fuerza representativa en todos los sentidos. Nos desmarcamos de las representaciones políticas tradicionales trayendo aires frescos al Congreso. Eso nos ha caracterizado como una construcción de alternativa popular.

El ámbito de disputa pasa por traducir muy buenas ideas a lenguajes inteligibles y -sobre todo- movilizadores. Ahí es importante la cuestión de las pasiones, que ha marcado la diferencia de Podemos respecto a otras fuerzas: no desdeñar nunca el papel objetivo que tienen los sentimientos, la mística y la pasión como herramientas de construcción política.

Teniendo en cuenta la trayectoria intelectual de la dirigencia, ¿cuáles consideras que son las “fuentes teóricas” de Podemos?

Nadie puede negar que las teorías de Laclau en torno a su conceptualización populista han tenido un peso muy importante en la construcción de la estrategia de Podemos. Pero también es justo mencionar otras hipótesis.

Ha sido importante nuestra consideración de que en este país siempre que ha habido progreso, lo ha habido cuando las clases populares han sabido formular sus intereses junto a las clases medias. Al nivel pragmático, con el surgimiento del 15M vimos que esa fractura abría un campo de posibilidades para una fuerza política nueva.

Tampoco podemos dejar de lado las críticas de la nueva izquierda al orden neoliberal y la enorme deuda que tenemos con el pensamiento y la experiencia latinoamericana de las últimas dos décadas.

¿Cómo se lleva adelante esa relación entre teoría y práctica que suele ser complicada en un partido? ¿Cuáles son las tareas que impulsa el Instituto 25M que dirigís?

Retomo a Gramsci que tiene un gran peso en toda nuestra política. Pensamos siempre en términos de construcción de hegemonía. Y, de esa manera, puedo explicar también cuál es la tarea que lleva adelante el Instituto 25M.

Tiene que ver con cómo se construye Podemos, que es una fuerza que disputa un espacio mediático a través de una serie de estrategias, como en un comienzo lo fue la aparición en la televisión. Asumimos que hay que disputar al adversario en su propio campo. Nosotros somos conscientes que no elegimos el campo de batalla y para construir contra-hegemonía sabemos que el campo está manipulado.

Nuestra tarea como Instituto es dar una vuelta de tuerca. Nuestra vocación es seguir profundizando en la construcción de contra-hegemonías audiovisuales. Creemos que tiene que haber debate teórico, debate intelectual y que tiene que ser un debate rico. Pero el ámbito de disputa pasa por traducir muy buenas ideas a lenguajes inteligibles y -sobre todo- movilizadores. Ahí es importante la cuestión de las pasiones, que ha marcado la diferencia de Podemos respecto a otras fuerzas: no desdeñar nunca el papel objetivo que tienen los sentimientos, la mística y la pasión como herramientas de construcción política.

La tarea del Instituto es seguir buscando fórmulas para ampliar la incidencia política no solo de Podemos sino de todo un imaginario que tiene que ver con una construcción alternativa de sociedad y contra la agenda neoliberal. Revertir el imaginario neoliberal nos va a exigir a nosotros una gran cantidad de inteligencia. Esto requiere de una capacidad para repensar cómo disputamos el campo de la opinión pública. Pienso que todos los esfuerzos que se puedan poner ahí son pocos.

Puede haber un gran debate intelectual pero el objetivo es ganar los corazones de tus vecinos y tus vecinas. Y eso no lo vas a hacer siendo un experto exégeta de los textos de Marx. Hace falta traducir esas ideas en cosas movilizadoras. Por eso estamos creando nuevos medios, nuevos formatos y maneras de comunicar. Nunca podemos ser autocomplacientes quedándonos en los ya convencidos. Tenemos vocación de mayorías y eso marca otra gran diferencia. No disputamos solo el campo de la izquierda, no sobra nadie y construiremos un campo nuevo.

La crisis de 2008 trajo transformaciones globales. Han surgido opiniones como las de Álvaro García Linera que sostienen que “la globalización ha muerto”. ¿ Cómo se genera pensamiento crítico en esta época? ¿Ha muerto la globalización?

Con García Linera también tenemos una deuda. Tiene toda la razón con esa frase. Ese objeto llamado globalización no era otra cosa que la expansión neoliberal en su sentido más crudo, que se ha naturalizado. ¿Cómo se desnaturaliza? Es justamente lo que estamos haciendo.

No creo que el neoliberalismo esté en olas bajas sino que todo lo contrario. Si hay algo que los neoliberales han sabido hacer muy bien es institucionalizar los cambios para evitar su reversión. Lo han logrado con la construcción de política públicas y en la ideología. La ideología predominante sigue siendo neoliberal. Y nuestro trabajo debería incidir en hacer una oposición clara y nueva para construir un mundo alternativo.

Democracia es un gran significante. (…) Nombramos esta palabra para nombrar al otro que destruye la posibilidad de que haya procesos democráticos. Cuando nuestros adversarios que ostentan el poder son capaces de resignificar esa palabra, nosotros le cedemos un campo maravilloso.

Pienso que podemos transformar y cambiar sin que necesariamente se pase por grandes relatos. Decimos que hacen falta “utopías de cercanía”, cosas muy asibles. Lo vemos cuando gobernamos aquí en Madrid, Barcelona, Zaragoza o Cádiz. Eso apunta a que es posible gobernar transformando la vida de nuestra gente. Evitando desahucios, dando medios de transporte, creando una ciudad sostenible, dando garantías a los más golpeados por la crisis, es lo que a nosotros nos permite llevar adelante esa disputa.

El Instituto 25M usa como lema la palabra democracia. ¿Por qué esa y no otra?

Es otro de los vínculos con la conceptualización de Laclau. Democracia es un gran significante. “¿Qué significa la democracia?” es la pregunta que jamás debemos perder. Es el único horizonte dónde nos reconocemos todos como alternativa. Nombramos esta palabra para nombrar al otro que destruye la posibilidad de que haya procesos democráticos. Cuando nuestros adversarios que ostentan el poder son capaces de resignificar esa palabra, nosotros le cedemos un campo maravilloso.

Somos críticos de la teoría de la suspicacia que considera que a la democracia se la debe mirar con sospecha o ponerle adjetivos como “burguesa”. Nosotros la reivindicación que hacemos de la democracia es porque la consideramos imprescindible para construir una sociedad de iguales y libres. Sin ese horizonte no hay nada.

Estuviste en América Latina hace poco tiempo. A partir de tus impresiones, ¿cómo imaginas que podría surgir una nueva oleada anti-neoliberal en nuestro continente?

Los pueblos tienen buena memoria de lucha. No es muy difícil imaginar las resistencias que se están generando frente a una agenda neoliberal. Claramente con el caso de Lula se demuestra que existe una estrategia a nivel continental para usar a la justicia para hacer golpes blandos contra la voluntad popular. Y en el caso argentino se da con un esquema parecido.

Los procesos de transformación y cambio, una vez ejecutados, tienen la posibilidad de reconsiderar lo que ha pasado. Es necesario ver los errores en tu propio celo para seguir dando pasos hacia adelante. Es momento de la recapitulación que no se quede en su propia autocomplacencia. Eso puede hacer que haya nuevos saltos y nuevas ofensivas populares. Hay que hacer una crítica sincera de las cosas que no se hicieron bien porque sino lo que nos va a quedar es la nostalgia política.

Vinimos todos muy entusiasmados de lo que vimos en América Latina y en particular de Argentina. Hay una enorme capacidad de construir tejido comunitario y de llevar adelante militancias muy profundas. Eso también tiene el reto de conectarse con nuevas mayorías sociales. Esa es la vocación de la construcción política: siempre construir y disputar mayorías. A pesar de las dificultades pienso que hay herramientas suficientes y nuevos liderazgos para las futuras transformaciones.