Entrevista a René Ramírez
Por Lucas Villasenin
La globalización ha muerto

El intelectual ecuatoriano reflexiona sobre la traición de Lenin Moreno, la vigencia del correísmo y los avances autoritarios en la región. Qué faltó hacer y qué desafíos están pendientes para lograr un nuevo gobierno antineoliberal en su país.

René fue Secretario de Educación Superior Ciencia, Tecnología e Innovación durante los últimos seis años del gobierno de Rafael Correa. Durante su visita a Buenos Aires como invitado especial de la Universidad Nacional de Lanús para el Congreso Nacional de Filosofía dialogó con Oleada.

Lenin Moreno fue apoyado por Correa y todo su movimiento. El adjetivo de “traidor” fue utilizado por el correísmo para explicar lo que sucedió desde que asumió. ¿Solo así se explica lo sucedido? ¿Qué expresa el gobierno de Moreno actualmente?

Es claramente una traición en los términos clásicos de su significado. Todos participamos de lo que parecía ser un freno a las derrotas electorales de los gobiernos progresistas en América Latina. Nosotros ganamos por poco el proceso electoral. Lo que la mayoría decidió fue que continúe la revolución ciudadana con los cambios de los errores cometidos.

Desde el primer día pasó que Moreno tuvo una propuesta programática ajena a lo que fue el programa de gobierno de Correa. En primer lugar con el posicionamiento geopolítico con Estados Unidos. Se firmaron acuerdos sobre narcotráfico con Colombia que es parte de la agenda securitista. Luego vino la articulación con el FMI, la Alianza del Pacífico, la eliminación de subsidios, despidos en el Estado, etc. Es una traición programática.

Moreno se quedó con la cascara de Alianza País (el nombre, el membrete, el número, etc.). Pero la mayoría de ese movimiento está con la revolución ciudadana como se demostró en el último proceso electoral. La ciudadanía ha sabido identificar lo que sucedió.

¿Qué balance haces de la gestión de gobierno de la revolución ciudadana?

Hay que reconocer los límites. 10 años no es nada en el marco de la historia. Y obviamente hay que leerlo en esa magnitud.

El balance positivo es conocido con: la reducción de la pobreza y la desigualdad, la redistribución de la riqueza, un proceso constituyente, procesos electorales con amplia participación democrática y la estabilidad política. Pero faltaron muchos asuntos que en una segunda oleada es necesario retomar.

Con la construcción de un Estado plurinacional e intercultural se avanzó poco y marginalmente. Faltó darle más énfasis a la política de los derechos de la naturaleza en sus múltiples esferas y romper con el antropocentrismo. También hay una deuda con el feminismo. Es un asunto que marca una ruptura cultural y no estuvo en el primer plano. Fue invisibilizado y no trabajado por la revolución ciudadana.

Fuimos más desarrollistas. Algo que debía ser así de alguna forma por una deuda moral con los más pobres. Pero hubo transformaciones en el plano de la cultura que hace falta sentarse a pensar.

En este balance con continuidades y rupturas es interesante pensar el desarrollo científico y tecnológico en la región. Por ejemplo, en Argentina el único cargo que tuvo continuidad entre el gobierno de Cristina Kirchner y Mauricio Macri fue el del ministro de Ciencia y Tecnología. ¿Qué relación hay entre la concepción que se propuso desde los gobierno progresistas y la que proponen los nuevos gobiernos neoliberales?

Se avanzó mucho. Más presupuesto, más investigadores y más universidades pero fue insuficiente debido a los cambios que se dan a nivel mundial. La certeza es que se estaba avanzando en la dirección correcta.

Hubo problemas en el desacoplamiento entre las políticas productivas, científicas, de formación y de propiedad intelectual. No todo cuadró en la misma dirección. No siempre se produjeron sinergias virtuosas.

Actualmente en América Latina sucede lo que siempre sucedía. No se le da importancia a la ciencia y tecnología porque la mejor política de la derecha en este asunto es no tener política. Se minimiza su importancia porque la estructura productiva y su estructura de poder solo busca su reproducción. Y en esa reproducción el papel de la ciencia, la tecnología y la innovación es marginal en América Latina.

Para ellos no es un problema tener economías rentistas, ociosas o intermediarias. El problema no solo es ser una economía primario-exportadora sino tener una secundaria-importadora.

¿Para qué van a invertir en producir chips si pueden importarlos y obtener más ganancia? Así piensan las élites. Los grupos industriales se ligan directamente con los grupos importadores. Por esos quieren tratados de libre comercio como el firmado entre la Unión Europea y Ecuador.

Con la universidad pasa lo mismo. No rompimos con la universidad napoleónica que solo transmite conocimiento. Se suele oponer la universidad para la docencia o para la investigación. ¿Qué mejor manera de enseñar que investigar? Y a uno lo acusan de traidor si dice eso. La docencia y la investigación tienen que ser impulsadas simultáneamente.

Si tu quieres un país importador: ¿para qué quieres una universidad para la investigación?. Mientras no rompas la matriz productiva, la política de ciencia por más que inviertas todo no va a dar un salto cualitativo. Y cuando llega la derecha al gobierno solo busca la reproducción de las élites, de sus clases sociales, del rentismo y la ciencia queda marginada. Para dar un salto cualitativo hay que dar un cambio en el sistema educativo. Es necesario transformar la universidad para transformar la sociedad.

Es imprescindible la articulación de la estructura productiva con los sistemas cognitivos.

En términos financieros uno de los balances que se hace es que faltó concretar un Banco del Sur, por ejemplo. En términos de desarrollo de la ciencia y tecnología: ¿qué es lo que faltó?

Hoy la situación es bastante crítica porque las instituciones que buscaban esta integración desaparecieron. Fui el presidente del consejo de Ciencia y Tecnología de UNASUR. Ahí se buscaba identificar los problemas y las potencialidades para crear líneas de investigación regional que favorezcan la integración. En el asunto científico las economías de escala son muy importantes por la cantidad de inversión que requieren muchas investigaciones. Esto también requería una arquitectura financiera articulada con una arquitectura cognitiva para dar un salto.

Hay un potencial importante. Si no se hizo de arriba hacia abajo, sí se puede hacer de abajo hacia arriba. Es necesario buscar articulaciones de los movimientos sociales y de los sistemas educativos universitarios que garantizan autonomía para construir una integración de base.

El gran problema es que la universidad se encierra en sus cuatro paredes. Los “claustros” académicos no buscan la unión de intereses que pueden garantizar con su privilegio de la autonomía. Lamentablemente no se está haciendo. Siento que no se hace a nivel regional ni a nivel local. El mismo principio de extensión universitaria te marca una hoja de ruta unilateral. Acá tiene que funcionar el principio de interdependencia cognitiva. La mayoría de las propuestas de transformaciones vienen de las organizaciones sociales y no de la academia. Son necesarios movimientos de universitarios que empujen este diálogo de saberes y la articulación regional.

En Ecuador se vive una situación compleja. Correa es amenazado con la prisión si vuelve al país. Jorge Glass, el actual vicepresidente, está encarcelado. Dirigentes de la revolución ciudadana son perseguidos judicialmente. ¿Cuál es la situación del estado de derecho en Ecuador?

Las ciencias sociales y políticas hemos hablado sobre las transiciones a la democracia. Pienso que tenemos que empezar a hablar de las transiciones hacia nuevas formas de dictaduras. Dictaduras de otra índole ligadas al autoritarismo de los medios de comunicación y los sistemas de justicia.

No es casual que los gobiernos progresistas estén anclados en el voto democrático y los ataques de la derecha vengan desde las instituciones menos democráticas. A diferencia del viejo neoliberalismo estamos en presencia de un autoritarismo neoliberal. Hay toda una ingeniería institucional ligada a políticas públicas de acumulación de capital.

¿Quién diría que hoy estemos hablando de cuestiones tan básicas como “el debido proceso”? Esto no se está cumpliendo en países con gobiernos conservadores. ¿Cómo vamos a hablar de democracia si no se garantiza siquiera la libre competencia electoral? Vimos lo que pasó en Brasil dónde se proscribió al principal candidato. En Ecuador no nos dejan inscribir la lista del movimiento político más grande. Tres veces nos  negaron la inscripción y tuvimos que participar con otro partido con otro número para tener algunos candidatos.

La estrategia del “media-lawfare” ha sido muy eficiente y está matando a la democracia.

¿Cuál es la vigencia correísmo y la revolución ciudadana? ¿Cuáles son los desafíos para que Ecuador vuelta a tener un gobierno antineoliberal?

En las últimas elecciones se demostró que está complemente vigente incluso con todas las instituciones en contra. Existe una estructura sólida de la revolución ciudadana y hay un fuerza poderos aunque está lesionada por los ataques mediático-institucionales.

Tiene que haber una ampliación del apoyo del espectro político a partir de la agenda programática. Es necesario entrar en los debates que convocan a más sectores de la población y no fueron prioridad en otro momento. Por ejemplo: el feminismo, el estado plurinacional o los derechos de la naturaleza.

Ahora surgieron también partidos locales con propuestas de transformación social que es necesario articular para construir un gran frente amplio de izquierda nacional que de la disputa a la derecha.

Lenin Moreno dejó la mesa servida para que la derecha gane las elecciones de 2021 aunque no lograron constituirse en un partido nacional en las últimas elecciones. Un buen candidato -que podría ser un outsider– puede ganarle a Jaime Nebot que es el candidato de derecha que encabeza las encuestas.