Brasil: nuevas coordenadas en un mundo políticamente incorrecto
Por Rodrigo Karasik y Pablo Wahren
La globalización ha muerto

La caída de Lula o el paralelismo con Trump absorben la mayor parte de la tinta dedicada al asunto pero en esta ocasión nos limitaremos a 7 preguntas para obtener una respuesta que nos permita pensar las nuevas coordenadas políticas sobre las que se desenvuelve la región.

El fenómeno Bolsonaro conmueve desde los cimientos la vida política y social de la región. El hombre que hace dos años votó por la destitución de Dilma en nombre de su torturador y capaz de decir frases como “preferiría que mi hijo estuviera muerto a que fuera homosexual” o que el “el error de la dictadura (brasileña) fue torturar y no matar”, está a un paso de convertirse en presidente del país más grande de América Latina.

1- ¿Por qué crecen electoralmente las alternativas “políticamente incorrectas” a nivel global?

Trump hizo campaña burlándose de lo “políticamente correcto”, como negación de todo aquello que pudiese emerger de una mesa del tan cotizado “coaching” político del siglo XXI. El Brexit se aprobó contra todo pronóstico de corrección y sentido político. Las ultraderechas crecen en Europa negando todo lo que reivindicamos como característico de las sociedades europeas. Lo políticamente correcto representado en los derechos de minorías raciales, diversidad sexual y sin lugar a dudas por las reivindicaciones a nivel mundial de las mujeres, encuentra una resistencia silenciosa. Los actos racistas de Trump incrementaron su imagen en la previa electoral, así como el “Ele não”, lejos de limar la imagen de Bolsonaro, generó una contrarreacción que le brindó un impulso a su candidatura.

2- ¿Hasta dónde llega el descrédito de la clase dirigente?

A nivel global existe una crisis de los partidos políticos, así como de su dirigencia. Esto se traduce en un proceso de oposición casi automática a cualquier injerencia en la vida pública y privada de una gran parte del electorado. Los resultados se observan en dos variables: una democracia de baja intensidad con poca participación en los comicios y un voto revulsivo que a su vez genera una sensación de poder en el elector. Votar aquello que implica una disrupción en la vida política o un enfrentamiento con quienes se inmiscuyen en la vida pública (militantes políticos, intelectuales, etc.) otorga placer y reafirma el ego del votante.

3- ¿Cómo influye la economía?

La economía no parece haber sido el eje central de campaña que permitió captar votos a Bolsonaro. De hecho, la campaña de Haddad fue más enfática en el aspecto económico. A su vez, a diferencia de otros líderes nacionalistas de extrema derecha, este candidato pregona una ideología liberal, a favor de las privatizaciones y la apertura económica. Sin embargo, la crisis del neoliberalismo -así como la crisis del liberalismo en las décadas del ´20 y el ´30 del siglo pasado-, es el caldo de cultivo ideal para movimientos extremos. El descontento social generado por una mala situación económica promueve alternativas que en otros contextos se encuentran por fuera del sistema. En el caso de Brasil es de destacar que desde 2014 el PIB acumula una caída del 6,0% y el desempleo prácticamente se duplicó pasando de 6,9% a 12,8%.

4- ¿Cómo influye el sentimiento “nacionalista”?

En los escenarios que analizamos siempre existe de fondo la reivindicación de lo nacional por un lado y lo tradicional por el otro. Lo que se conoce como la “ideología del lamento”, una preocupación extendida de que algo se ha perdido en la sociedad moderna y se requiere un retorno a la comunidad.

5- ¿Quién en la Argentina es el mejor representante de esta corriente?

La Argentina en 2015 coronó su crisis de representación partidaria con la ruptura de su tradicional bipartidismo, lo que indica que es un proceso ya internalizado por la sociedad. Quedaría pendiente, en este sentido, el surgimiento de algún “outsider” que pudiera reunir las características anteriormente mencionadas. Si bien es difícil imaginar un emergente de cara al proceso electoral de 2019, sí podemos realizar algunas reflexiones.

-Marcelo Tinelli reúne algunas de las condiciones para serlo, un altísimo nivel de conocimiento, un nivel de participación política casi nulo -salvando su fallido paso por la AFA- y las relaciones económicas para financiar una aventura electoral. Sin embargo no es visto por la sociedad como una figura disruptiva, es políticamente correcto y fácilmente asociable al sistema político en general.

-Elisa Carrió es profundamente disruptiva, políticamente incorrecta y tiene un alto nivel de conocimiento, sin embargo ha demostrado tener muy poco acompañamiento en su aspiración a cargos ejecutivos y es difícil creer que pueda encontrar el apoyo económico del sector empresario para respaldar sus aspiraciones empresarias.

-El peronismo requiere una mención especial en este caso. Históricamente ha sido quien mejor pudo canalizar e interpretar el sentimiento nacional en la Argentina. En caso de una profundización de la crisis que lleve a un escenario de mayor nacionalismo, alguna expresión del peronismo contará con una ventaja.

Foto: Midia Ninja

6- ¿El fenómeno es en forma excluyente una plataforma electoral de derecha?

En principio las alternativas emergentes de este proceso fueron proyectos políticos vinculados a la derecha con las características mencionadas anteriormente. No obstante el fenómeno AMLO en México podría representar un corrimiento de esa lógica. López Obrador reúne muchas de las características mencionadas, sin embargo presenta una tendencia política diametralmente opuesta.

Al respecto podríamos indicar que su proyecto económico coincide con la necesidad estadounidense de que México recomponga salarios entre otras cosas. Sin embargo su presidencia se presenta como una incógnita de cara al futuro inmediato de la región.

7- ¿La democracia sigue siendo la forma de gobierno hegemónica en América Latina?

Las reglas de juego parecen haber cambiado en América Latina. La elección de Brasil no fue “normal”. Hace 2 años destituyeron a la presidenta del país por un acto administrativo y el candidato con mayor intención de voto fue a prisión en el medio del proceso electoral sin una condena firme y escasas pruebas en su contra. Por si esto fuera poco, el electorado votó masivamente a un candidato que defiende abiertamente a la última dictadura militar brasilera.

Sin embargo, Brasil no es el único país donde en los últimos años se vio (y se sigue viendo) alterado el orden democrático. ¿Podrán estas alternaciones volverse la norma en lugar de la excepción? ¿Las sociedades están dispuestas a aceptar este cambio? ¿Hasta qué punto y bajo qué condiciones es tolerable por la sociedad?

En Brasil asistimos a la victoria de lo políticamente incorrecto, una más en los últimos años. La resistencia oculta al discurso políticamente correcto en conjunción con el hastío del statu quo, la necesidad del electorado de sentirse importante junto a la aceptación de casi cualquier cosa con tal de que no gane tal o cual dirigente político, entre otras combinaciones, son algunos de los factores que explican este fenómeno. Al igual que en la década del 30’ estos fenómenos ocultan una carga de peligro e imprevisibilidad que los transforman en la principal coordenada de esta elección y una brújula para pensar el futuro de la región.