La globalización ha muerto

La llegada de Donald Trump al gobierno de la primera potencia de la Tierra, los chispazos sordos entre los Estados Unidos y China, la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la aparición de fuerzas políticas “anti-sistema” por derecha e izquierda en Europa, la figura del Papa Francisco, entre muchos otros emergentes, indican que nos encontramos en un tiempo de incertidumbres y cambios a nivel planetario, enmarcados en las consecuencias aún irresueltas de la crisis económica abierta en 2008. ¿Hacia dónde vamos?

En un sugerente artículo, Álvaro García Linera sostiene la hipótesis de que estamos asistiendo al fin de la hegemonía de la globalización neoliberal, que a su vez había sido el resultado de la crisis de los años 70. ¿La globalización ha muerto? ¿Qué posibilidades abre este contexto? En nombre del realismo, hay quien se anima a decir, provocadoramente, que “el populismo es el horizonte insuperable de nuestro tiempo”. ¿Será así?

Hace unos años América Latina parecía haberse “adelantado” una década al surgimiento de fuerzas políticas de masas antagónicas al neoliberalismo, dando vida a una oleada popular que no encontraba eco en otras regiones del planeta. Sin embargo, lejos de haberse producido un “empalme” posterior con la dinámica global, cuando los sistemas políticos tradicionales se resquebrajan en las potencias centrales, en nuestra región están resurgiendo las fuerzas de la restauración neoliberal. ¿Cómo pensar este “desacople”?

Hoy existen en nuestro continente fuerzas enfrentadas a la restauración neoliberal que resisten al frente del gobierno de sus países; otras fueron despojadas del gobierno por la fuerza o por los votos, pero mantienen niveles de acumulación política imprescindibles para una segunda oleada; y finalmente hay nuevas experiencias en países donde no había podido ser cuestionado el orden neoliberal. ¿Qué alquimia entre el pasado y el futuro supone dar vida a una nueva oleada?