Entrevistas“Liderazgos en su laberinto”
Por Lucas J. Fullana
Entrevista

Charlamos con Santiago García, compilador junto a Mariano Fraschini de “Liderazgos en su laberinto. Cómo ejercen el poder los presidentes latinoamericanos en el siglo XXI”, de reciente publicación. Recursos de poder y construcciones de liderazgos políticos en debate.

Durante años la Ciencia Política se centró en el análisis institucionalista de los diferentes regímenes de gobierno para intentar explicar el porqué de la estabilidad o inestabilidad de los liderazgos. En América Latina, donde el presidencialismo es la regla, el liderazgo presidencial cobra un rol fundamental para analizar nuestras democracias, aunque muchas veces ha sido dejado de lado en el análisis por otras variables. Charlamos con el licenciado Santiago García, quien junto a Mariano García y otros colegas estudiaron los liderazgos presidenciales en la región desde el comienzo del nuevo siglo hasta la actualidad, para analizar de qué forma ejercen el poder político liderazgos tan disímiles ideológicamente como Hugo Chávez, Jair Bolsonaro, Lula da Silva, Evo Morales, Dilma Rousseff, Rafael Correa, Mauricio Macri, Nicolás Maduro, Cristina Fernández de Kirchner y Lenin Moreno.

Hola Santiago, muchas gracias por recibirnos. Comenzamos preguntándote: ¿cómo nace la inquietud de estudiar los liderazgos presidenciales?

La temática de los liderazgos fue decantando entre los integrantes del grupo, a través de la lectura de la propia carrera. Con el regreso a la democracia se fueron poniendo en juego algunos conceptos, buscando estudiar los rasgos que impedían el retroceso hacia procesos dictatoriales. En ese momento se deja de lado la figura presidencial, y se centran los estudios en las instituciones, en el armado constitucional, legal, jurídico, sistemas electorales, pensando si era mejor votar de una u otra manera, las reelecciones, duración de los mandatos, flexibilidad o rigidez del sistema presidencial, entre otros temas. Pero la misma práctica política demostró, aún cuando no había retrocesos hacia regímenes dictatoriales, eso no implicaba que los presidentes de la región del mundo en donde más concentradas están las presidencias, estuvieran en condiciones de poder finalizar sus mandatos. Algunos autores famosos, como Linz, ponen las primeras líneas investigativas sobre los sistemas políticos y de gobierno, pero vemos que por ejemplo, en el caso argentino, el primer presidente democrático, Raúl Alfonsín, no finaliza su mandato en tiempo, dando lugar a que Menem asuma seis meses antes en una sucesión pactada entre el líder saliente y el entrante. Esto mostraba que el presidencialismo tenía una flexibilidad que no demostraban las investigaciones teóricas. En otros países se veía la utilización del juicio político, como con Collor de Melo en Brasil, que daba muestra de que la democracia y el presidencialismo tenían herramientas para sortear dificultades. En este punto, la Ciencia Política tenía que analizar más el “ser” que el “deber ser”: nos gustaría que las instituciones se muevan de una manera, pero se movían de otra. En ese momento, nos planteamos estudiar, a través del análisis de diversos autores, lo que estaba sucediendo, y al despejar variables nos quedó como variable explicativa al liderazgo en la figura del presidente. Si un presidente desarrolla un buen gobierno va a concentrar recursos de poder, funciones, adhesiones, mientras que si es débil los va a ir perdiendo y va a ser más inestable. Los liderazgos más fuertes son más estables, pero no llegan a ser autoritarios. De esta manera llegamos al objeto de estudio de nuestra investigación.

Ustedes analizan diferentes liderazgos a partir de la ola progresista en América Latina a partir de Chávez, pasando por Lula y Dilma, Néstor y Cristina Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales, pero también toman casos de liderazgos más conservadores o incluso de derecha como Macri, Bolsonaro o Lenin Moreno. ¿Hay particularidades en los liderazgos de derecha e izquierda?

Sí, nosotros analizamos el “ser”, retomando los consejos de “El Príncipe” de Maquiavelo. Las herramientas que construimos y utilizamos son para analizar como ejerce el poder un presidente, sin importar si viene del sindicalismo, de los movimientos sociales, si era empresario, si viene de los medios, si es hombre o mujer. Podemos analizar con las mismas herramientas a Macri, a Bolsonaro, a Cristina, a Evo, aunque haya simpatías por uno u otro. Pero las categorías de análisis no cambian. Eso es lo rico de nuestro trabajo. Es cierto que existen particularidades, pero también es cierto que cambian con el tiempo y el contexto donde se desarrolla.

Pareciera que desde la llegada de Chávez, en Venezuela, hasta mediados de la segunda década del siglo XXI, con el impeachment a Dilma, era más sencillo para los presidentes consolidar liderazgos estables, y que luego de este suceso comenzó un proceso generalizado de mayor inestabilidad, incluso tomando los últimos dos casos que ingresan al libro que son los liderazgos de Macri y Bolsonaro. ¿Cómo se explica esta situación regional?

El contexto internacional ayuda mucho. En 2001 Estados Unidos vuelca su mirada a una parte del globo que es Medio Oriente, y deja vía libre en la región al surgimiento de nuevos liderazgos. Por otro lado, China ingresa en un momento de crecimiento acelerado y aumento de la clase media, lo que hace que aumenten los commodities y las exportaciones de esta región. En ese margen de acción es que se desarrollan los gobiernos de principios de siglo, que responden satisfactoriamente y así surgen nuevos liderazgos, ya que aparecen líderes capaces de resolver problemas. Por ejemplo, en aquellos años Argentina y Brasil pagan el total de sus deudas con el Fondo Monetario Internacional, algo que parecía impensado años antes. En un contexto económico favorable se demostró que se podía crecer sin tomar deuda. En otros países, donde en términos comparados los derechos políticos y sociales estaban más atrasados, se da también un proceso más acelerado, con reformas constitucionales y un proceso de nacionalizaciones muy grande. Hay casos como el de Evo en Bolivia y de Correa en Ecuador donde se dieron reformas constitucionales muy importantes, lo que sería imposible en nuestro país, aunque Cristina varias veces habló de generar un nuevo contrato social de ciudadanía. Igualmente, esto no sale siempre bien, incluso en momentos de bonanza económica, política y social. Por otro lado, muchos de estos avances fueron difíciles de mantener en nuestro país con el regreso del neoliberalismo de la mano de Macri, al igual que pasó en Brasil con la llegada de Bolsonaro e incluso antes con Temer. Y también en Ecuador con Lenin Moreno y ahora Guillermo Lasso. Conquistas que la sociedad entendía eran derechos adquiridos, y sin embargo ha habido un gran retroceso en la región en los últimos años.

Pasamos ahora a la situación argentina. Ustedes en su libro dicen que el kirchnerismo asume con Néstor Kirchner en 2003 con muy pocos recursos de poder. Años más adelante con Cristina en el gobierno, incluso perdiendo la elección de 2009, el proyecto continua acumulando recursos de poder. Pero ustedes ven que en los últimos cuatro años de gobierno se produjo una pérdida acelerada de los mismos, llegando hasta el desenlace desfavorable con la derrota electoral del año 2015. ¿Cómo lo explican?

A partir del año 2008 hubo una crisis internacional muy grande, que tuvo un fuerte impacto en nuestro país. Tal vez no lo sentimos en el momento, pero sí repercute en los últimos años del gobierno de Cristina. Cuando la economía te acompaña muchos sectores de la sociedad, incluidos empresarios y sectores del agro, no se oponen a tus gobiernos o medidas como sí lo hacen cuando la economía empeora. Cómo se dice, en las malas se ven los amigos. Por otro lado, se ve que durante el kirchnerismo frente a cada problema el gobierno salía por arriba, con medidas positivas como la recuperación de YPF, Aerolíneas, las AFJP, la asignación universal por hijo y la ley de medios. Cuando no podés recuperar apoyo popular porque faltan años para las próximas elecciones, en un país que no tiene tradición plebiscitaria como sí lo suelen hacer otros países como Ecuador o Bolivia, muchas veces se generan agendas para recuperar el apoyo de la ciudadanía. También se dio un momento en el cual muchos intereses que habían sido afectados durante los años anteriores fueron respondiendo. En Venezuela esto se dio como guerra económica y en nuestro país tomó la forma de corridas cambiarias para afectar al gobierno. Hay que ver si cuando los líderes afectan intereses esto lleva a una acumulación de poder o a un aumento de la inestabilidad.

En el capítulo que analiza el liderazgo de Cristina, terminan diciendo que cuando finaliza su presidencia termina su gobierno pero no su liderazgo. ¿Qué le permite a Cristina mantener su liderazgo por fuera de la presidencia?

Te podría decir su gestión y la capacidad que demostró constituyéndose como un cuadro político diferente al resto de los políticos argentinos. Así como había gente que tenía una mala imagen de ella, muchas personas tenían una imagen muy positiva, superando un apoyo popular de aproximadamente un 30%, lo que es mucho para la política argentina. También sucedió que el resto del sistema político y de partidos que tendría que reconfigurarse con la salida del kirchnerismo del poder, no logró consolidarse ni construir un nuevo liderazgo que pueda desafiarla y constituirse como una especie de heredero de esos doce años y medio de peronismo. Después hay un recurso de poder que es fundamental que es el recurso de la estrategia política. Cristina tiene una capacidad y habilidad única de proponer e instalar nuevas institucionalidades. O sea, ella plantea temas que no están en agenda y consigue que esa agenda se convierta en prioritaria para propios y ajenos. Es una capacidad única y relevante en la política, ese poder de síntesis para ubicar problemas y decir esto es lo que sucede y se resuelve de esta manera. A su vez aprende de viejos errores que le habían imposibilitado que el proyecto político del kirchnerismo continuara en 2015. Pero en aquel momento era muy difícil continuar gestionando y resolviendo problemas y a su vez construir la sucesión, más en democracias como las nuestras de muy baja institucionalización. 

Seguimos avanzando en la línea del tiempo y llega el gobierno de Mauricio Macri.  Macri asume con pocos recursos de poder, sin apoyo sindical, con pocos gobernadores, pero a mediados de su mandato logra acumular nuevos recursos de poder con su victoria prácticamente nacional en las legislativas del año 2017. Pero en aquel momento, con la asunción de los nuevos legisladores y el debate de la reforma previsional, comienza a deteriorarse su liderazgo. ¿Qué fue lo que sucedió con su liderazgo hasta llegar a su derrota electoral en el año 2019?

Siempre debemos tomar en cuenta el contexto de asunción. No es que nos despertamos de repente con un presidente nuevo,  sino que tiene que haber algo que se está gestando desde antes y ahí surge un liderazgo que lo representa y canaliza. Macri tuvo la particularidad de que su contexto de asunción estuvo marcado por una campaña y una construcción política con un liderazgo en la ciudad más importante del país, mientras existía un proyecto político y económico previo que iba aumentando niveles de inclusión en la ciudadanía. En ese contexto su campaña se centró en decir que iban a continuar con estas medidas de inclusión, pero mejorando aquellos aspectos que generaban críticas, una construcción tecnocrática, sacando las ideologías y proponiendo CEOs como buenos gestores de los bienes públicos. A eso se le suma el apoyo de los medios de comunicación y los grupos económicos, con un sector de la sociedad que acompañó una propuesta para cambiar un proyecto político que venía desgastado. Luego también hubo cierto acompañamiento de sectores del sindicalismo e incluso del peronismo. En ese contexto Macri arranca sin tener mayoría propia en ninguna de las dos cámaras, con tres o cuatro gobernadores de los 24 del país, pero por otro lado tenía recursos financieros y económicos que le resultarían favorables para llevar una agenda de endeudamiento externo y un déficit controlado. La situación económica no era mala en el país y la conflictividad social era baja. Una vez que comienza a gobernar desarrolla una gestión con algunas propuestas provenientes del marketing político, como el consenso fiscal, y fue acumulando recursos durante su gestión, con acompañamiento incluso de los gobernadores opositores. Pudo romper también el bloque de la oposición en el Congreso aunque no pudo aumentar las fortalezas propias. Después ya vino la política económica, la que no lo acompañó y tuvo que finalizar su gobierno a los cuatro años, poniendo fin a un proyecto de desregulación económica y un individualismo muy fuerte en lo cultural. Su agenda iba a chocar contra todo lo construido durante más de doce años y medio, y aunque esa tensión se manifiesta en puntos álgidos como con la reforma previsional, creo incluso que Cristina estuvo más cerca de que se quiebre la institucionalidad con el conflicto con las patronales agrarias. Tenemos en Macri el primer presidente de la región que va por la reelección y sale derrotado, porque creo que la gente pudo comparar con doce años previos en los cuales frente a cada conflicto la ciudadanía sabía que se salía para adelante, que aun con dificultades se podía avanzar. Sin embargo, también es cierto que entre una elección y la otra Macri recupera seis o siete puntos.

Llegamos al presente y lo tenemos al presidente Alberto Fernández. Vemos un liderazgo novedoso, con pocos recursos de poder a la hora de la asunción en su figura propia, pero con recursos interesantes y relevantes en el frente que él representa. A los pocos meses enfrenta una pandemia inédita, y hoy pareciera estar en una situación de mucha fragilidad para ejercer su liderazgo. ¿Cómo lo ves vos este proceso político actual?

Alberto Fernández asume con muy pocos recursos de poder pero en un contexto diferente. Así y todo, logró algunos recursos políticos con los cuales no contaba, como por ejemplo hacerse cargo de la presidencia del Partido Justicialista. Con la posibilidad de gestionar el Estado nacional fue acercando la posición de diferentes gobernadores del país, los cuales lo apoyaron durante gran parte de estos cambios. También a través de la gestión ganó el apoyo de algunos movimientos sociales. En el ámbito internacional se pudo apoyar en la relación estratégica con Rusia que, aunque ya venía gestándose, no era prioritaria como sí lo era la construcción del Mercosur y de la región, Europa, Estados Unidos y China en lo comercial. La pandemia le permitió al presidente, rápido de reflejos, consolidar esa relación política con Rusia y ponerla en primer plano, ayudado también por la vicepresidenta. Esto se desarrolló en el proceso político para conseguir e incluso fabricar vacunas, lo que colocó al presidente como un líder regional en dicho proceso, como también había sucedido con sus intervenciones para garantizar la vida de Evo Morales antes de su presidencia y durante la misma al patear el tablero en el grupo de Lima y en el acercamiento con México. Dentro del Mercosur se muestra como un líder regional enfrentando la postura de libre mercado de sus pares de Uruguay y Brasil.

En cuanto a recursos de poder financieros, logró la reestructuración de la deuda con bancos, privados y algunos fondos buitres que le permitió ahorrar algo así como siete mil millones de dólares. Ahora viene también la reestructuración de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, que hay que ver cómo culmina. Incluso la financiación del déficit en moneda local es un recurso de poder financiero. En cuanto a recursos de poder estratégicos y políticos veo que el presidente logró imponer una agenda legislativa propia interesante, como fue el aporte extraordinario de las grandes fortunas. Por todo esto yo veo que hay un liderazgo que ha sido consolidado y que pudo obtener nuevos recursos de poder. También es cierto que hay errores propios, y que veníamos de un liderazgo carismático con otro ritmo político y ahora es distinto, aunque no veo que haya roto los principales lineamientos de su campaña ni veo que los haya traicionado. Lo que queda por ver es cuanto caudal electoral logra contener este liderazgo como parte de un frente electoral donde la principal figura que tracciona votos es la vicepresidenta. Veremos si con esto le alcanza, porque los actores del otro lado también juegan y muchas veces son más poderosos que el propio presidente, aunque en el día a día no lo podamos ver.

¿Qué balance o análisis podes hacer de estos primeros dos años de gestión, que fueron atravesados en su gran mayoría por los efectos de la pandemia del COVID – 19, y del resultado de las Primarias de hace unos días? Pareciera que el gobierno intenta rearmarse frente a una dura derrota electoral inesperada.

El gobierno tuvo por delante, en estos dos años de gestión, la tarea de resolver dos aspectos centrales. En primer término, recomponer la estructura productiva e incluir a quienes quedaron por fuera del sistema, tarea nada sencilla. Y, en segundo lugar, prepararse para afrontar la peor pandemia sanitaria de los últimos tiempos. Las elecciones Paso dieron cuenta que el armado político partidario, si bien es necesario, no es condición suficiente para ganar una elección. Que los altos niveles de imagen positiva que tuvo el presidente al comienzo de la pandemia, y que en gran medida continuaron durante todo el proceso de vacunación, tampoco parece condición suficiente. Por eso me atrevo, humildemente, a sostener que es la agenda económica y de inclusión social la que recobró la prioridad. La respuesta a las consecuencias neoliberales, sumado a la abrupta caída del PIB en 2020, parecen ser el mensaje de las urnas. Y hacia allí parece que se orienta la gestión y las políticas públicas, no solo para revertir el resultado, sino para dar respuestas a su electorado.