Evita brilla
Por Victoria Freire
Ensayo

Existen tantas formas de recuperar a Evita como multitudes han concurrido a la plaza para reclamar derechos. Todo lo que se pueda decir parece poco y entonces solo brotan las palabras y la pasión, que es algo indescriptible. Ella es mito, es realidad y es sueño. Es muchas cosas imposibles de resumir porque hay mil formas de evocarla.

Antes de que esta cuarta ola nos devolviera la certeza del feminismo como acontecimiento político, hubo muchos desencuentros entre el movimiento popular, las organizaciones políticas y los feminismos. En particular Evita debatió fuertemente con las feministas, y muchas de ellas también lo hicieron, sin encontrar un lenguaje común en ese contexto. La lengua que hablaba Eva era con el pueblo, con quien compartía una misma causa, y con el general Perón por supuesto. Durante mucho tiempo se remarcó en su propio mensaje la negación de todo vínculo entre Eva y el feminismo. Con la excepción de las militantes peronistas y feministas que defendían una misma identidad política, tuvo que aparecer un movimiento transversal para que podamos al fin acudir al rescate feminista. En nuestra genealogía Evita es pensamiento estratégico y acción política para el acontecimiento feminista de su época. Su convocatoria a las mujeres trabajadoras para ser parte de un proyecto político es una invitación a transformar radicalmente su lugar asignado hasta ese momento en la historia.

 

 

Si bien la fuerza de Eva no está en las elaboraciones teóricas, y su libro La Razón de mi vida no se utiliza para el análisis, hay un capítulo entero dedicado a las mujeres donde cuestiona explícitamente a las feministas desde una mirada que puede tener algo de machista, pero sobretodo expresa una diferencia que interpreta de clase. Luego de plantear esa discusión, desarrolla su idea sobre la importancia de la organización y de alcanzar la independencia económica para cambiar una vida que se gasta en las tareas de limpieza, en la dedicación hacia los demás sin ningún reconocimiento. Evita ya había convocado a un conjunto de delegadas para llevar adelante una inmensa obra a través de la fundación, dedicada a la ayuda comunitaria pero también para construir el partido peronista femenino y desarrollar la actividad política. Reivindica un lugar en el movimiento para las compañeras, y pelea por su incorporación en las listas. Porque además de votar, derecho que se consigue en esos años felices, se trata de poder ser elegida. Ella fue la dirigente que se rodeó de las trabajadoras para hacerlas el músculo de su acción social y política.

El odio hacia su figura está impulsado tanto por el rechazo de clase como por el desprecio sexista. Ella también representa el hecho maldito del país machista y burgués. Su obra es totalmente transgresora para ese momento, pero lo es también hoy: ¿cuál es el rol esperado de las mujeres e identidades LGTTBI en la política? ¿Cómo se las sanciona cada vez que defienden una causa popular? ¿Cómo se custodian los lugares de poder para privilegio de un grupo reducido?

“Todo, absolutamente todo en este mundo contemporáneo, ha sido hecho según la medida del hombre. Nosotras estamos ausentes en los gobiernos. Estamos ausentes en los Parlamentos. En las organizaciones internacionales. No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los estados mayores de los Imperialismos. Ni en las “comisiones de la energía atómica”. Ni en los grandes consorcios. Ni en la masonería, ni en las sociedades secretas. No estamos en ninguno de los grandes centros que constituyen el poder en el mundo” La razón de mi vida, 1948.

 

 

El sentimiento de amor en la política no aparece porque sí, no es algo que haya logrado la derecha que fundamenta su proyecto en el odio social. Pocos personajes y proyectos políticos han llegado a conmover tanto como Evita. En muchos barrios todos los jueves a las 20 y 25, la hora de su paso a la inmortalidad, los ojos infantiles veían grupos de señoras que se encontraban a rezar por Eva. Todas las semanas el rito escondía un acto de resistencia que se escabullía del garrote militar. La emoción de tantas personas que la siguen recordando, en el sentido verbal de volver a pasar por el corazón, es una reivindicación de lo que siempre ha sido excluido. La pasión no es asunto público para quienes escribieron los tratados de filosofía política e instalaron el imperativo de la razón como atributo natural de lo masculino. Pero el sentimiento es convicción, es comunidad y también proyecto. El rescate feminista de Eva es un acto de amor, es revisionismo histórico a la luz de un movimiento que busca en su genealogia las herramientas para seguir creciendo, para desafiar lo establecido. Pero nuestra Eva no es para el almanaque, es una guía para la acción: “De nada nos valdría un movimiento femenino organizado en un mundo sin justicia social. Seria como un gran movimiento obrero en un mundo sin trabajo”.

Ella nos propone otra vez organizarnos para ser pueblo protagonista de la historia, para combatir las injusticias y vivir mejor. Nos propone ser orgulloses, no ser indiferentes, sumarnos a la causa común junto a quienes menos tienen. Multiplicarnos, porque para semejante tarea necesitamos de todas las manos y los cuerpos.

Mi mamá me cuenta que su madre –es decir mi abuela- decía que ella vivió gracias a la fundación. Que las compañeras la asistieron en el hospital Ramos Mejía, porque se sentía mal y necesitaba ayuda para ella y su hija recién nacida. Por eso mi abuela estuvo siempre agradecida.

Hay muchos motivos para agradecer eternamente, tantos como corazones la celebran. En todas sus evocaciones, Evita está brillando y prometiéndonos ser felices.