Una mirada feminista en tiempos de Pandemia
Por Andrea Vallejos
Cuarta ola

La Pandemia global que vivimos actualmente ha vuelto visible varias cuestiones: los cuidados, la solidaridad y la vida aparecen en el centro de la escena. En este contexto también se recrudecen cuestiones estructurales de nuestra sociedad: la violencia de género y su expresión más extrema, los femicidios, trans femicidios y travesticidios continúan siendo alarmantes.

La centralidad puesta en el cuidado de la vida debería poder llevarnos a entender que es urgente articular una respuesta que no puede dejar de ser feminista, y, en ese sentido, no puede priorizar unas vidas sobre otras. Desde que se dictó el aislamiento obligatorio ocurrieron siete femicidios, casi 80 en todo el país en lo que va del año. Las mujeres, lesbianas, trans y travestis estamos en riesgo, con pandemia o sin pandemia de coronavirus. Y si observamos el cruce de los sistemas de opresión, los riesgos pueden potenciarse, porque la violencia no es igual para todas y todes, porque la opresión de género se entrelaza, se cruza, se articula con otros sistemas de opresión y nos violenta de forma desigual. Por eso las estrategias para combatir las violencias tampoco pueden ser descontextualizadas de nuestros entornos inmediatos.

La agenda del movimiento feminista es diversa, amplia y situada y lleva varias décadas de propiciar amplios debates respecto a aspectos de nuestras vidas cotidianas que constituyen problemas políticos. Justamente fue este movimiento el que logro poner en agenda pública situaciones que se consideraban privadas. Lo personal es político, dijeron los feminismos de la segunda ola y permitieron hablar de aquellos aspectos de la vida que eran considerados asuntos en los que no había que meterse. El trabajo sostenido de reflexión y acción se tradujo en la masividad lograda por el movimiento en los últimos años, principalmente a partir de la primer convocatoria de #NiUnaMenos y los paros feministas internacionales, sostenidos en una historia de encuentros y redes que nos han permitido elaborar una utopía feminista, que como señala Alba Carosio es no patriarcal, no capitalista, no colonial y no imperialista, más humana, diversa y feliz.

Entonces, desde la mirada feminista, la centralidad de la vida y del cuidado de la misma se vincula a la posibilidad de un mundo mejor. La centralidad de la vida que sostienen los feminismos ha motorizado el cuestionamiento y la acción contra la violencia de género en todas sus formas y modalidades; la denuncia y la organización en torno a la pobreza y su impacto desigual en mujeres, lesbianas, trans y travestis; así como la visibilización de las tareas de cuidado.

El proyecto emancipador del feminismo es una alternativa a la forma de acumulación capitalista y patriarcal que genera desigualdad y muerte, una denuncia a los vínculos estructurales entre el capitalismo y el patriarcado, porque si bien el capitalismo no ha inventado la subordinación de género, sí ha creado nuevas formas. El capitalismo recrudece al patriarcado así como el patriarcado es funcional al mismo.

Por eso en este contexto nuestras articulaciones, nuestras redes, nuestra fuerza de cambio nos dio la posibilidad de sostener formas comunitarias, cercanas, afectivas, y cuidadas de acompañar y actuar ante el recrudecimiento de las violencias por razones de género, aun en tiempos de aislamiento obligatorio. Porque nuestras estrategias han sostenido históricamente que es tejiendo red que podemos protegernos, sabiendo que si vamos a proteger la vida deben ser todas las vidas, como lo venimos planteando en las calles, en los encuentros y en las movilizaciones, como lo venimos denunciando, nos queremos vivas, a todas y a todes.

Que los aprendizajes que obtengamos de esta crisis que ha expuesto dolorosamente las desigualdades sociales, que ha visibilizado que un mundo centrado en la acumulación no permite, no es compatible, con la sostenibilidad de la vida, nos permitan ver que es posible también un mundo mejor con todas, todes y todos. Pero que ese mundo requiere que veamos con claridad lo que nos falta y que las alarmantes cifras de violencia y femicidios siguen siendo una deuda.

Celebramos que este sea un eje articulador de las políticas destinadas a enfrentar la pandemia, entendemos que la salida de esta crisis no puede ser volviendo a lo mismo que conocemos. La salida será feminista o no será, porque repetimos una vez más: vivas, libres y desendeudadas nos queremos.