Feminismos populares, una invitación a la incomodidad
Por Noelia Figueroa
Cuarta ola

Desde la victoria de Macri se viene dando un debate sobre las estrategias de construcción de una nueva mayoría en condiciones de resistir, pero sobre todo derrotar, la ofensiva neoliberal y conservadora. Los feminismos populares, por supuesto, somos parte de ese debate.

Un eje de estos debates, bastante costoso para un mundo de organizaciones donde aún priman lógicas viriles que hacen de cada diferencia una oportunidad para disputar liderazgos y territorios, ha sido el grado de amplitud de esa unidad política a construir, el vínculo de las organizaciones de izquierdas con el campo nacional-popular en general y kirchnerista en particular, y por último, el reconocimiento (o negación) de la referencia de Cristina Fernández como conducción de un potencial espacio opositor anti-macrista.

Los cambios en los escenarios políticos de nuestro país (los avances en la persecución judicial a CFK, la caída de la imagen presidencial de Macri, la agudización del ajuste y la recesión con la entrega del comando económico del país al FMI), en la región (el resultado favorable al fascista Bolsonaro en Brasil), y los movimientos de algunxs referentes políticos importantes (reacomodamientos en cúpulas sindicales, dentro del peronismo y en partidos progresistas, manifestando acercamientos a la posibilidad de confluir con el kirchnerismo en un frente opositor), van moviendo el tablero y despejando algunas hipótesis y orientaciones.

El deseo de algunos sectores progresistas e izquierdistas de construir un espacio que prescinda o subordine al kirchnerismo, proyectando política a partir de especulaciones electorales o con la lista del debe de sus doce años de gobierno en la mano, parece ir perdiendo terreno ante la sensatez y responsabilidad que exige la coyuntura. También ante lo indeseable de resistir puros, pero en los márgenes.

La definición del referente social del Movimiento de Trabajadorxs Excluídos (MTE), Juan Grabois, de jugar en política poniendo su referencia al servicio de la conformación de un frente anti-macrista que reconozca el valor de la referencia de Cristina, movió el tablero. El sector al que pertenece y desde el que ganó visibilidad pública y legitimidad política, es junto al movimiento feminista uno de los grandes protagonistas de la resistencia neoliberal en las calles.

La apuesta a la conformación del Frente Patria Grande en el marco de una apuesta mayor a un Frente Patriótico anti-macrista, entusiasma a quienes sentimos que las movilizaciones masivas en las calles necesitan una traducción político-electoral amplia y unitaria para enfrentar a Cambiemos.

Porque es cierto que sin 2018 en las calles no hay 2019, y no podemos supeditar la lucha popular al escenario electoral. Tan cierto como que 2019 está a la vuelta de la esquina y sin orientación política clara hacia ese escenario, nuestras acumulaciones políticas se traducirán en algún que otro posicionamiento electoral marginal.

Si bien estos movimientos despejan o relegan a un plano secundario algunos debates, suman otros: entre ellos la relación entre el Papa Francisco, la Iglesia Católica y Juan Grabois, así como el debate sobre la legalización del aborto. Y nuestros feminismos populares tienen mucho para aportar.

Ahora que -no sólo- nos ven

Nuestros feminismos no son sólo visibles, son también indispensables en la construcción de una nueva mayoría social anti-neoliberal. Por ello tenemos que dar estos debates sobre el carácter de la alternativa que construimos parándonos a la ofensiva, y no de manera defensiva. ¿Por qué? Porque nuestro movimiento es uno de los más grandes, dinámicos y convocantes del país. Por eso, porque estamos surfeando esta Cuarta Ola, es importante que enfrentemos las discusiones políticas que atravesamos con una certeza: no vamos a dar ni un paso atrás.

Nunca los acumulados políticos están blindados, y todo movimiento puede implicar un retroceso en nuestra acumulación si no contamos con una estrategia para resguardarlo y proyectarlo. Pero debemos discutir esa estrategia desde el análisis de las variables más generales desde las cuales venimos elaborando política en los últimos años.

El feminismo es un proyecto civilizatorio que se enfrenta radicalmente a la ofensiva neoliberal, patriarcal, conservadora y colonial que azota a nuestra región. Nuestros feminismos populares, comunitarios, configuran un proyecto de futuro que se enfrenta cuerpo a cuerpo con esa derecha. No sólo incidimos en la vida de las mujeres y disidencias sexuales y de género cotidianamente mediante acompañamientos, intervenciones, luchas por derechos, sino que además, vamos construyendo una imagen de futuro igualitario que moviliza energías y fuerzas en las calles, e incide de manera transversal en todas las instituciones.

Sin embargo, como ha sucedido en otros momentos de la historia, nuestro proyecto no es el único que cuestiona al neoliberalismo a nivel mundial. Como lo vienen planteando algunas compañeras feministas (recomendamos el libro “Los feminismos ante al neoliberalismo”, compilado por Malena Nijensohn), también sectores aglutinados tras la gestión de Francisco vienen constituyendo una oposición fuerte a nivel mundial. Es una oposición que denuncia al capital financiero y sus lógicas depredadoras, la pérdida del lazo social y el empobrecimiento de amplios sectores populares, reivindicando derechos básicos al bienestar social y un rol estatal que intervenga para garantizarlos.

Sin embargo, en gran medida, entendemos que es una propuesta que mira hacia atrás, recostándose en pilares como la envejecida familia nuclear, una moral sexual conservadora e instituciones eclesiásticas, a las que nosotrxs venimos cuestionando de manera sostenida hace décadas. Mientras, nuestro proyecto quiere apostar a la reconstrucción de lazos, a la refundación comunitaria, pero desde una igualdad radical. Apostamos a la recuperación de nuestra soberanía corporal y vital desde miradas que construyen hacia un futuro libertario.

También es relevante decir que así como al interior del movimiento de mujeres hay expresiones religiosas que levantan la agenda feminista, también hay feministas populares construyendo desde los territorios codo a codo con esa militancia cristiana que le da pelea a la pobreza donde peor se siente. Esas compañeras tampoco se callan, y han logrado que sus referentes no se expresen contra sus derechos sexuales y no reproductivos, aun cuando en términos personales pudieran no estar de acuerdo. Algo similar ha sucedido con el caso de Cristina, quien aun habiendo manifestado una posición personal contraria al aborto en varias oportunidades, votó a favor de su legalización el pasado 8A en el Senado. Lejos de ver allí oportunismo o demagogia, como se denuncia desde algunos sectores, nosotrxs reconocemos la capacidad que deben tener lxs grandes referentes políticos de comprender las demandas del pueblo que aspiran a representar.

Llegadas a este punto nos preguntamos: ¿es posible pensar una articulación entre estos proyectos? ¿Es viable avanzar en construir una alternativa contra el macrismo, amplia y heterogénea, que referencie a CFK como principal figura, pero que no nos implique negociar nuestros reclamos? ¿Vemos que ese cruce lleno de contradicciones es compatible con nuestro feminismo? Nos arriesgamos a decir que sí: quienes construimos feminismos populares sabemos que no es desde las miradas sectarias o puristas desde donde crecemos. Todo lo que nos ha hecho crecer y visibilizarnos en todo este tiempo se debe a opciones más “arriesgadas” y amplias que a lugares cómodos o sin tensiones.

Esta articulación que planteamos no significa subordinar nuestras banderas, replegar posiciones ni dejarnos conducir. Por el contrario, es ser conscientes de que cuando decimos que “la unidad es con nosotras”, significa que debemos ser parte del armado patriótico que derrote a Macri, con el feminismo como bandera transversal.

Somos conscientes de que esta mirada traerá polémicas al interior del movimiento de mujeres, disidencias sexuales y feministas. Bienvenidas sean, nunca le escapamos al conflicto y así fuimos capaces de organizar y protagonizar las gestas multitudinarias más importantes de los últimos años. También somos conscientes de que las miradas machistas también subsisten entre nosotras mismas, y no faltarán quienes digan que hemos bajado las banderas, que nos dejamos conducir por quienes menosprecian nuestros derechos, que nos subordinamos a la Iglesia, el Papa y demás. Podríamos pensar, por el contrario, que es un triunfo nuestro, de los feminismos, que un referente popular como Grabois integre un frente compuesto por tantas feministas, que se construye con el objetivo de apoyar a una candidata que reivindica la construcción de un movimiento feminista, como ha hecho Cristina.

Nos vamos a evitar la chicana ni la mala leche, pero tampoco vamos a naturalizar su tufillo machista, ese que subestima nuestra capacidad de construcción, decisión y conducción. Parece que fuéramos sólo víctimas, que dependemos de machirulos que deciden por nosotras. Pero ese lugar de mujer subordinada, alienada y sin autonomía ya no nos sirve, nos quedó viejo y chico. Nosotras construimos día a día un feminismo con vocación de poder, que salió de esos lugares victimizantes para tomar las riendas de nuestras vidas. Ese feminismo que reivindica también el goce y la alegría, no va a ser afectado por la posición personal de ningún referente, pero tampoco por la cizaña (machista) de quienes no nos creen capaces de gestar estas articulaciones, incómodas pero potentes. Y aquí cabe una pregunta. A quienes se oponen a la construcción de frentes amplios y diversos para derrotar al macrismo, ¿de veras piensan que con un nuevo gobierno de Cambiemos hay más chances de que obtengamos la aprobación del proyecto de IVE?

No hay margen posible para que un reclamo de masas, que promovió la politización de miles de pibas y pibes, que convocó a millones en las calles y plazas de todo el país, que sacudió las agendas políticas y mediáticas, como es el derecho al aborto legal, sea marginalizado de la agenda de una construcción de mayorías. Al mismo tiempo, la ampliación de los marcos de unidad no puede suponer un retroceso en la feminización de la política y de las referencias públicas.

Feminismo es sentido del momento histórico

Para nosotras, frenar la ofensiva neoliberal es una tarea de primer orden. Sabemos por aprendizaje histórico que toda construcción con vocación de radicalizar la democracia y transformar nuestras vidas, crece y se multiplica en los ciclos históricos en que combaten desde el Estado las condiciones de empobrecimiento y precariedad que configuran nuestras vidas. Por eso queremos formar parte de un frente que asuma como propia la tarea de revertir de manera urgente el actual estado de cosas.

Somos feministas que hacemos política cada día, que sabemos que cada minuto que pasa con Cambiemos gobernando el país significa muerte, pobreza y destrucción de derechos, y que estamos dispuestas a caminar lo que se abre con mucha determinación, para construir junto a nuestro pueblo una nueva mayoría social, que sea nacional, popular, democrática y feminista, capaz de crear una alternativa que nos aleje de la pesadilla neoliberal, y nos acerque un poco más a nuestros sueños.

Si queremos, como venimos diciendo, que la próxima oleada de gobiernos populares llegue mucho más lejos que la anterior, si nuestra tarea generacional es la de abonar a correr los límites de lo posible, entonces ésta tiene que ser una oleada que nos tenga a nosotras en la delantera.