El sur a puro poder feminista
Por Jazmín Bergel Varela y Florencia Cascardo
Cuarta ola

Como ocurre desde hace 33 años, las mujeres, lesbianas, travestis y trans viajamos a Trelew para celebrar nuestro Encuentro Nacional, esa fiesta anual del feminismo en la que nos encontramos para abrazarnos, unirnos, intercambiar, fortalecernos, discutir y organizarnos.

Pero este Encuentro sucede en un momento muy particular: el año en el que el feminismo logró poner en el centro de la escena política el debate por el aborto legal y se consagró definitivamente como un actor (actriz) político de masas en Argentina, con capacidad de interpelar a millones y modificar el sentido común de toda una sociedad.

Además, se da en un momento de crisis y avanzada neoliberal que afecta a nuestro país y la región, impactando más aún en las mujeres e identidades disidentes; en este contexto, el movimiento feminista a nivel global se posiciona de un lado fuertemente opositor, protagonizando desde el primer paro al gobierno de Macri hasta la masiva movilización contra la política fascista y homofóbica de Bolsonaro en Brasil.

Este carácter antineoliberal del movimiento feminista es el que explica la elección de Chubut como sede, enviando un claro mensaje político al elegir la provincia donde Santiago Maldonado fue visto con vida por última vez y donde se lleva adelante una violenta persecución a los pueblos originarios. Este sentido estuvo muy presente: al lado de los pañuelos verdes, de las mochilas de las pibas, colgaban carteles que reclamaban la liberación de Milagro Sala.

Venimos a discutir todo

Para ver cómo fue mutando el movimiento feminista en nuestro país, un buen ejercicio es comparar las listas de talleres de cada uno de los 33 Encuentros pasados, donde año a año se van incorporando nuevas temáticas o se van cambiando los paradigmas según los debates que se están atravesando en ese momento histórico.

Uno de los nuevos talleres que expresa la necesidad de pensar desde una perspectiva feminista espacios que tradicionalmente nos fueron negados fue “Mujeres y Fútbol”, que si bien hace 5 años se realiza, esta vez fue incorporado a la grilla oficial de talleres. Este taller estaba programado para que suceda en una escuela, pero las compañeras lo trasladaron a la Plaza Centenario donde armaron una canchita al lado de la ronda. El deseo a jugar se conjuga con la organización: mientras jugaban unos picaditos, se encontraban distintas experiencias y discutían cómo pensar el fútbol desde una perspectiva feminista. El fútbol feminista propone repensar la lógica de este deporte: “entre las pibas había muchos equipos de fútbol que se formaron alrededor de un barrio y eso sirvió para organizarse, conocerse, entender qué le genera el fútbol a cada una: un lugar de pertenencia, el poder tener un espacio de tiempo libre, de recreación” cuenta Mariana, participante del taller y jugadora de fútbol. El taller terminó con muchísimas pibas intercambiándose figuritas del álbum de fútbol femenino presentado en este encuentro “¡Imaginate estar en la primaria y en vez de intercambiar figuritas de un machirulo por otro podés cambiar figuritas de pibas!”, “Esto va a hacer que muchas pibitas quieran jugar, me muero de la emoción” se escucha decir de fondo.

El taller de activismo gorde, que se dio por segunda vez, fue nuevamente uno de los hitazos del Encuentro. No es casualidad: en el feminismo de esta ola que pone a nuestros cuerpos deseantes en primer plano, discutir los mandatos de belleza hegemónica es una tarea de primer orden. Muchas compañeras que viajaban por primera vez eligieron ese espacio como primer experiencia de taller, y lo contaban emocionadas: “Escuchaba a otra hablar y me daba cuenta que a mí me pasa lo mismo”, y esa frase condensa gran parte de la magia del feminismo.

“Mujeres por la Libre Determinación de los Pueblos” fue otro de los talleres incorporados a la grilla este año. El reclamo de las compañeras de los pueblos originarios estuvo muy presente; quizás muchas de las participantes nunca escucharon hablar de la interseccionalidad, pero ninguna dudó que la opresión de género es peor cuando además se es integrante de un pueblo perseguido. Por ello, fue unánime el apoyo al reclamo de las compañeras de pueblos originarios de modificar el nombre del Encuentro para que sea Plurinacional, atendiendo a la integración de las múltiples naciones al movimiento.

Y porque nuestro feminismo no es un dogma sino una práctica constante de repensar y cuestionarnos aquello que siempre fue así, es que también se modificó la denominación “mujeres” al encuentro por “mujeres, lesbianas, travestis y trans”.

Atendiendo a la incorporación de las identidades disidentes, el sábado a la tarde se realizó una marcha contra los travesticidios y transfemicidios. Lohana y Diana estuvieron presentes en cada una de las miles que exigimos por una vida digna para las trans y travestis, por cupo laboral trans y una Ley de Reparación Histórica para quienes más sufren la violencia patriarcal.

Y como el feminismo es goce, el sábado cerró con dos fiestas: el Festitorta y la Fiesta latinoamericana feminista. En una punta y otra de la ciudad muchísimas nos olvidamos de las horas de viaje para bailar al ritmo de bandas conformadas por pibas, que no cantan que nos movamos para levantarnos a un tipo, cantan que bailemos porque nos hace felices. Y todas respondemos con esa felicidad brotando de nuestras caderas al ritmo de unas cumbias; las más osadas, se animan a tirar unos pasos de twerk.

Sembrando feminismo

La marcha de cierre del Encuentro fue definitivamente el momento más emocionante del fin de semana. Una marea inmensa y brillante -literalmente- recorrió las calles de Trelew y encontró aliadas en vecinas, viejas y niñas, que salieron a sus balcones y terrazas a recibirnos y saludarnos con el pañuelo verde en la mano. “Mujer escucha, únete a la lucha”, el clásico canto que se escucha mientras la marcha pasa por las casas de la ciudad invitando a participar, parecía ya no ser tan necesario porque esas mujeres, aunque no pudieran marchar, estaban ahí con nosotras mostrándonos que este feminismo que sembramos con amor y perseverancia da sus frutos.

Este Encuentro, el primer gran evento desde la jornada del #8A, evidenció que el rechazo a la legalización del aborto no nos frenó, sino todo lo contrario: nos mostró la importancia de seguir creciendo como movimiento y la necesidad de llenar de feminismo todos los espacios de poder. Ya no nos conformamos con la incorporación de una agenda de género: queremos la feminización de la política, reclamamos la llegada a los lugares de conducción. Cantamos hasta quedarnos sin voz: “Qué organizadas que se nos ve, que el feminismo dirija la CGT”.

Lamentablemente, como ocurre desde 2015, la marcha nuevamente terminó con represión, porque si algo asusta a la resistencia machista es la organización feminista. Terminada la manifestación, policías de civil salieron a cazar manifestantes desarmadas. Les tiraron balas de goma y se llevaron detenidas a 10 compañeras lesionadas. Apenas se conoció la situación, muchas nos movilizamos para reclamar su liberación, haciendo carne nuestro lema: si tocan a una, nos tocan a todas. Sin embargo, no podemos ignorar que la violencia institucional viene creciendo, lo cual nos plantea el desafío de seguir construyendo redes y herramientas para cuidarnos entre todas.

Poder feminista para una nueva mayoría

La elección de La Plata como próxima sede también tiene que ver con este hambre que crece de ser protagonistas de las decisiones políticas en nuestro país: la capital de la provincia donde mueren y secuestran docentes, donde la gobernadora dijo sentirse aliviada por el rechazo en el senado de la ley de IVE, desconociendo las miles de muertes que podrían haberse evitado. La capital de la provincia gobernada por María Eugenia Vidal, figura femenina enarbolada por un feminismo liberal que desfinancia programas y promueve un modelo de exclusión y pobreza, a quien hoy los grupos de poder buscan posicionar como una figura presidenciable para el 2019.

El movimiento feminista se ha mostrado como uno de los más dinámicos en la escena política de nuestro país del 2015 a esta parte. En un contexto de avance de la derecha, el feminismo no sólo resiste los embates neoliberales sino que se propone seguir avanzando en la conquista de derechos, cuestionando los centros de poder y movilizando a millones de personas. No quedan dudas: cualquier movimiento transformador de la realidad no puede pensarse escindido de este fenómenos de masas.

Quedan abiertos muchos desafíos para nuestro movimiento de cara al año que viene. Cómo construir un proyecto político capaz de frenar el avance neoliberal. Pero seguramente el lugar que ocupe el feminismo en esa construcción será determinante para que ese proyecto traiga consigo una nueva oleada progresista que, como dice García Linera, llegue más lejos que la anterior. Porque sin feminismo no hay justicia social, y sin nosotras no hay unidad que valga la pena.