Un Nuevo ChileCrónica del triunfo de la dignidad
Por Eugenia Testoni y Ulises Bosia
Crónica

Imágenes, melodías, ruidos y sensaciones de una semana histórica para Chile. La que vio llegar a una nueva generación, sub 40, a la presidencia del país mediante la candidatura de Gabriel Boric.

Desde Santiago.

Cuando empezamos a escuchar bocinazos por las calles de Santiago nos sorprendimos. Era jueves, esperábamos para ir hacia el cierre de campaña de Gabriel Boric y lo primero que pensamos era que esos bocinazos formaban parte del clima previo al acto. Sin embargo, aún estábamos lejos del Parque Almagro, en una zona relativamente acomodada y la cosa no parecía coincidir con el ambiente de una ciudad en la que, a solo cuatro días de una elección histórica, costaba encontrar propaganda electoral de los dos candidatos en la vía pública. No hay afiches oficiales, no hay pasacalles, hay pocos puntos de volanteo en el centro. Lo más visible son las banderas en los balcones de los edificios, aunque tal como nos comentaron no siempre es posible colgarlas, porque hay ciertos reglamentos de los consorcios que lo prohíben. Se sabe, las administraciones de la propiedad horizontal como etapa superior del neoliberalismo. Para ojos argentinos, realmente algo inusual una campaña electoral de estas características.

Unos minutos después, un hombre joven, en situación de calle, quizás un poco borracho, que tal vez ni siquiera habría votado en la primera vuelta ni tampoco supiera de la inminencia del ballotage, pasó cerca nuestro y dijo al aire: “se fue la mujer de Pinoshé”. Nuestro desconcierto terminó cuando miramos el celular y encontramos un mensaje: “¡se murió la vieja!”. El fallecimiento de Lucía Hiriart de Pinochet explicaba todo: eran visibles las muestras de algarabía por el deceso de una mujer vista como un símbolo de un orden dictatorial que todavía está demasiado vivo en el presente chileno. No eran solo bocinazos: un grupo grande de manifestantes se convocó para celebrar en la Plaza Italia, rebautizada Plaza Dignidad luego de la revuelta de octubre de 2019 que transformó el centro de Santiago. El momento de su muerte no podía ser interpretado más que como una señal del destino: tal como luego sucedería, el domingo 19 finalmente se podría dar un cierre a la sombra pinochetista, mediante la derrota del candidato de la ultraderecha y un renovado impulso a la redacción de una Constitución democrática. Unas horas más tarde, junto con el infaltable “Se siente/se siente/Boric presidente!”, rankeó alto en el cierre de campaña el “ooooh/la vieja se murió/se murió/se murió/la vieja se murió”. Mucha angustia contenida, décadas de una búsqueda de justicia aún vigente, se percibían en las gargantas exultantes y los ojos llenos de emoción para un pueblo acostumbrado a yugar la lucha por la justicia social. 

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El día anterior, miércoles, a eso de las 19 hs fue el acto “Nuestra urgencia por vencer”, de feministas y disidencias por Boric. Tenía tiempo así que decidí ir caminando. En la calle todavía se ven las huellas de la revuelta: la Plaza Dignidad ya no tiene su monumento histórico, las paredes de la Alameda están llenas de mensajes políticos y los autos de Carabineros completamente abollados. Volveremos sobre eso.

Llegué al paseo Balmaceda, una especie de peatonal de varias cuadras donde tendría lugar el acto y me encontré con un grupo de mujeres de diferentes edades que llevaban banderas de todos colores con la consigna que se repite como un sello en todo el merchandising electoral: “Boric presidente”. Es el primer choque que tuve con la vitalidad de una campaña presidencial. Mientras avanzaban repartían volantes al canto de: “Se siente/Se siente/Boric presidente!”. 

Al rato empezó a llegar más gente: familias con sus guaguas, adolescentes, y también no tan jóvenes. Éramos caleta, como dicen acá: la columna llegaba hasta el Palacio de la Moneda. No me sorprende, el feminismo chileno tuvo y tiene un rol fundamental para el presente inédito que se vive en el país. 

Si bien no hay puntos de partida, elijo uno: mayo de 2018. Tomas de colegios y universidades lideradas exclusivamente por mujeres y lgbti+ denunciaron la cultura de silencio y encubrimiento de los abusos en la educación. Este Mayo Feminista produjo un quiebre no solo en las estructuras educativas sexistas sino también dentro del movimiento estudiantil, ya que potenció la emergencia de voces y liderazgos de una nueva generación que supo articular un proceso político que, a los ojos del presente, fue condición de posibilidad del estallido de 2019. 

Justamente el 18-O fueron jóvenes estudiantes chilenas quienes agitaron la chispa de la rebeldía saltando los molinetes del metro, dando inicio a una revuelta que puso en jaque al neoliberalismo y abrió el primer proceso constituyente paritario del mundo. Esta revuelta tomó las banderas feministas para imaginar un nuevo Chile, voz que se vio amplificada globalmente de la mano del colectivo Las Tesis y su performance que recorrió el mundo: “Un violador en tu camino”. Una canción que reivindica la soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos, derechos y libertades, y que resonó con fuerza aquel día estremecedor donde en plena pandemia y aislamiento, una joven chilena acabó por quitarse la vida luego de haber sido violada.  

El 8 de marzo de 2020, como nunca antes, cientos de miles se volcaron a la Plaza Dignidad y sus alrededores. Unas letras blancas escritas en el corazón de la movilización y leídas desde los cielos señalaba su impronta: HISTÓRICAS. Ese día las mujeres y disidencias dejaron asentado a fuego: “nunca más sin nosotrxs”, dando cuenta que juntxs constituían la expresión de una fuerza popular dispuesta a tener un rol protagónico en los cambios que se avecinaban.

Esas luchas urgentes se respiraban con nitidez en las reivindicaciones presentes en el acto de feministas y disidencias por Boric: educación sexual integral, reconocimiento de las tareas de cuidado, aborto legal, salud integral trans, justicia intersex, acceso al trabajo, entre otras. Gabriel Boric condensa ese deseo colectivo, ellxs saben que su triunfo es la puerta para imaginar un Chile feminista y con justicia social, un porvenir de dignidad para todxs. Por eso desde el escenario arengaban a continuar esta genealogía feminista, pero ahora en las urnas: “salir a votar es salir a luchar”. Y así fue: el 68% de las mujeres de menos de 30 años que fueron a votar lo hicieron por Gabriel, quien además en su primer discurso ya electo, agradeció este apoyo, retomó varias de las reivindicaciones y se comprometió a llevarlas adelante.

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Entre vallas y carabineros, el centro de la ciudad da testimonio del paso de la revuelta popular iniciada en octubre de 2019. Carros policiales completamente apedreados, como si hubieran sufrido una suerte de granizo popular desde todos los costados; la Plaza Dignidad pelada de pasto con su monumento amputado, como otras estatuas céntricas; paredes y veredas intervenidas con pintadas que transmiten los ecos de la rabia. “Chile no se merece ese Kastigo”, dice uno de los muros del GAM, Centro Cultural Gabriela Mistral, un sitio cargado de historia: allí gobernó Pinochet varios años, cuando aún no habitaba La Moneda, quizás por miedo a los fantasmas. La rabia es una fuerza social visible, que supondrá una presión desde la izquierda para el futuro gobierno de Boric, quien deberá lidiar con ella, tal como debió hacer hasta ahora.

En efecto, su participación en el pacto que dio lugar al plebiscito de convocatoria a la Convención Constituyente en noviembre de 2019, buscando una salida institucional a la revuelta callejera junto con la gran mayoría del sistema político chileno, trajo múltiples polémicas. Ni siquiera en su propio partido –Convergencia Social- había consenso. A tal punto se expresaron las tensiones a su interior que el propio alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, se apartó de la formación debido a la decisión de firmar ese pacto. Visto desde hoy, sin embargo, la apuesta fue un acierto certero, un pleno en la ruleta, que no estuvo exento de riesgos. Pero aunque muchísimos participantes de la revuelta se hayan movilizado para votar a Boric, preocupados por lo que hubiera significado un triunfo de la ultraderecha, las heridas no se encuentran plenamente cicatrizadas. De ello dieron testimonio, entre otras cosas, los cantos que se escucharon mientras el presidente electo daba su primer discurso: “liberar/liberar/a los presos por luchar”. La vitalidad del movimiento social chileno, con sus urgencias y sus demandas, no se traduce de forma directa en la construcción político-electoral de la coalición Apruebo Dignidad. Aquello que desde la primera fila de la barricada puede parecer un defecto, que incluso llevó a los espíritus más ardientes a condenarlo como traición, por supuesto cobra otra dimensión una vez conocidos los resultados de la elección, como una condición que permitió convocar a una mayoría en el país, y que abrió un espacio de tensión y de diálogo que, previsiblemente, traerá nuevos episodios. Para un dirigente que emergió de las propias calles, como Boric, haber sabido tomar distancia para asumir una óptica político-institucional cuando era conveniente, aparece hoy como un salto en su crecimiento como dirigente. Nunca hubiera llegado a la presidencia sin las calles, si lo olvida durante su mandato va a tener problemas; pero tampoco lo hubiera hecho si permanecía en las calles, y eso también deberá tenerlo presente. Las tensiones no faltarán. Procesarlas de la manera más creativa, como hace años propuso García Linera pensando en una situación similar en su propia tierra, será un desafío para seguir atentamente.

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Miles de banderas de colores flamean en la Alameda, que aunque suene trillado no vamos a perder la oportunidad de decir que se abrió nuevamente para que transiten por ella hombres y mujeres libres. Quizás el desahogo haya sido la sensación predominante. Se multiplicaba en lágrimas de emoción y en gritos de comunión. La conciencia de que se pudo. De que, finalmente, la esperanza le ganó al miedo, como en aquel plebiscito de 1988 que supuso el final de la dictadura. La intuición de que el país se encuentra ante la posibilidad de iniciar una nueva etapa en la que, como afirmó Boric en su primer discurso como presidente, los consensos ya no sostengan un crecimiento con pies de barro, apoyado sobre la desigualdad social, sino que se abra la posibilidad de encontrar nuevas vías para el progreso del país.

Después de octubre de 2019, ya no existía la legitimidad social que se había sostenido vigente durante treinta años y que había convertido a Chile en el país modelo de la derecha latinoamericana. A partir de ahora, tampoco ninguno de los representantes políticos de ese consenso va a estar en La Moneda. Es el final de una larga etapa. Aquellos jóvenes estudiantes pingüinos de 2006 que denunciaban que “el cobre estaba por el cielo y la educación por el suelo”; las grandes movilizaciones estudiantiles universitarias de 2011, donde emergieron Boric, Giorgio Jackson, Camila Vallejos y muchos otros y otras; las grandes luchas sociales contra el régimen de AFP; la resistencia ancestral de los pueblos originarios, y especialmente del pueblo mapuche; la insurrección feminista; el inicio de la revuelta en 2019 con el salto de molinetes y la aclaración -necesaria para malos entendedores, redundante para las mayorías- de que “no eran 30 pesos sino 30 años”. En la victoria de Boric se encuentran los ecos de todas esas luchas, sus esperanzas y demandas, que consiguieron ir acumulándose, poco a poco, pacientemente, junto con la decisión fundamental de un grupo de jóvenes de construir nuevos partidos políticos y una coalición autónoma que se propusiera el acceso de su generación a la presidencia.

Con esa nueva generación, sub 40, llegan también las fuerzas de la Historia, tal como insistió en recordar el presidente electo, que apeló a la metáfora de “estar parados sobre hombros de gigantes”, y especialmente de uno de aquellos grandes hombres que no siempre hace falta nombrar explícitamente, porque su memoria siempre se deja traslucir, hasta en los anteojos elegidos por Boric. Salud.