47 años del golpe a AllendeCrónica de un golpe anunciado
Por Damian Finucci
Crónica

En un día como hoy, en 1973, se daba inicio a uno de los procesos dictatoriales más sangrientos y extensos que tuvo Latinoamérica. Chile vería interrumpida su longeva democracia por las Fuerzas Militares encabezadas por Pinochet. Aquel 11 de septiembre, en el que se bombardeó el Palacio de la Moneda, marcaría para siempre un Chile al que todavía le laten las heridas de lo que fue aquel proceso dictatorial.

La Universidad George Washington ha hecho público el 4 de septiembre pasado documentos clasificados en el marco del 50 aniversario de la victoria de Salvador Allende, mostrando el rol de Estados Unidos en la primera experiencia de la “vía pacífica” al socialismo. 

El 11 de septiembre de 1973 a las 7:20 Salvador Allende llegó al palacio de gobierno a bordo de su Fiat 125, escoltado por su guardia privada -conocida como el  “Grupo de Amigos Personales”- el GAP. Llegó con la  AK-47 que le había regalado Fidel Castro en su visita en 1971, quien estaba al tanto de la situación. Un golpe de estado se estaba desarrollando.

Un poco antes de las 8:00 de la mañana, Allende emite el primer comunicado a la nación:

—Un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y (que) la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el gobierno— dice y agrega: —en estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores. Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad. 

El gobierno, que había llegado por los votos, estaba siendo asediado por el terror desde hacía tiempo. Y ahora, por las fuerzas militares locales. Ese asedio local y final se explica, en gran parte, por la preocupación que el gobierno de los Estados Unidos tenía hacia lo que fue la primera elección consciente de un presidente marxista-leninista.  Las circunstancias para el golpe fueron desarrollándose de a poco desde el mismo día en que se proclamó victorioso a Salvador Allende. 

La imagen del palacio de la Moneda bombardeado no será más que el final de una coordinación exhaustiva entre la embajada de los Estados Unidos, los medios, la oposición política, las entidades patronales locales y la colaboración final de todas las fuerzas de orden, reafirmando aquella sentencia que Evo Morales dijo alguna vez: “¿Saben porque no hay golpes en los Estados Unidos? Porque no hay embajada estadounidense”.  

“Ningún viento funciona para el hombre que no tiene destino”

Es el 3 de septiembre de 1970. El escenario es la casa del Ministro de Estado Raúl Troncoso. Los invitados son el embajador de Estados Unidos en Chile, Edward Korry, y el presidente chileno Eduardo Frei. Están por empezar una reunión de tres horas para hablar sobre las elecciones a realizarse el día siguiente. 

Según el documento 1, titulado “Election Eve with Frei”, la charla gira en torno a dos posturas: la optimista, representada por el embajador, y la pesimista, encabezada por el presidente. ¿La razón? La posibilidad de que un presidente marxista-leninista llegue al poder mediante los votos.

Así comienza el primero de esta serie de documentos desclasificados que la Universidad George Washington ha puesto a disposición del mundo. Los mismos forman parte del “National security archive” y, en este caso, vienen a engrosar la documentación existente en torno a la injerencia del gobierno norteamericano en el país sudamericano. Si bien a veces estos documentos se conocen como parte de acuerdos entre gobiernos para el intercambio de información, esta vez salen a la luz a través de una actividad independiente impulsada por la Universidad y en homenaje al 50ª aniversario de las elecciones de 1970 que terminaría consagrando como presidente al médico socialista Salvador Allende.

Volvemos al living donde se desarrolla la reunión.

El informante estadounidense cuenta que estuvieron allí tres horas y el nerviosismo imperante había creado una atmósfera viciada por humo de habanos, whiskys y mesas de café que se pasaban por arriba. En un momento le preguntan al embajador norteamericano por su opinión en torno a las elecciones.

—Creo que Alessandri ganará por no menos del 38% y que Allende no puede pasar del 35% y quizá pierda el segundo lugar contra Tómic— responde Edward Korry.

El intercambio entre el embajador y el presidente continúa en torno a lo impredecible que se había vuelto el escenario político electoral en Chile, al punto tal de que Frei reconoce que puede haber un triple empate entre los candidatos (tan lejos no estuvo). Ambos reflexionan sobre el costo de haber ido a elecciones sin haber conformado un frente, como sucedió en la elección de 1964. En ese entonces, había ganado por más del 56% como representante de una coalición de siete partidos (entre ellos el Demócrata-Cristiano, el Partido Conservador y el octogenario Partido Liberal) contra un Allende que por poco no había alcanzado el 39% con su alianza.

Finalmente, el embajador logra tranquilizar a Frei. Korry finaliza la reunión con una premisa que el mismo presidente Nixon debería ejecutar: en caso de que gane Alessandri o Tomic, el presidente de los Estados Unidos enviaría un cable a Frei felicitándolo “por el impresionante ejemplo de la democracia en acción”. Sin embargo, si ganaba Allende, las instrucciones eran que ningún cable se mandara hasta que “hasta que todos tengamos tiempo para reflexionar”.

“Chile se va al comunismo solo por un tercio”

Los documentos compartidos por la universidad son ocho. Sin embargo, durante el día de la elección, se enviaron dieciocho comunicaciones desde la embajada de Estados Unidos en Chile. Es evidente que la situación estaba generando más que una simple preocupación.

En el documento 2, titulado “Election Day Number 1”, podemos encontrar una breve descripción de lo que fue la elección ese 4 de septiembre de 1970: “La elección en Santiago pareció ser muy grande y sin incidentes”. De hecho, se describe en el mismo y breve documento que la movilización cívica fue importante al punto tal que los enfermos fueron en camillas para votar, al mismo tiempo que se informa que los militares se encontraban en sus cuarteles. 

Este dato es interesante, ya que una de las hipótesis manejada por el Embajador Korry, y planteada en la reunión con el presidente Frei, era que la derrota de Allende sería cuestionada con alguna acción guerrillera del Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR). Si bien Allende y el MIR tenían diferencias en torno a la estrategia para la toma del poder (la clásica discusión entre la vía pacífica, versus la vía armada para llevar a cabo el proceso revolucionario), en términos generales su accionar fue coordinado durante su presidencia, aunque no hayan llegado a integrar el gobierno ni el frente de la Unidad Popular. 

La caracterización del Embajador Korry tendrá un segundo momento de distanciamiento con la realidad. Lo podemos ver en el documento 3 titulado “Allende wins”. Este cable es, sin lugar a dudas, una expresión cabal del verdadero sentir norteamericano en un contexto atravesado por la Guerra Fría. Si bien Richard Nixon es recordado por el escándalo del Watergate, su presidencia coincide con el ascenso de golpes de estado en varios países de Latinoamérica. 

Sin embargo, la mente que estaba detrás de la política exterior era Henry Kissinger, quien fuera Secretario de Estado entre 1969 y 1977 con Nixon, pero también con Gerald Ford -quien se hace cargo de la presidencia tras el escándalo que terminó con la renuncia de aquel-, y vuelve a asumir en 1974 con Nelson Rockefeller de vicepresidente. Kissinger es reconocido por su notoria influencia y relevancia en política exterior estadounidense y en ser quien logra los puentes diplomáticos con la URSS y, fundamentalmente, con China. También se lo recuerda por haber detenido la Guerra en Vietnam y por haber ganado el nobel de la Paz. Tuvo, además, una influencia importante en los militares argentinos: su nexo se dio a través de la Escuela de las Américas y la operación Cóndor, siendo ambos elementos el común denominador entre las prácticas represivas y torturadoras de las dictaduras militares de la región.

En el documento mencionado, Korry plantea que “Chile votó calmadamente por tener un estado marxista-leninista. Es la primera nación del mundo que elige libre y conscientemente esto.”.  En este sentido, plantea que la estrategia realizada por el Dr. Allende responde a la implementación de la política soviética en Latinoamérica y como parte del modelo pergeñado por Fidel Castro. La observación del embajador va en sintonía con el porcentaje electoral alcanzado: “Su margen es solo de un uno por ciento y sin embargo es lo suficientemente largo para la constitución chilena”. 

Fuente: Biblioteca Virtual Salvador Allende Gossens

¿A qué se refería el embajador? A que según la constitución de Chile, el ganador debía ser refrendado por la votación en el parlamento y, si bien las condiciones institucionales existían para revertir esa victoria, nunca se había implementado semejante acción. Así, en la segunda parte del documento mencionado encontramos una de las oraciones más duras: “Llevamos un tiempo viviendo con un cadáver entre nosotros y su nombre es Chile”. 

“The big problem today is Chile”

En el documento 8 encontramos un diálogo telefónico entre el presidente Nixon y el secretario Kissinger. La llamada versaba sobre un secuestro en Jordania cuando el secretario le pide al presidente que le preste atención a Chile, notificándole que el embajador Korry detuvo cualquier apuntamiento hasta tanto no establezcan una nueva conexión.

—Quizás debamos enviarle un canal secundario a Korry diciéndole que estás interesado en mantenerlo abierto— dice Kessinger.

—La misma gente dice las mismas cosas siempre— le contesta Nixon, mientras le consulta si van a encarar contra Allende las mismas estrategias que contra Castro o en República Checa.

En efecto, ya durante los días previos a su asunción se intentó acertarle un golpe para que no asumiera. En el documento 5 encontramos un cable del 5 de septiembre de 1970 por parte de la CIA en el cual le hacen llegar al embajador un cuestionario para ayudar a evaluar qué táctica seguir. Entre esas preguntas, se desliza la posibilidad de bloquear la elección en el congreso mediante un golpe militar -y se pregunta si Frei lo permitiría-. Si bien la opción militar será la forma mediante la cual EEUU resuelva su intervención en Chile, durante esos días la agencia de inteligencia estableció que “Ninguna acción de Estados Unidos puede influir sobre el congreso chileno para votar en contra de Allende”.

La realización de atentados se fueron multiplicando después del 24 de octubre de 1970, fecha en la cual el congreso ratifica a Allende sobre Alessandri por un contundente 153 a 35. Durante los años 1971 y 1972 la violencia política va en aumento, mientras las presiones económicas hacia Chile crecían. Son asesinados militares y funcionarios del gobierno, al mismo tiempo que crecía el financiamiento a la oposición mediática y política llegando al año 1973 con el paro camionero que constituyó el punto más alto de la guerra económica contra el gobierno de Allende. El (intento de) colapso económico es una de las caras del proceso mediante el cual la CIA y el gobierno de Estados Unidos decidió finiquitar la primera experiencia democrática que se proponía ir en vías hacia el socialismo. 

Pinochet será la cara visible de este proceso y será el colaborador local del proyecto pergeñado por el binomio Kissinger-Nixón. En relación a esto, dos cuestiones vale la pena destacar. La primera, que el ejército de Chile era conocido por ser el único ejército que luego del golpe de 1932 se había  mantenido al margen de la intervención en política. La segunda es que Allende nombra a cargo del ejército a Pinochet casi un mes después de que logra bloquear el primer intento de golpe denominado “el tanquetazo”, realizado el 29 de junio de 1973. La asunción de Augusto Pinochet fue el 23 de agosto, a recomendación del Comandante Arturo Prats, ratificado desde el primer momento al mando del ejército por Allende pero echado el 21 de agosto tras una manifestación de las esposas de otros generales. Apenas 19 días después, Pinochet dará fin a la primera experiencia de un presidente marxista-leninista que había llegado al gobierno mediante los votos y la democracia.

¿Hubiera cambiado algo si Allende nombraba a otra persona en lugar de Pinochet? Es muy probable que no. Queda clara la vocación del gobierno de los Estados Unidos por frenar cualquier intento de gobiernos no-alineados. Sino, vale repasar las palabras de Kissinger en otra conversación telefónica con Nixon:

—Nosotros no lo hicimos. Quiero decir que los ayudamos. (La CIA) creó las mejores condiciones posibles.