DEUDA EXTERNA Y PERSPECTIVASUn paso después de la deuda
Por Eliana Bazaga Granat
Análisis

¿Qué es lo que viene para la economía en 2020 después de la deuda? ¿Cómo seguir afrontando la pandemia? y más información en base a los análisis del OCEPP

Entre abril y junio la actividad creció en torno al 15,1%, según las estimaciones del Obsrvatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas, por lo que a pesar de la desaceleración que enfrentamos en julio por el endurecimiento de las medidas del ASPO, podemos sostener que los niveles de actividad mantienen una pendiente creciente. Tal como venimos analizando en las últimas agendas económicas del OCEPP, la dificultad en la recuperación está dada principalmente por la demanda, restringida por los menores ingresos reales, el desempleo y la recesión mundial de la cual no estamos exentos.

En este contexto, queda claro que la pandemia tuvo un costo económico muy alto a nivel internacional. Los estados del mundo aumentaron sus déficits destinando recursos en financiar tanto los gastos asociados al COVID-19 como en medidas que contengan el impacto de la crisis. El gobierno nacional también incrementó el déficit fiscal para poder intervenir y financiar la pandemia. Sin embargo, la magnitud no puede ser comparada a la de los países centrales por nuestro ya ajustado presupuesto y la delicada situación macroeconómica en la que se encuentra el país.

En este sentido, se dispuso de una ampliación presupuestaria para el segundo semestre del 2020. El mayor monto fue asignado a partidas sociales y la principal fuente de financiamiento serán las rentas a la propiedad. También la emisión del BCRA replica la dinámica de los últimos meses. Financiar el déficit mediante emisión monetaria conlleva un riesgo, sobre todo teniendo en cuenta la fragilidad macroeconómica en la que estamos inmersos como consecuencia de años de decisiones irresponsables y cambiantes, sin embargo el país no dispone otra forma de financiamiento.

Venimos advirtiendo la importancia de lograr un acuerdo de renegociación de deuda para poder ganar confianza en el mercado, frenar el drenaje de divisas y poder darle a la macro la estabilidad necesaria para comenzar a obtener financiamiento en pesos. En el último tiempo se ha dado el primer paso fundamental en este sentido alcanzando un acuerdo con los bonistas que relaja el cronograma de pagos del país, sobre todo en el corto plazo, ampliando el margen de maniobra del gobierno.

Este acuerdo, con un 93,5% de adhesión, relaja el panorama de pagos futuro, principalmente a corto plazo. Entre 2020 y 2023, con la nueva estructura, se alcanza un ahorro equivalente al 15% del PIB nacional arrastrando mayores cargas de cara al periodo 2025-2035. En este sentido es que entendemos importante recuperar el acceso al financiamiento voluntario de deuda en moneda extranjera de cara a un mediano plazo.

Esta tarea requiere fortalecer el escenario macroeconómico nacional.  A su vez, entendemos que se debe aprovechar este momento de relativa estabilidad, con un acuerdo en puerta y las salidas de divisas restringidas por el contexto de pandemia (turismo, controles cambiarios, recesión), para que el BCRA pueda acumular reservas internacionales, lo cual está ligado a la moderación de las expectativas de devaluación del tipo de cambio.

En el informe económico mensual del OCEPP nos explayamos sobre el futuro al cual entendemos que debe apuntar la economía nacional. Haciendo un breve resumen de lo abordado en nuestro informe podemos asegurar que la clave principal para pensar el futuro económico del país, radica en lograr un escenario de estabilidad macroeconómica en dónde se puedan normalizar e impulsar el financiamiento en pesos. Esto es fundamental para poder capitalizar el déficit fiscal de una forma sostenible y menos riesgosa. Mayores emisiones de deuda pública permiten reducir lo que el BCRA debe esterilizar como lo que debe transferir al tesoro inicialmente. Consideramos que el tesoro podría ser más agresivo en sus licitaciones y tener mayor protagonismo, lo que permitiría fondearse a plazos más largos ya sea a tasas fijas o indexadas a inflación futura sin intermediación de los bancos.

En conclusión, este año quedara marcado en la historia económica no solo por la llegada de la pandemia, sino por su complejidad macroeconómica. Sin embargo, como cada crisis se contrapone a una oportunidad, este año nos abre la posibilidad de pensar un plan de estabilización compatible con una estrategia de desarrollo económico futuro que sea sostenible y prospera. Pero antes de discutir las estrategias de desarrollo, tenemos que alcanzar estabilidad, desdolarizar la riqueza financiera del sector privado, y reconvertir la deuda publica en dólares a deuda en moneda doméstica. Este es un plan de largo plazo, pero vital para empezar a hablar de desarrollo.