Inclusión financiera y brechas de géneroTrans-formaciones
Por Marina Moretti
Análisis

Al calor del movimiento feminista, del activismo gremial y de la decisión política gubernamental, se están produciendo cambios inéditos al interior de la banca pública.

Poco después de la medianoche del 4 de septiembre las redes se inundaron de mensajes celebratorios. No era para menos. En una decisión histórica, un decreto presidencial estableció que el Sector Público Nacional deberá contar con un 1 por ciento de representación trans, travesti y transgénero. La medida había tenido un antecedente pionero e igualmente trascendental un mes antes, cuando se firmó un acuerdo entre las autoridades del Banco de la Nación Argentina y de la Asociación Bancaria para incluir igual porcentaje en su planta de personal. Después de cuatro años de fuerte descapitalización, las nuevas gestiones a cargo de los bancos públicos promueven una serie de políticas integrales de género, diversidad y derechos humanos que incluyen la creación de gerencias específicas para construir espacios de trabajo libres de violencia de género y políticas de inclusión financiera con perspectiva feminista.

Estereotipos bancarizados

Los estereotipos de género y la ausencia de información y políticas de inclusión financiera han provocado que las mujeres tengan un acceso limitado al financiamiento y no usen masivamente los productos financieros. Según datos del Banco de Desarrollo de América Latina (2017) existen en la región 304 millones de mujeres que no tienen cuenta bancaria propia. La Argentina no es una excepción: la diferencia a favor de los varones es de 2 millones. La cifra es importante, más aún teniendo en cuenta que la mayoría de las personas beneficiarias de las Asignaciones Universales por Hijo (AUH) son mujeres, y remite a analizar tanto la menor participación de las mujeres en el mercado laboral en general (con una tasa de actividad de 50% frente al 69% masculino, y la misma diferencia en la tasa de empleo), como también a la amplia desigualdad de género en la distribución del ingreso, ya que las mujeres se concentran en los deciles más bajos de la población y en los sectores de menores recursos.

Material elaborado por la Comisión Gremial Interna del BNA

Al acceso desigual a la bancarización por motivos de género debe agregarse una problemática puertas adentro de las entidades financieras: nos referimos al acceso desigual por motivos de género a los puestos de conducción. En el caso del Banco de la Nación Argentina (BNA), su Comisión Gremial Interna viene relevando estadísticas desde hace tres años, identificando la subrepresentación de mujeres en los puestos de jefaturas intermedias y superiores, así como promoviendo políticas que contribuyan a revertir las brechas de género y las violencias por motivos laborales, de género o de orientación sexual. Los datos recogidos a marzo de 2020 nos muestran un 21% de mujeres en los puestos de altas gerencias, un 38% a cargo de unidades y un 47% en la escala más baja de la pirámide ocupacional. Al día de hoy el Directorio cuenta con una sola mujer en sus filas. Las estadísticas están construidas en forma binaria, un aspecto que deberá ser corregido en lo sucesivo.

Nueva gerencia de género y diversidad

La combinación de esta multiplicidad de factores y la ponderación de políticas específicas de género y diversidad han dado como resultado la reciente creación en el Banco Nación de una Gerencia de Género, Diversidad y Derechos Humanos, junto con el lanzamiento de una línea de créditos a tasa subsidiada para pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres. El acto inaugural estuvo presidido por Eduardo Hecker, presidente de la institución, la titular del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades de la Nación, Elizabeth Gómez Alcorta, el ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas y Cecilia Fernández Bugna, la única directora mujer del Banco Nación a la que hacíamos referencia anteriormente. 

El 11 de marzo tuvo lugar en el salón de actos de la Casa Central del Banco Nación y con la presencia de la línea gerencial de todo el país, de la Asociación Bancaria y del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad una capacitación sobre la Ley Micaela, así como la constitución de una Comisión y una serie de anuncios en materia de género. En esa oportunidad, la directora Fernández Bugna afirmaba que “para nosotros y nosotras, es una jornada cargada de mucha significación y emoción. Esperamos abrir un nuevo capítulo dando respuesta a muchas demandas que vienen latentes y no encontraron respuestas hasta ahora. La violencia es cotidiana, verbal y no solo física. No queremos ni podemos aceptar más. Somos un banco público, con lo cual hay que ser muy cuidadosos sobre cómo nos relacionamos con la comunidad”.

Ese día también se anunció la eliminación de la obligatoriedad del uso del uniforme para las empleadas del BNA. Si bien parece un detalle menor o una noticia de color, lo cierto es que permitió abrir una discusión sobre una vieja medida discriminatoria de fuerte poder simbólico. Uniformes para todas, todos y todes, o para nadie.

Durante los meses de pandemia también se reformó el Protocolo de Violencia Laboral y Violencia de Género del Banco Nación, que después de dos años de puesto en práctica necesitaba reformularse en sus dispositivos y en la inclusión integral de las personas del colectivo LGBTTTIQ+.

Gerenciando políticas de género

La carrera que emprendió la banca pública para reorientar sus estrategias financieras después del colapso dejado por Cambiemos fue acompañada por el desarrollo de políticas de género y diversidad. En el Banco Central de la República Argentina (BCRA) se estableció la creación de la Gerencia de Promoción de Políticas de Género, Resguardo del Respeto y Convivencia Laboral, a cargo de Celeste Perosino, que depende directamente de la presidencia de la institución. Su designación para presidirla tiene una significación especial ya que fue una de las despedidas por la gestión de Federico Sturzenegger, cuando se desempeñaba como subgerenta de Derechos Humanos de esa entidad.

De izquierda a derecha: Cristina Maino, Claudia Ormachea, Estela Díaz, Sergio Palazzo y Alejandra Estoup en la capacitación sobre la Ley Micaela en el BNA. (Foto: Prensa Asociación Bancaria)

Estas iniciativas fueron seguidas por un inédito encuentro entre las directoras de bancos públicos organizado por el BCRA, con el compromiso de impulsar áreas de género al interior de las organizaciones y diseñar políticas institucionales para generar ámbitos laborales más igualitarios e inclusivos a través de protocolos de abordaje de violencias y políticas de rebalanceo de géneros. También tendrán como meta la inclusión y educación financiera y el diseño de productos financieros con perspectiva de género. “Es un hecho trascendente no sólo para el movimiento feminista, sino fundamentalmente para el mundo financiero local. Nunca antes había ocurrido algo así. Creo que tenemos un trabajo en dos frentes: en nuestras instituciones se trata de incorporar perspectiva de género en directorios, gerencias y en el conjunto de las y los trabajadores a través de capacitación, de la militancia de la paridad para su efectivo cumplimiento; el otro frente es la inserción de la perspectiva de género en los productos financieros, innovando y siendo creativas, ante la pandemia de COVID-19, para insertar a las mujeres y personas LGBTTTIQ+ de la manera más equitativa posible en el mundo financiero”, señaló sobre este encuentro Julia Strada, directora del Grupo Bapro.

El motor del cambio es el amor

Tal como señalamos al comienzo, el 5 de agosto se firmó un acuerdo entre el Banco Nación y la Asociación Bancaria que implementa el cupo laboral para personas travestis, transexuales y transgénero. Sin dudas se trató de un hecho de enorme significado histórico ya que apunta a instrumentar medidas específicas tendientes a reparar la exclusión y discriminación estructurales originadas por prejuicios ancestrales con acciones positivas urgentes. También es histórico en el sentido señalado por el secretario general de La Bancaria, Sergio Palazzo, cuando aseguró que “el BNA es el primer banco del mundo que firma un acuerdo para la inclusión de personas trans en su planta”. Ese día desde el ámbito gremial se repartía un comunicado bajo el título “El motor del cambio es el amor” recordando la famosa frase de la inigualable Lohana Berkins que tomaba impulso para cambiar el mundo en el amor que se les había negado.

Estamos ante un momento en el que confluyen agendas desarrolladas por largo tiempo desde el movimiento feminista y de las disidencias, la preparación y la gimnasia adquirida desde el ámbito gremial -que en el caso de La Bancaria ha sido fructífero y vanguardista-, y la decisión política del gobierno nacional que se replica en las diversas gestiones. Estamos ante un momento plagado de posibilidades, en los que se han asentado algunos pisos importantes; resta que estos entramados se sigan desarrollando y generando debates que aún nos debemos dar. Falta mucho, pero la trans-formación, la inclusión y la igualdad ya es agenda presente.