PASO 2021¿Qué se juega en la provincia de Buenos Aires?
Por Lucas Villasenin
Análisis

Las próximas elecciones legislativas nuevamente tienen a la provincia de Buenos Aires en el foco del debate nacional. ¿Qué se elige? ¿Qué se propone cada fuerza política en este territorio? ¿Qué pueden dejar los resultados?

¿Qué se elige?

Como en el resto del país, el 12 de septiembre se llevarán adelante las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) en la provincia de Buenos Aires. El Instituto Democracia realizó un pormenorizado análisis del panorama en juego, del cual sintetizamos en este texto algunos de los pasajes más relevantes.

Por un lado la ciudadanía seleccionará las candidaturas a legisladores y legisladoras, nacionales y provinciales, que luego se someterán al voto popular el 14 de noviembre. En total la provincia debe renovar 35 diputaciones nacionales, 46 diputaciones provinciales y 23 senadurías provinciales. Por otro lado, también se elegirán candidatos y candidatas para renovar la mitad de los Concejos Deliberantes de los 135 municipios bonaerenses, así como consejeros y consejeras escolares de cada distrito. Este texto se concentrará en la primera cuestión, aquella que hace a la dimensión nacional y provincial de las PASO.

La provincia de Buenos Aires expresa la polarización que vive el conjunto del país. La amplia mayoría de los lugares en juego se disputan entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. En esta elección el Frente de Todos renueva 17 diputados nacionales, 22 diputados provinciales y 7 senadores provinciales. Mientras que Juntos por el Cambio renueva 15 diputados nacionales, 19 diputados provinciales y 16 senadores provinciales.

¿Cuáles son los objetivos?

La particularidad de la elección en la provincia de Buenos Aires es la nacionalización prácticamente absoluta del debate. Los y las 12.704.518 electores habilitados para votar representan el 37% del padrón nacional. Son más que aquellos que juntan los padrones de la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Entre Ríos y Tucumán juntos, que son los distritos que le siguen en cantidad de electores.

Por sus mismas dimensiones electorales la provincia de Buenos Aires catapulta a cualquier candidato con un buen resultado a transformarse inmediatamente en una referencia política nacional. En este caso la nacionalización de la campaña retroalimenta la polarización política que predomina en el país hace varios procesos electorales.

Por un lado el Frente de Todos se propone renovar el compromiso electoral de 2019 y fortalecer la unidad del frente que llegó al gobierno. El oficialismo necesita un respaldo electoral reivindicando la gestión de la pandemia para encarar los próximos dos años de gestión en la perspectiva de la “reconstrucción argentina”. En lo que hace a los objetivos electorales para la provincia de Buenos Aires el Frente de Todos se propone superar los 17 diputados nacionales obtenidos en 2017 y acercarse más a los 19 que obtuvo en 2019 para ampliar su condición de primera mayoría en la Cámara de Diputados.

De cara las legislaturas provinciales el resultado es menos previsible para el Frente de Todos. Si lograra obtener 23 diputados provinciales, a diferencia de los 22 del año 2017, alcanzaría a obtener la mitad de las bancas de la Cámara de Diputados provincial. En la Cámara de Senadores se renuevan 8 senadores de la  1° sección, 7 por la 4° sección , 5 por la 5° sección y 3 por la 7° sección. El Frente de Todos se propone lograr algunas bancas más que las 7 obtenidas en dichas secciones en 2017, y de esa manera recortar la diferencia de 6 senadores por la cual Juntos por el Cambio actualmente tiene mayoría en dicha cámara legislativa.           

Victoria Tolosa Paz, acompañada por Daniel Gollán, representa al Frente de Todos, cuya identidad cuenta con una impronta bonaerense muy fuerte y tiene como referencias a Cristina Kirchner, a Sergio Massa, a Máximo Kirchner, al gobernador Axel Kicillof y al presidente Alberto Fernández. La presencia en actos de campaña de estos referentes lleva a que el resultado afecte inmediatamente al gobierno nacional y a su futuro político.

Por parte de la oposición nucleada en Juntos se plantean distintos objetivos. Juntos, a diferencia del Frente de Todos, tendrá una interna que divide centralmente al PRO, la Coalición Cívica y sus fuerzas aliadas, por un lado, de la Unión Cívica Radical y sus fuerzas aliadas, por otro lado. Mientras Diego Santilli busca renovar la impronta del espacio político que gobernó al país y a la provincia hasta 2019, Facundo Manes aspira a imprimirle una nueva identidad al espacio opositor desligándose de las gestiones precedentes.

El espacio opositor plantea la necesidad de poner límites al potencial aumento de poder legislativo del oficialismo. Las diversas referencias oscilan entre transmitir la necesidad de evitar una “autocracia” por una posible (aunque muy difícil de lograr) mayoría absoluta del Frente de Todos y  limitarse a plebiscitar la gestión del gobierno en los últimos dos años. En los casos de Santilli y Manes claramente se trata de candidaturas más pensadas en un posicionamiento político de cara a 2023 que pensando en labores legislativas para los próximos años. Para Santilli el objetivo es obtener un buen resultado con el objetivo de posicionarse en una eventual candidatura a gobernador en 2023. Mientras que en el de Manes su candidatura busca un reposicionamiento del radicalismo de cara a una futura coalición electoral de la oposición.

¿Qué se define?

La provincia de Buenos Aires, tal como dijimos, tiene un peso nacional por su dimensión pero fundamentalmente un peso simbólico por los mensajes electorales que deja. Para el gobierno se define cómo la sociedad está percibiendo su gestión de la pandemia y las expectativas que deposita en la segunda parte de su mandato.

En 2019 el Frente de Todos permitió que el anti-macrismo le gane al anti-kirchnerismo. Aquella elección presidencial la ganó por 2.152.451 votos y gran parte de esa diferencia se obtuvo en la provincia de Buenos Aires, donde consiguió 1.654.327 votos más que Juntos por el Cambio. En ese sentido el resultado bonaerense será, probablemente, el que decida la suerte de las elecciones a nivel nacional. Cuánto de esta brecha se mantiene o disminuye en esta elección será parte de los análisis posteriores a la elección y permitirá desentrañar en qué medida los fundamentos del Frente de Todos siguen solidos hacia los próximos años.

A pesar de los discursos catastrofistas de la oposición sobre la cantidad de diputados que puede obtener el Frente de Todos, sus candidaturas evidencian que para la oposición se definen otras cuestiones que no se focalizan principalmente en un riesgo inminente para la institucionalidad. La candidatura de Santilli, además de expresar la identidad porteña de Juntos,  demuestra que el objetivo principal es posicionar una candidatura a gobernador para 2023 antes que “defender la república”. Algo similar sucede con la aparición de Facundo Manes, cuyo discurso dista bastante de las alarmas institucionales de otros referentes porteños de la coalición opositora.

La idea de que la oposición busca más posicionar candidatos en la provincia que dar una batalla institucional la demuestran también los principales mensajes de las campañas. Mientras el oficialismo instaló como lema de campaña “la vida que queremos”, de manera unificada a través de todas sus candidaturas, la oposición carece de un mensaje compartido. Santilli hace una campaña de recorridas buscando aumentar su conocimiento y sin grandes discursos mediáticos, mientras que Manes tiene como lema principal “dar el paso” que hace referencia más a una situación ofensiva que defensiva.

Es evidente que en esta elección se juega mucho del futuro del país, pero el resultado al igual que en el pasado dejará análisis nunca cerrados del todo. Las elecciones legislativas precedentes de 2009, 2013 y 2017 muestran que un triunfo electoral en la provincia de Buenos Aires no garantiza éxitos políticos futuros. Ganar o perder las elecciones legislativas no blinda a un gobierno del fracaso futuro, como le sucedió al macrismo, no asegura posicionamientos de candidatos de cara a próximas elecciones, como le sucedió a Sergio Massa o Francisco De Narváez , y tampoco condena al oficialismo o a la oposición a futuros fracasos, como sucedió con el kirchnerismo en 2009 y 2017. Por esa razón es importante asumir que los resultados no cierran posibilidades a futuro pero que los mensajes y discursos resultan sumamente importantes para configurar la lógica política, las expectativas y los temores de los próximos años.