Que lo monstruoso no tape el espejo

Por Adrián Lutvak
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Una violación grupal en Palermo a plena luz del día. Una aberración, un hecho monstruoso. Desde el lugar de varón cis heterosexual, Adrián Lutvak propone algunas preguntas urgentes a sus pares.

Además de indignarnos y sensibilizarnos por un hecho tan horroroso, el mayor aporte que podemos hacer para que no pase más es tratar de entenderlo y no tildarlo de un acto de “enfermos”. Tenemos que transformar las condiciones sociales y culturales que hacen posible que sucedan hechos como este. Propongo que nos hagamos preguntas, para ver si no hay algo en nuestra masculinidad, en la de nuestros amigos, familiares, compañeros de laburo, que nos identifica con esos violadores.

¿Estamos tan seguros que no tenemos violadores cerca? ¿Conocemos muchas pibas violadas y ningún violador? ¿No escuchamos ninguna historia de un pibe forzando a su novia a tener sexo u obligandola a mantener relaciones sin cuidarse? ¿Nunca oímos una historia de alguien que se fue del boliche a garchar con una piba alcoholizada o drogada?

Se sabe que la mayoría de las violaciones son intrafamiliares o suceden al interior de las parejas. No son perpetradas por desconocidos, ni se suelen dar en un auto en Palermo en pleno día. Es importante que la brutalidad de lo que pasó no nos nuble la vista de que el abuso sexual y las violaciones son algo muy cercano.

Es verdad que el machismo no funciona como hace 50 años; que hay muchas cosas que no se pueden decir públicamente como antes. Pero también hay una revancha, un miedo a perder nuestros privilegios y hay espacios seguros para la complicidad machista donde se multiplica nuestra impunidad.

¿Frenamos siempre a nuestros amigos y sus actos misóginos en los grupos de Whatsapp o en las juntadas y boliches? ¿No tenemos miedo muchas veces de “traicionar” o de confrontarlos? ¿Nos sentimos solos e impotentes cuestionando algunas de estas prácticas? ¿Vemos en los grupos de varones esas ganas de impunidad, de recuperar los privilegios que antes teníamos? Y sobre nosotros mismos, ¿volvimos a pensar en todas las relaciones sexo afectivas que tuvimos con nuestras parejas, si ejercimos alguna vez violencia sexual, instimos para tener sexo o hacerlo sin preservativo?

Pueden ser preguntas difíciles o incómodas, pero son necesarias. Hay procesos individuales y grupales de introspección y de reconocer violencias ejercidas que son importantes. Hay charlas en grupos de amigos y con familiares que nos debemos.

Pero estaría bueno ir un paso más allá. La revolución feminista que logró transformar profundamente las relaciones en nuestra sociedad en muy poco tiempo fue posible por la organización y la movilización masiva. Sí queremos transformar nuestras masculinidades necesitamos de la misma organización pero a la inversa, para perder privilegios.

Es necesario multiplicar espacios de masculinidades para trabajar con nuestra violencias, para repensar nuestras sexualidades, nuestra educación, pensar nuestro rol en las tareas de cuidados y exigir y ejecutar políticas públicas también para acompañar estos procesos.

El Instituto de Masculinidades para el Cambio Social, Desarmarnos, Privilegiados, y la Red de Espacios de Masculinidades de Argentina (REMA) son ejemplo de algunos de ellos. Organizaciones todavía incipientes, donde incluso mucha de las personas que las integran no son varones heterosexuales.

Obviamente es difícil proponer la organización para perder privilegios y sobre todo para pelear contra uno mismo. Convencer y llegar a mayorías implica interpelar desde la empatía, la sensibilidad que generan hechos horrendos como la violanción grupal, pero también proponernos que podemos ganar.

Con masculinidades menos violentas y más empáticas podemos romper con muchos mandatos que nos llevan permanentemente a la frustración. Si logramos romper con el mito del macho proveedor, semental, que no puede llorar, seríamos todos más libres y felices, pudiendo disfrutar nuestra sexualidad sin tabúes. Pero claro, para ganar eso tenemos que estar dispuestos a perder lo otro.

¿Cómo convencer a millones de varones en Argentina y en el mundo que se sumen a esa búsqueda? ¿Cómo mantenerse en ese camino sin frustrarse, cansarse o pensar que es imposible? No lo sabemos, estamos intentando, también equivocándonos, seguro que juntandonos muchos más vamos a llegar mucho más lejos. Si son varon heterosexual y estás leyendo esto, vos también podes sumarte.

Imagen de portada: Hombre mirándose la nuca, René Magritte

Fecha de publicación:
Etiquetas: Feminismos
Adrián Lutvak

Licenciado en Ciencia Política (UBA). Militante del Frente Patria Grande y Desarmarnos (Colectivos de Trabajo con Masculinidades). Dj amateur de cachengue.