Corrida cambiariaLos dilemas del dólar y su gobernabilidad
Por Eliana Bazaga Granat
Análisis

Pese al acuerdo exitoso con los acreedores privados y el superávit en la balanza comercial, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo no deja de ensancharse ¿A qué factores responde este incremento? ¿Es la devaluación la única alternativa que tiene el gobierno?

El dólar nuevamente se ha instalado como portada en todos los diarios argentinos, luego de que en las últimas semanas la diferencia entre el tipo de cambio oficial y los mercados paralelos cruzara la barrera del 100%, acompañado de un desplome de los bonos en dólares y la continua caída de reservas internacionales. Si bien las turbulencias en el mercado cambiario comenzaron hace varios meses, la dinámica se ha ido agravando hasta lograr reinstalar la discusión en torno a una nueva devaluación.

Desde el Observatorio de Economía y Políticas Públicas (OCEPP) observamos desde el comienzo de la pandemia, en cada una de nuestras agendas económicas mensuales, el peligroso goteo de reservas internacionales en un contexto que hubiera sido propicio para su acumulacion. En ese entonces, señalamos que no era consecuente la salida de divisas del BCRA, con el contexto de postergación de pagos de deuda, el menor nivel de exportaciones en 10 años y la parálisis del turismo. Este goteo, surge como consecuencia de la dinámica de la brecha cambiaria que tracciona la salida de divisas.

Si bien se percibía que ante un acuerdo de renegociación de deuda concretado exitosamente se iban a estabilizar los mercados y se frenaría el drenaje de divisas, la especulación sobre una nueva devaluación se mantuvo junto con la dinámica que fomenta el crecimiento de la brecha cambiaria: los exportadores retrasan las liquidaciones esperando un mayor pago por sus ventas al exterior y, con el mismo criterio, los importadores adelantan pagos de sus compras, generando de esta forma un desequilibrio de oferta y demanda que genera una presión a la alza en el tipo de cambio. El BCRA busca calmar esta tensión mediante venta de divisas, pero eso afecta a las reservas internacionales, contribuyendo a generar mayor incertidumbre y expectativas de devaluación. A su vez, como el país tiene una historia reciente en materia de control de cambios, los agentes ya saben cómo acceder a mercados paralelos para la compra-venta de moneda extranjera, lo que acelera el proceso mediante el cual crece la brecha cambiaria. Esta dinámica se retroalimenta y nos devuelve la situación actual: una brecha cambiaria creciente acompañada de una caída en las reservas internacionales.

Fuente: Elaboración del OCEPP en base a datos de BCRA

Ante esta situación, un sector de la población argumenta que las tensiones en el mercado cambiario son irrecuperables y, por lo tanto, es inevitable que eventualmente se termine en una devaluación del tipo de cambio oficial, y en ese sentido el BCRA debería anticiparse y realizar una devaluación controlada. Sin embargo, si el problema es especulativo, en el mejor de los casos una devaluación calmaría las aguas por algún tiempo, pero luego las tensiones especulativas podrían reaparecer y terminaríamos en el mismo lugar, pero con un mayor nivel de pobreza ya que el efecto de tipo de cambio impactaría en los -ya muy dañados- niveles de actividad económica e indicadores sociales.

            “En términos reales, es decir, de competitividad, un dólar a 150 sería superior al del año 2002, uno de los registros más altos de la historia, mientras que valuados al tipo de cambio oficial los salarios en dólares ya se encuentran relativamente muy bajos (el salario mínimo se ubica en 236 dólares, el segundo más bajo de la región). Por otro lado, el camino de la devaluación como mecanismo de ajuste, vía retracción de importaciones, para equilibrar el sector externo tampoco parece corresponderse con el momento actual. La actividad económica al finalizar el 2020 acumulará tres años de recesión y será un 16,1% inferior al 2017 y las cantidades importadas se encuentran en los niveles de la crisis de 2009.” Agenda Económica Octubre – OCEPP

Es decir, una devaluación podría ser efectiva en un escenario de atraso cambiario, o en un contexto en que el déficit de balanza comercial sea insostenible. Sin embargo, en la actualidad el tipo de cambio real se encuentra en niveles competitivos, y las importaciones se encuentran retraídas por la pandemia que se sumó a dos años de recesión. En ese sentido, por lo tanto, una devaluación no sería efectiva en este escenario, y nos enfrentaría al riesgo de que se mantenga la brecha cambiaria sin resolver el problema de fondo.

Por su parte, las últimas medidas anunciadas por el ministerio de economía están orientadas a la expansión del mercado de cambios, incorporando a oferentes no residentes que relajen la demanda en los mercados oficiales, y a su vez bajando la demanda de los fondos de inversión (Pimco, Templeton) que estarían tratando de salir. Si bien estas medidas buscan ir a las bases del problema, también debe hacerse una revisión crítica sobre aquellas medidas del 15 de septiembre que no tuvieron efectos positivos, como lo fue el caso del adicional de 35% en concepto de adelanto de ganancias para comprar dólar ahorro, que no pareciera haber desincentivado la demanda.

En conclusión, la inestabilidad cambiaria no es novedad en la economía Argentina, así como tampoco el debate en torno a cómo accionar ante ella. Hay un sector de la sociedad que sostiene la devaluación y el ajuste como primera respuesta ante este escenario, sin embargo, tenemos ejemplos en la historia reciente de que esta herramienta no solo no es una respuesta exitosa, sino que puede agravar la inestabilidad cambiaria incrementando la brecha o incluso puede derivar en una espiral devaluatoria. Sin embargo, el ministerio de economía está proponiendo abordar la problemática desde otro enfoque, que demanda tiempo y que a su vez se debe ir puliendo, pero de ser exitoso tendría efectos más de largo aliento en el mercado cambiario. En ese sentido, es que cabe preguntarnos: si las devaluaciones sucesivas de la historia reciente no generaron una estabilidad sostenida en el mercado cambiario, ¿Por qué deberíamos pensar que esta vez será distinto?