Primarias presidencialesEl nuevo Chile ya tiene a sus principales candidatos
Por Lucas Villasenin
Análisis

En Chile hubo dos primarias presidenciales que comienzan a delimitar el marco electoral de cara a la elección del próximo 21 de noviembre. Con el 99,66% de los votos contabilizados hay resultados claros y contundentes a favor de Gabriel Boric y Sebastián Sichel.

En la primaria de la izquierda, en el frente Apruebo Dignidad el candidato Gabriel Boric se impuso con el 60,4% de los votos sobre Daniel Jadue, que llegó al 39,5%. Mientras que en la primaria de la coalición oficialista Chile Vamos, Sebastián Sichel alcanzó el 49% superando a Joaquín Lavín, que obtuvo el 31,3% y a los candidatos de los partidos derechistas Renovación Nacional y Evopoli.

Del total de 3.126.215 chilenos y chilenas que asistieron a las urnas el 55,7% lo hizo para votar en la primaria de Apruebo Dignidad mientras que el 42,7% lo hizo para elegir entre los candidatos de Chile Vamos. En estas elecciones primarias se registró un record de participación en comparación con las anteriores oportunidades.

Boric: una nueva sorpresa en el nuevo Chile

El país trasandino ya no es fuente de certezas y previsibilidad política tal como fue considerado por quienes alabaron su modelo neoliberal durante décadas. Las movilizaciones de 2019 y el proceso constituyente abierto en 2020 dieron lugar a que todas las fuerzas políticas estén obligadas a pensar en función del país que estaba naciendo y a reacomodarse a un contexto político sumamente incierto.

En estas primarias presidenciales volvieron a fallar las especulaciones sustentadas en encuestas, que le habían dado una amplia ventaja al candidato del Partido Comunista, Daniel Jadue, y al candidato de la UDI, Joaquín Lavín. Con este resultado hipotético se esperaba que ganen los candidatos más radicales de cada coalición y que contaban con trayectorias más identificadas con los partidos tradicionales del país. Pero los primeros resultados anunciados este domingo marcaron una tendencia distinta, que con las horas se haría irreversible.

El principal ganador sin lugar a dudas fue el dirigente del partido Convergencia Social Gabriel Boric. El joven candidato de 35 años, cuya militancia se inició hace poco más de una década al calor del movimiento estudiantil, tiene una interesante trayectoria política. En 2011 Boric ya había ganado una disputa importante frente al Partido Comunista cuando llegó a la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) y se impuso sobre Camila Vallejo, que se había convertido en la principal referente de las enormes movilizaciones durante aquel año. Poco tiempo después, en 2013, Boric logró otro hito para la historia política chilena llegando a ser diputado con una candidatura independiente en la Región de Magallanes y de la Región Antártica Chilena por fuera de las grandes coaliciones de derecha y de izquierda. Su llegada al parlamento expresó una pequeña y temprana ruptura del sistema electoral binominal que garantizaba el orden político conservador post-pinochetista.

Como parte de las movilizaciones que se dieron durante los últimos años del gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría, Boric fue uno de los jóvenes dirigentes chilenos que impulsó la formación del Frente Amplio que llevó a la periodista Beatriz Sánchez como candidata presidencial en 2017, buscando romper el bipartidismo que garantizaba el consenso neoliberal en el país. Ante el proceso de movilizaciones abierto en 2019 el actual candidato presidencial asumió un rol que buscó canalizar la bronca en las calles en un proceso constituyente. Junto a otros dirigentes frenteamplistas se diferenciaron de las posiciones más izquierdistas, que incluso estaban presentes en sus partidos, cuando desde la Cámara de Diputados apoyaron el inicio de un proceso constituyente a partir de un acuerdo con parlamentarios oficialistas y de la centro-izquierda. 

Daniel Jadue y Gabriel Boric, adversarios en las primarias y aliados de cara a las presidenciales.

Una vez abierto el proceso constituyente, la alianza política entre el Partido Comunista y el Frente Amplio dio lugar a la formación de Apruebo Dignidad para la postulación de convencionales constituyentes. Este espacio se constituyó en “la mega-elección”  de mayo en la principal alternativa a la coalición oficialista Chile Vamos, superando a la alianza centro-izquierdista del Partido Socialista y la Democracia Cristiana. En aquél momento Apruebo Dignidad se constituía como principal alternativa y ya tenía como pre-candidato presidencial al alcalde de Recoleta Daniel Jadue, que venía trabajando en su candidatura hace años.

El partido liderado por Boric, Convergencia Social, a pocos días del cierre de listas de las primarias logró alcanzar las 20 mil firmas para poder presentar a su candidato. En boca de sus dirigentes la idea de la postulación de Boric tenía el objetivo de fortalecer el espacio político de Apruebo Dignidad y darle más volumen a la candidatura de Jadue, debilitando al espacio de centro-izquierda ligado al Partido Socialista y la Democracia Cristiana. Con el correr de las semanas y los debates entre los candidatos, Boric logró posicionarse como un candidato competitivo y finalmente logró superar a Jadue contra la mayoría de los pronósticos.

En pocas semanas Convergencia Social junto a sus aliados del Frente Amplio lograron que la presidenta de la Convención Constituyente sea la lideresa mapuche Elisa Loncón acompañada por el vice-presidente Jaime Bassa y también se impusieron sobre el Partido Comunista en la primaria de Apruebo Dignidad. 

La certeza de la unidad y los mensajes claros

A pesar del convulsionado contexto político chileno lo que sí pareció funcionar en la noche del domingo fueron las coaliciones políticas que fueron a las primarias.

La derecha tuvo su sorpresa también. Sebastián Sichel se impuso sobre Joaquín Lavín de la UDI en contra de la mayoría de los pronósticos y especulaciones. Sichel es el actual presidente del Banco del Estado de Chile y se presentó como candidato independiente de los partidos de la derecha chilena. A diferencia de Boric, inició su carrera política en un partido tradicional como el Partido Demócrata Cristiano, apoyó la candidatura de Sebastián Piñera en 2017 y desde entonces tuvo distintos cargos como funcionario oficialista.

Los candidatos que participaron de la primaria de la derecha apoyaron a Sichel cuando se conocieron los primeros resultados. En un breve mensaje antes de partir al bunker del triunfador, Lavín dijo: “haré todo lo posible para Sichel sea el próximo presidente de Chile”. El ahora candidato de Chile Vamos aprovecho la oportunidad del triunfo para resaltar el mensaje del espacio que enfrentó a las movilizaciones de los últimos años. “Nos hace mal el conflicto permanente” y “aquellos que creen en la ruptura no le hacen bien a Chile”, fueron algunas de las principales frases que Sichel enunció ante los medios. El candidato presidencial definió paradójicamente a Chile Vamos como una “nueva centro-derecha”.

Sebastián Sichel pretende suceder a Piñera desde la coalición oficialista.

En la primaria de la izquierda también predominó la unidad. En uno de los últimos debates Daniel Jadue, posiblemente con otras expectativas, había dicho para frenar los ataques entre militantes de Apruebo Dignidad que: “después del 18 todos, todas y todes somos necesarios para ganar la elección de noviembre”. Y luego de la elección del domingo, el candidato comunista rápidamente asumió la derrota, reconoció la necesidad de terminar con la diferencias y se dirigió al bunker de Boric para abrazarlo. Una imagen similar se repetía en distintas regiones del país donde los militantes que apoyaron al candidato derrotado se juntaron con quienes apoyaron al ganador. 

Boric, luego de obtener más de un millón de votos, dejó un mensaje clarísimo de aquello que su candidatura pretende representar en noviembre. En su discurso se destacaron tres frases. La primera fue: “si Chile fue la cuna del neoliberalismo, también será su tumba”. La segunda sirvió para recordar que: “Apruebo Dignidad no es una acuerdo electoral, es una alianza que se forjó en las luchas sociales, no nos olvidemos de dónde venimos”. Y la tercera fue para repetir el mandato allendista: “mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pasen los hombres y mujeres libres para construir una sociedad mejor”.

¿Qué deja esta elección?

En sintonía con el nuevo Chile en ambas primarias ganaron los candidatos más jóvenes y que no contaban con el apoyo de partidos históricos. Mientras que, un poco a contramano de la radicalidad que se resalta a veces en las calles y en el gobierno, ganaron dos candidatos que no se destacaron por buscar representar el extremo político de ambas coaliciones sino por mostrar una mayor capacidad de diálogo, amplitud y renovación.

Por esta última razón quienes más perdieron con los resultados que arrojan las primarias fueron los partidos tradicionales de “centro” que quedaron por fuera de Apruebo Dignidad y Chile Vamos. Las candidaturas de Yasna Provoste del Partido Demócrata Cristiano y de Paula Narváez del Partido Socialista quedan sumamente debilitadas después de este domingo. Sus apuestas para que se impongan el Partido Comunista y la UDI, dejando vacante el “centro político”, fracasaron y los ex miembros de la Concertación y la Nueva Mayoría la tienen difícil. Habrá que ver en las próximas semanas qué sucede con estas candidaturas en este nuevo escenario electoral.

Difícilmente candidaturas que surjan desde la ultra-derecha como la que puede proponer José Antonio Kast o posiciones radicalizadas desde la izquierda puedan adquirir un volumen político semejante a las de Sichel o Boric. Además, el peligro de buscar los extremos ideológicos no parece ser parte de una buena estrategia electoral en un país en el cual, para evitar el ballotage y ganar en primera vuelta, hay que obtener más del 50% de los votos.

El bipartidismo que garantizó el orden neoliberal parece estar herido de muerte. La emergencia de Boric efectivamente representa la posibilidad de enterrar ese orden y de redefinir también el sistema político buscando dar respuestas a las movilizaciones populares que se dieron en la última década. Aunque nada está definitivamente encaminado. La candidatura de Sichel también puede dar lugar al transformismo político que las élites chilenas demandan en una situación de desesperación ante un proceso de transformación inimaginable un par de años atrás. En Chile durante los próximos meses la Convención Constituyente y las elecciones presidenciales definirán su futuro. El nuevo país está naciendo y con estas primarias se empezó a delimitar el tablero de disputa político. Pobre de quien crea que ante una crisis semejante se pueden garantizar demasiadas certezas y evitar las sorpresas. El Chile idolatrado por las derechas y los neoliberales en el mundo ha muerto. Ahora habrá que ver quienes tienen la inteligencia y la audacia para orientar a la nueva criatura.

Este artículo fue redactado para el Observatorio Electoral Latinoamericano del Instituto Democracia.