AlemaniaEl final de la era Merkel
Por Tomás Baigorria
Análisis

Habiendo sido la primera mujer en ejercer el cargo de Canciller alemán, tras 16 años en el poder, con cuatro mandatos cumplidos, un sinfín de crisis y un pragmatismo que la llevó a lo más alto de la política mundial, Angela Merkel se retira, dejando un panorama de expectativa total.

El pasado 26 de septiembre se celebraron en Alemania las elecciones federales para elegir el parlamento que votará quién presidirá la Cancillería alemana. ¿Quién fue Angela Merkel? ¿Cuáles son los partidos que se disputan la hegemonía política alemana? ¿Quiénes se postulan para ser lxs sucesores de la era Merkel?

Merkel y su figura política

No cabe duda alguna que Angela Dorothea Kasner –su nombre de pila- marcó un antes y un después en la política de Alemania y de la Unión Europea (UE). Apodada de diversas maneras a lo largo de sus dieciséis años a cargo de la primera magistratura alemana, Merkel fue capaz de sobrepasar con audacia y pragmatismo todas las crisis que le ha tocado atravesar. A su vez fue capaz de generar un aura de estabilidad y certeza alrededor de su imagen, dejando la vara bastante alta para el próximo canciller que asuma el cargo.

Su primera gran crisis tuvo sus inicios en 2008 tras la bancarrota de Lehman Brothers. La quiebra de esta financiera tuvo su mayor impacto en el viejo continente a finales de 2009, en lo que se conoce como “crisis del euro”, que consistió en que una gran cantidad de países del (auto) denominado primer mundo quedaron sumergidos en deudas públicas profundas e impagables. Ante esta hecatombe, Angela Merkel dio respuestas muy duras, las cuales le otorgaron el apodo de “la canciller de hierro”. Desde la UE, comandada por ella, se les exigió a los países endeudados que aplicaran políticas de ajuste fiscal si querían que la UE desplegará un paquete de medidas de rescate. Esta posición llevó a grandes rispideces en la UE, pero para la política interna de Alemania la figura de Merkel se agrandó, por su defensa de los intereses germanos. Su imagen se agrandó hasta que la realidad económica financiera de los países del Sur de Europa se tornó insostenible y el descontento rozó -o ya tocó nítidamente- el estallido social. En este contexto de pujas internas y externas, en 2010 Merkel pronunció en el Bundestag -parlamento alemán- un discurso que cambió el rumbo de su imagen: “si fracasa el Euro, fracasa Europa”. Con estas contundentes palabras la Canciller dio a entender que era momento de que la UE prestara ayuda a los países endeudados, puesto que se estaban llevando a cabo políticas de austericidio -austeridad económica, seguida de muerte- que eran imposibles de seguirse sosteniendo.

La segunda crisis que atravesó Merkel se dio en 2015 con el resurgimiento de la guerra en Siria y los conflictos en Afganistán e Irak, que llevaron a más de un millón de inmigrantes a movilizarse hacia Europa.

En la TV alemana se oyó a una niña de origen palestino explicarle a Merkel que su familia deseaba vivir en Alemania, para no retornar a un campo de refugiadxs en Líbano, pero que no sabían si va a ocurrir porque no le otorgaban la VISA. Ante la demanda de la niña, Merkel respondió: “hay muchos refugiados en los campos del Líbano, no podemos decirle a todos que vengan”. Acto seguido, la niña rompió en llanto. Nuevamente la canciller de hierro se puso en boca de todxs por su frialdad.

Todo esto quedó en el pasado ese mismo año cuando nuevamente, en un discurso acalorado, dijo “podemos hacerlo (…), si tenemos que disculparnos por mostrar una cara amable en situaciones de emergencia, entonces este no es mi país”, haciendo referencia a que Europa podía dar una respuesta humanitaria a las necesidades de los países vecinos. Con el nuevo mote de “la canciller de los refugiados”, Merkel abrió las puertas de Alemania a más de un millón y medio de inmigrantes, oponiéndose a las políticas de la gran mayoría de los países europeos. Esta política de integración fue galardonada por la revista Times, que la distinguió como personaje del año. Pero en la otra cara de la moneda, como respuesta a la apertura migratoria surgieron movimientos de extrema derecha que coparon las agendas y los medios con discursos racistas, xenófobos y homófobos.

La tercera y última crisis fue/es la de la pandemia de COVID-19. En esta última instancia Merkel dejó asentado su rol humanitario y disipó fantasmas del pasado. Alejándose de las políticas de austeridad exigidas en la crisis del euro, Merkel fue una de las impulsoras del acuerdo del fondo de recuperación de la UE. Este paquete de rescate de 750 mil millones de euros es una respuesta sin precedentes en el bloque de la UE, dado que las subvenciones se financiarán con deuda común -sí, esa misma deuda a la que se negaron los países del Norte en “la crisis del euro”-.

En relación a su desenvolvimiento con respecto a la pandemia, en un primer momento llegó a tener los números más bajos de muertes y contagios en Europa, pero con el rebrote de la segunda ola los números quebraron a la canciller, mostrando nuevamente su parte humanitaria. En una nueva intervención emocional dijo en tono de suma angustia: “no puede ser que ahora antes de navidades tengamos muchos contactos y a continuación sean las últimas navidades con los abuelos porque hemos desperdiciado la oportunidad de hacer algo”.

Merkel llegó a la cumbre de la política europea y mundial, y supo mantenerse allí por más de dieciséis años. Seguramente sea recordada como la mujer que supo domar ese círculo rojo de hombres poderosos con soltura y carisma.

Elecciones, partidos y candidatxs post Merkel

Los seis grandes partidos que se disputan quién va a ser el sucesor de Merkel en el Bundestag son: la Unión Cristiano-Demócrata y Unión SocialCristiana de Baviera -CDU/CSU-; el Partido Socialdemócrata -SPD-; el Partido Democrático Libre -FPD-; el Partido Verde -GRÜNE-; el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania -AfD-; y por último la izquierda -Die Linke-.

Los dos partidos de la unión -CDU/CSU- se vieron ante la dificultad de tener que encontrar un canditadx capaz de estar a la altura de su antecesora. Cuando allá por 2018 Merkel anunció su retiro de la primera magistratura alemana, el futuro se tornó incierto para la coalición, puesto que más allá de que la canciller de las crisis tuviera sus detractores, ella era una garante de la unidad y de la victoria electoral.

Luego de estar dieciocho años en la presidencia de la CDU, Merkel preparó las elecciones dentro del partido para dejar una sucesora de confianza que esté a la altura del momento histórico. El nombre elegido fue el de Annegret Kramp-Karrenbauer -conocida como AKK-, la cual no duró mucho tiempo en el cargo, luego de que en una serie de disputas internas en el distrito de Turingia la CDU regional pactara con la AfD para instalar a un liberal como ministro de Estado, yendo en contra de las directrices de la presidenta del partido. La heredera al trono de Merkel dimitió de su cargo a principios de 2020, dando lugar a una nueva elección en la CDU/CSU que determinaría el rumbo de cara a las elecciones federales de 2021.

Después de haber perdido la primera vuelta en las elecciones internas, Armin Laschet disputó la presidencia de la CDU en la segunda vuelta contra Friedrich Merz, al cual le ganó holgadamente, consagrándose como nuevo presidente de los Democristianos, poniendo fin al legado merkelista en la presidencia del partido.

A Armin Laschet le tocó la difícil tarea de encomendar un partido traccionado por las duras internas en cuanto al direccionamiento “progresista” que se le estaba dando a una coalición que fue históricamente conservadora y de centro derecha. Antes de la aparición de la AfD se solía decir que a la derecha de la CDU/CSU “estaba la pared”, pero hoy en día ese dicho queda cuanto menos vetusto, dado que en la era Merkel -sobre todo en sus últimos mandatos- el perfil de la canciller se arrimó más a un centrismo político, poniendo en debate temas como la familia tipo, el servicio militar obligatorio, el rol de la mujer, las migraciones, etc.

Como mayor aspirante a finalizar con la hegemonía parlamentaria de la CDU/CSU, apareció el Partido Socialdemócrata encabezado por Olaf Scholz, actual vicecanciller y ministro de Economía de Alemania. Scholz tuvo un rol fundamental a lo largo de la pandemia como ministro de Finanzas. Rompiendo con su perfil de austeridad, preparó un paquete de finanzas de emergencia inyectando grandes sumas de dinero en el mercado interno con tal de rescatar a las pymes y a los autónomos. Con un perfil serio, de pocas expresiones y discursos bastante automatizados, Scholz tuvo una campaña de paso lento pero seguro. Realizó dos grandes aciertos que lo llevaron a ganar las elecciones, en primer lugar supo posicionarse como el continuismo de Merkel. A tal punto que le copió su icónico rombo con las manos y también tomó el slogan de campaña de la ex canciller en 2013, “tú me conoces”. En segundo lugar Scholz supo mantenerse estable y aprovechar los numerosos escándalos de los demás partidos.

El Partido Verde supo liderar todas las encuestas previas a las elecciones, llegando a tener una intención de voto del 28% -20 puntos más que los resultados obtenidos en las elecciones de 2017-. Pero por una serie de errores de la candidata Annalena Baerbock y una feroz campaña de fake news en su contra, su intención de voto bajó hasta el 16/17%. El Partido Verde se posicionó como uno de los partidos de mayor interpelación popular. Atravesadxs por el paradigma ecologista, lxs verdes también apuestan por políticas de redistribución e inversión estatal, en gran consonancia con las ideas del SPD.

Los liberales del FDP, encabezados por Christian Lindner, aspiran a dejar de ser una férrea oposición para pasar a formar parte de la coalición gobernante. Ya en las elecciones de 2017 estuvieron a punto de gobernar integrando la “coalición Jamaica” -CDU/CSU, Verdes y liberales-, pero luego de unas largas semanas de rosca Lindner dijo su famosa frase “mejor no gobernar, que gobernar mal”. La libertad personal, la restricción del poder del Estado y las políticas económicas contra gradiente han sido históricamente los principios rectores del partido, al punto de auto considerarse “un baluarte contra la izquierda”.

Con ciertas similitudes al partido liberal, pero mucho más corrido hacia la derecha se encuentra el partido extremista Alternativa por Alemania -AfD-. Surgió como movimiento político en 2013, posicionándose como gran detractor de las políticas migratorias, llegando a dominar la agenda mediática a través de discursos hiper reaccionarios. A partir de ahí fue construyendo su discurso político cargado del más puro odio, recordando a más de unx aquellos movimientos políticos que dominaron Alemania en la década del 30 y 40. En 2017 llegó su auge posicionándose como tercera fuerza más votada, con el 12,6% de los votos. Ante esta avanzada de extrema derecha en el parlamento alemán, Merkel no dio lugar a tibiezas y con un contundente discurso dejó clara su posición en relación al partido nacionalista populista de derecha: cordón sanitario, ningún partido puede negociar con la AfD.

Por último figura la izquierda, liderada por Janine Wissler y Dietmar Bartsch. Die Linke es un partido relativamente joven con menos de veinte años de existencia, y con un caudal de voto que no tiende a superar el dígito. Con una perspectiva muy crítica a la UE y la OTAN, y una clara intención de promover los vínculos con China y Rusia, el partido de izquierda no presenta un gran atractivo para la sociedad alemana.

Elecciones 2021

Con un 76,6% de participación electoral, el 26 de septiembre de 2021 se celebraron las elecciones que tuvieron como gran ganador al socialdemócrata Olaf Scholz, el cual obtuvo un 25,7% de los votos -5,2% más que en las elecciones de 2017-, quedando en primer lugar con gran posibilidad de dejar de ser el co-gobernante de la CDU/CSU y pasando a tener el lugar de gobernante principal. Otro que se llevó todos los focos, pero no de victoria, fue Armin Laschet, quien cosechó un 24,1%, bajando casi 9 puntos de las últimas elecciones, logrando que por primera vez en la historia la coalición CDU/CSU no estuviera por encima de los 30 puntos. En tercer lugar, con un resultado agridulce, aparecen lxs verdes con un 14,8%, un resultado que si bien es muy auspicioso puesto que subieron casi 6 puntos desde las últimas elecciones, sabe a poco sabiendo que habían llegado a liderar holgadamente las encuestas. En cuarto lugar aparecen lxs liberales del FDP con un 11,5%, sumando 0,8% más que en las elecciones de 2017. En quinto lugar figura el partido encabezado por el populista de derecha Tino Chrupalla -AfD- con un 10,3%, con una baja del 2,3%. Por último, casi quedándose a las puertas del Bundestag, llega con un magro 5% la izquierda, teniendo una elección sumamente mala sabiendo que en 2017 habían obtenido el 9,2% de los votos. Con estos resultados la coalición gobernante dejará de ser un binomio para pasar a ser un trinomio, teniendo como actores fundamentales a lxs liberales y a lxs verdes. Las posibles coaliciones son la “semáforo” -SPD, FDP y Verdes- o la “Jamaica” –CDU/CSU, FDP y Verdes-. Lxs verdes saben que se sentirían mucho más comodxs gobernando con lxs socialdemócratas, dado que tienen varios puntos en común, mientras que lxs liberales saben que sus ideas se pueden ver mayormente plasmadas con lxs democristianos.

El futuro de la primera magistratura alemana está en disputa y nadie quiere quedar afuera de este acontecimiento histórico. La era Merkel empieza a ver sus últimos días de luz.