Un Nuevo ChileBoric y los desafíos del presidente del nuevo Chile
Por Lucas Villasenin
Análisis

Un análisis inmediato del ballotage del domingo 19, escrito desde Santiago, que aborda lo que dejaron los números de la elección y lo que puede esperarse del nuevo gobierno en un país más fragmentado y diverso de lo que aparenta.

¿Cómo entender el resultado?

Gabriel Boric se transformó en el primer presidente electo de Chile en perder en la primera vuelta e imponerse en el ballotage. A diferencia de lo sucedido en los últimos treinta años, esta novedad es la consecuencia de que los partidos tradicionales han dejado de alternarse en el poder y han surgido dos candidaturas que por izquierda y por derecha desbordaron los marcos políticos preexistentes complejizando el sistema político.

Este resultado electoral confirma el quiebre histórico abierto con las movilizaciones iniciadas en octubre de 2019, que fueron el resultado de años de hastío en torno a demandas sociales (ligadas a la educación, al sistema de pensiones, al sistema de salud, etc.) e insatisfacción generalizada con el sistema político. El triunfo de Gabriel Boric expresa un claro apoyo al proceso constitucional abierto a partir del acuerdo del que el nuevo presidente fue parte en noviembre de 2019. Este resultado está en relativa sintonía con los deseos de la abrumadora mayoría que votó por aprobar el cambio constitucional en octubre de 2020 y que sentenció a la derecha a ser una minoría en la Convención Constitucional en mayo de este año.

Entre los datos más importantes se destacan que:

  • Boric se transformó en el presidente más votado de la historia de Chile, superando a Sebastián Piñera en su votación de 2017 por más de 760.000 votos.
  • El candidato de Apruebo Dignidad será el presidente más joven de la historia de Chile, asumiendo con 36 años el próximo 11 de marzo.
  • Con un 55,5%, fue la elección con mayor participación desde que en Chile el voto es voluntario. Participó un 8% más del padrón electoral, si lo comparamos con la primera vuelta.
  • Boric obtuvo 2.700.000 votos más que en la primera vuelta. Sumó más que el 1.350.000 de votos que habían juntado Yasna Provoste y Marco Enríquez-Ominami en la primera vuelta, que fueron los candidatos de centro-izquierda que inmediatamente lo apoyaron luego del 18 de noviembre. El aumento de la cantidad de votos obtenidos se explica en buena medida por los más de 1.130.000 chilenos y chilenas que no habían ido a votar en primera vuelta y sí lo hicieron en la segunda.
  • Los 3.631.198 de votos obtenidos en segunda vuelta por Kast son inferiores a la cantidad de votos que sacó él en primera vuelta sumados a los de Sebastián Sichel y Franco Parisi.  José Antonio Kast había recibido el apoyo de los candidatos que salieron en tercer y cuarto lugar el pasado 18 noviembre, pero el aumento de la participación claramente lo perjudicó.

¿El fin de las crisis?

El estallido social de octubre de 2019 está a la vuelta de la esquina para cualquiera que visita Chile. El centro de Santiago es prácticamente irreconocible para quien haya visitado esa ciudad años atrás. Las huellas de las protestas y la represión se pueden ver en casi todas las paredes, los edificios y en todos los vehículos de carabineros que aún no pasaron por el chapista.

Plaza Baquedano, también conocida como Plaza Italia y más recientemente como Plaza de la Dignidad, representa esa realidad. No está el monumento que identificó a la ciudad (y también a las protestas) y la plaza continúa siendo el centro de la disputa política. El mismo viernes los partidarios de Kast intentaron plantar pasto y pintar la mitad de los restos del monumento como un símbolo de la reconstrucción del país que proponía la derecha chilena. La performance no duró mucho, ni hubo que esperar al domingo para saber que serían derrotados. A las pocas horas grupos que protagonizaron las protestas rápidamente hicieron desaparecer los restos de lo que sería el Chile reconstruido por los seguidores de Kast.

Un día antes de ese conflicto en la plaza más importante del país, en las calles se dieron grandes concentraciones por los cierres de campaña de cada candidato. Pero el evento más llamativo que se expresó en las calles de manera espontánea fueron los bocinazos que festejaban la muerte de Lucia Hiriart de Pinochet (apodada como “la vieja” por sus detractores). Hay heridas abiertas que no comenzaron en 2019 y que tienen décadas sin ser sanadas.

Chile actualmente es un país que no solo se ha desbordado políticamente con las candidaturas de Boric y de Kast sino que es un país socialmente más fragmentado y más diverso de lo que suele suponerse. En el hastío de quienes protagonizaron las protestas o votaron para cambiar la Constitución, además de una voluntad de terminar con el neoliberalismo y las otras herencias del pinochetismo, también conviven emociones y posturas ideológicas diversas. En ese amplio abanico de personas hay quienes toman como principal problema la migración de venezolanos y haitianos visibles en todas las calles del país, quienes asumen posiciones anarquistas y promueven el caos permanente o quienes además se asumen como ajenos a todo el sistema político.

Teniendo en cuenta esta realidad, resulta difícil pensar que las tensiones se resolverán con la llegada a la presidencia de Gabriel Boric. Por cuestiones hasta biológicas el candidato de Apruebo Dignidad representó a la juventud, por oposición a Kast representó más a las mujeres y a las diversidades, mientras que por cuestiones ideológicas y discursivas representó la ruptura con los paradigmas neoliberales que predominaron en el país.

Pero Boric no es un apellido mágico. Es un candidato joven que demostró su vitalidad trepando árboles en un país que tiene mucho desierto. También es un presidente que en su primer discurso saludó en idioma mapuche pero que fue derrotado ampliamente por Kast en la Araucanía, que es el centro de los conflictos entre el Estado chileno y las comunidades mapuches. Boric será el presidente de un Nuevo Chile pero nada asegura que las crisis no se prolonguen.

¿Con quienes va a gobernar Boric?

Boric pertenece a un nuevo partido llamado Convergencia Social, que junto a Revolución Democrática y a Comunes conforman el Frente Amplio. Esta coalición emergió en 2017 pero no alcanzó el ballotage con la candidatura de Beatriz Sánchez. El Frente Amplio incluso sufrió una merma de partidos y dirigentes a partir de su apoyo al acuerdo de noviembre de 2019 con el gobierno, para dar curso al proceso constitucional. Sus buenos resultados en la elección para convencionales constituyentes y el triunfo sobre el Partido Comunista en la primaria de Apruebo Dignidad revitalizaron a esta coalición.

La alianza Apruebo Dignidad que unió al Frente Amplio y al Partido Comunista fue excedida ampliamente por los actores que aportaron al resultado electoral del domingo. El miedo al triunfo de Kast desbordó también el apoyo de los partidos tradicionales, como la Democracia Cristiana o el Partido Socialista.

En la primera vuelta fue claro que fueron derrotados los partidos tradicionales y particularmente los de la centro-izquierda chilena. Pero estos partidos siguen teniendo una gran presencia territorial e institucional en todo el país. El apoyo del ex presidente Ricardo Lagos y la reunión con Michelle Bachellet a pocos días de la elección demuestran que para el nuevo gobierno chileno no todo será ruptura. La autodefinición de Gabriel Boric como “socialdemócrata” en más de un debate apostó claramente a interpelar positivamente cuestiones del pasado reciente, que pueden ser resignificadas.

En un plano más realista la conformación de las cámaras de diputados y senadores hacen inviable que Apruebo Dignidad tenga alguna aspiración de gobernabilidad sin establecer algún tipo de alianza con los partidos de la centro-izquierda chilena. Una relación más favorable, pero también compleja se da en la Convención Constituyente donde Apruebo Dignidad está lejos de lograr sus objetivos sin trazar alianzas con este sector histórico de la política del país.

Esta relación con la centro-izquierda también estará tensionada por el apoyo que Boric recibió por parte de actores políticos que hasta hace poco rechazaban su figura por acuerdista. Un ejemplo de ello fue el apoyo de su amigo de la infancia Jorge Sharp, actualmente alcalde de Valparaíso, que había dejado el partido de Boric luego del acuerdo con el gobierno de noviembre de 2019. El apoyo de Sharp es representativo de un amplio abanico de personas de izquierda que van desde comunistas hasta anarquistas que, ante el temor del triunfo de Kast, apoyaron a Boric. El ex candidato presidencial Daniel Jadue, derrotado por Boric en las primarias, sería otra de las figuras que podrían tensionar por “izquierda” al nuevo gobierno chileno.

Otro ejemplo de los apoyos recibidos en segunda vuelta por Gabriel Boric fue el de Izkia Siches que abandonó la presidencia del prestigioso Colegio Médico de Chile para transformarse en jefa de campaña y recorrer todo el país pidiendo el voto para el joven candidato. También entre los nuevos apoyos se destacaron el protagonismo de actores y actrices, grupos de música y referentes de la cultura. En las últimas semanas “los independientes por Boric” proliferaron en las actividades de campaña.

El gran desafío del nuevo presidente de Chile será conciliar los intereses de las fuerzas políticas propias que reflejan un cambio generacional en la política chilena, con grupos que fueron parte de la gobernabilidad del país durante los últimos treinta años, con aliados como el Partido Comunista y con una gran diversidad de nuevos actores políticos que están lejos de reflejarse en los partidos (ya sean nuevos o viejos). La capacidad de liderazgo de Boric será fundamental para afrontar la construcción de un bloque político (o una “gran familia”, como él mismo le llamó en su discurso de este domingo) capaz de cumplir con las expectativas que generó.

¿Qué querrá y podrá hacer Boric?

El resultado del domingo es esperanzador para Chile y para el futuro de su sistema político. Tanto el aumento de la participación como las masivas movilizaciones durante la campaña y para festejar el triunfo, reflejan un quiebre en las expectativas respecto de la institucionalidad del país. Esta buena noticia para la democracia chilena, además de un apoyo al nuevo presidente, generan una gran presión sobre el futuro gobierno.

En sus propuestas programáticas (muy tenidas en cuenta en la campaña electoral), Boric propone medidas rupturistas como: educación universitaria universal y gratuita, un sistema de salud público en el que todos tributen, hacer obligatorias un máximo de 40 horas de trabajo semanales o terminar con el sistema de pensiones AFP. Entre las principales trabas que tienen sus propuestas, además del poder institucional que conservan las derechas, está presente la vigencia de una subjetividad neoliberal basada en el individualismo y el egoísmo social. ¿Cómo hará Boric para ser “el presidente de todos y todas”, como dijo en su discurso poselectoral, cuando en Chile conviven semejantes tensiones?

En Chile son muchos los que quieren que los jóvenes no se endeuden de por vida para estudiar una carrera, pero también están aquellos que se preguntan cómo se le devolvería la plata a los que ya pagaron en el pasado haciendo inviable cualquier propuesta transformadora. Bajo la subjetividad neoliberal que habilita la superexplotación individual, una ley que no permita contratar a alguien por más de 40 horas semanales puede conducir a que millones de trabajadores y trabajadoras tengan más de un trabajo o fomentar aún más la informalidad laboral. Proponer que todos aporten al sistema de salud público inmediatamente podría llevar a la rebeldía elitista de quienes solo aportan al sistema privado.

Tensiones similares se expresan en las decisiones geopolíticas que vaya a tomar Boric en el gobierno. La xenofobia vigente expresada principalmente hacia venezolanos, peruanos o bolivianos va a contramano de cualquier política de integración regional. El pasado de un país que fue ajeno a los procesos de transformación en la región durante las últimas décadas pesa sobre un presente en el que el nuevo presidente puede tener un gran protagonismo en el surgimiento de una segunda oleada de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina.

Gabriel Boric, como cualquier presidente, no hará con su país lo que quiera. Pero con aquellas cuestiones que quiera y pueda llevar a cabo es fundamental que muestre rupturas perceptibles para los millones de chilenas y chilenos y para el conjunto del continente. Chile ya cambió, ese Nuevo Chile ya tiene nuevo presidente. Boric ya hizo historia, ahora llegó el momento de transformar la realidad de su país.

Un buen síntoma de lo que se viene se dio en el discurso poselectoral. Cuando desde las calles se entonó el canto que exigía “libertad a los presos por luchar”, el candidato electo respondió: “ya hablamos con las familias, sabemos lo que hay que hacer”. “La esperanza le ganó al miedo”, también sentenció desde el escenario para celebrar el triunfo. Ahora Boric tendrá el desafío de derrotar los miedos y los fantasmas de la sociedad chilena todos los días.